Pampeando
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Yerba Mate (y II): Su Leyenda
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Dice la leyenda guaraní que Tupá, una de las fuerzas divinas primordiales, representativa del poder del agua, del trueno y del relámpago, les regaló la caá (planta de la yerba mate) para agradecer la hospitalidad que le brindaron los guaraníes en una ocasión que visitó la tierra; Tupá les enseñó asimismo el modo de tratarla y consumirla.
Posteriormente a esta leyenda se la apropiaron para modificarla los misioneros jesuitas, tal como nos relata Juan Ambrosetti en su libro “Supersticiones y Leyendas” sobre el origen de la planta de yerba mate:
“Dios, acompañado por San Juan y San Pedro, bajó a la tierra y se puso a viajar. Un día, después de una jornada penosa, llegaron a casa de un viejito, padre de una hija joven y bella, a quien quería tanto que para que se conservara siempre inocente fue a vivir con ella y su mujer en medio de un bosque espeso, en donde aún no había penetrado hombre alguno. El viejito era sumamente pobre, pero a pesar de eso, tratándose de forasteros, los hospedó lo mejor que pudo, y mató en su obsequio para servirles de cena la única gallina que tenía. Viendo esta acción y cuando quedaron solos, Dios preguntó a San Juan y San Pedro qué harían ellos en su lugar, a lo que contestaron ambos que premiarían largamente al viejito.
El arte en el bicentenario: “El pintor de la pampa”
0Ángel Della Valle fue considerado con razón “el pintor de la pampa”. Nacido en plena efervescencia política el 10 de octubre de 1855 en la calle Luján (hoy Giuffra 334) del barrio de San Telmo, cuando desde la revolución del 11 de septiembre de 1852 el país estaba dividido en dos: por un lado la Confederación Argentina con capital en Paraná, presidida por Urquiza; y por el otro la Provincia de Buenos Aires. Sus padres, italianos, le pusieron por nombre Ángel Domingo Juan del Sagrado Corazón de Jesús Della Valle.
Hacia fines de 1875 viajó a Italia y estudió en Florencia con Ciseri, compartiendo esos años con Ballerini, Cafferata, Bouchet. A su regreso en 1883 instaló su atelier para dedicarse de lleno al dibujo, la pintura, la enseñanza, siendo su temática preferida el paisaje de la llanura pampeana y su personaje arquetípico, el gaucho. Pero su pintura está impregnada también de animalismo pues el caballo está presente en su obra en igual o mayor medida que el gaucho, como se puede apreciar en “Incendio en la Pampa” (caballos asustados huyendo del fuego), “Corrida de Sortija”, “Enlazando”, “Paisanos a Caballo”, “Una carga de granaderos”. Otras obras dignas de mención, “Patrulla en la Pampa”, “Boleando avestruces”, “La vuelta del malón”.
Juegos de los gauchos (II): el truco
2Truco es posiblemente una palabra de origen portugués que significa “trampa” lo cual no quiere decir que sea un juego de tramposos: la trampa está en lo que se quiere hacer creer al contrario y por esa razón somos más propensos a decir que es un juego de “mentirosos”. Tiene similitud con un juego introducido en España por los árabes llamado truque, truqueflor o truquiflor; pero en ese juego se consideraba el “3” como la carta mayor, y para jugarlo se quitaban del mazo los “4” y los “5”. En la época de la conquista llegó al Río de la Plata y tuvo gran aceptación, aunque con las reformas que lo rigen actualmente. Como hecho anecdótico podemos señalar que en 1812 Rivadavia publicó un bando prohibiendo los juegos de azar, entre los que se incluyó el truco.
El estilo y la tradicional “mentira” que forman parte de este juego con 40 cartas de la baraja española son un estímulo para la “chispa” criolla, le dan su sabor y desarrollan la picaresca que alcanzan la culminación con las cuartetas rimadas que acompañan el canto de la flor, el envido o el truco.
FREUD SOÑABA CON EL TRUCO, pero no lo decía porque le gustaba mentir. (Además, para jugarlo utilizaba cartas de “tarot”).
Juegos de los gauchos (I): la taba
1La descripción del gaucho fue realizada en el parágrafo correspondiente por lo que sería reiterativo efectuar en este lugar una reseña del personaje. Sí en cambio podemos detallar el aspecto lúdico, el de los juegos que practicaban cuando las duras tareas campestres le dejaban un tiempo libre. Así, era habitual jugar a la taba como complemento final a la ardua tarea de marcar animales (yerra). Jugar a los naipes, preferentemente el truco casi en cualquier circunstancia: dentro del mismo rancho acompañados del infaltable mate, a la sombra de un árbol, debajo del piso de las carretas en los polvorientos caminos pampeanos, en la pulpería acompañados por la ginebra o la caña, en los galpones de maquinarias y herramientas. Realizar ese ejercicio llamado visteo para cuando las circunstancias hicieran necesario llevar la mano al cinto para ‘pelar el facón’ en un duelo criollo.
No podían faltar juegos en los que participaran caballos, pudiendo remarcarse 3 de ellos: las cuadreras, las carreras de sortija, y el pato; la mencionada en primer término ya ocupa un capítulo propio en pampeando y a él nos remitimos.
El mate
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Etimología: comencemos por explicar que la palabra “mate” -en español o en guaraní, pues a veces resulta dificultoso conocer el origen- significa ’curga’, ‘calabacita’, mientras que “yerba” (‘Caá’ en guaraní) significa arbusto, árbol y selva; y aquél es el nombre que dieron al vegetal que sirve para hacer la infusión como si con eso quisieran remarcar la excelencia de la planta, su exclusividad y síntesis de las virtudes de todas las plantas. Para diferenciarlo de otros, lo llamaron ‘vegetal de la curga’ es decir, “yerba-mate”.
El mate es digestivo, diurético, laxante, estimulante nervioso y energizante; contiene hierro, calcio, otros minerales y vitamina C. Es rico en antioxidantes y representa una ayuda contra el LDL (colesterol malo). Estimula el metabolismo y la combustión de grasas. Contiene un principio estimulante como la cafeína y la teína llamado ‘mateína’.
En el caso del café y el té conviene señalar que son preparaciones hogareñas, para gente sedentaria; mientras que el mate, la yerba mate, embolsada como se puede, no pierde sus cualidades y el gaucho lleva su provisión atada en un pañuelo (digamos de paso que ésta es una de las utilidades del pañuelo que el gaucho lleva en el cuello) lo que le permite utilizarlo en cualquier momento de su recorrido por las dilatadas llanuras donde era difícil encontrar casas ni poblados. Todo lo que necesita es una pava, una ‘curga’ seca cuanto más vieja mejor, un tubo metálico (bombilla) y una caja de fósforos con lo cual, en pleno desierto y sobre un fuego improvisado con palos, cardos, boñiga seca o cualquier elemento combustible, en pocos minutos se encontrará reconfortado al sorber el líquido caliente; y paliará su sed. (más…)
El gaucho
0“Criollo del tiempo anchísimo que nunca picanearon los relojes y que
midieron despacito los mates.” (Jorge Luis Borges)
Decír “gaucho” es nombrar a ese ser independiente, centauro solitario de la pampa que habitaba un territorio de nadie que era la frontera entre el indio y los colonos, o tal vez esa tierra de todos que era del gaucho, sí, pero también del colonizador que extendía sus dominios sobre ella y cuya desmesura provocaba el vacío poblacional; o del indio que veía cómo el avance del hombre blanco, del “huinca”, le iba arrebatando poco a poco parte de sus tierras ancestrales donde cazaba libremente para su subsistencia: y entonces se dedicaba a maloquear sobre ese territorio para llevarse miles de cabeza de ganado vacuno y yeguarizo que consideraba suyos.
Y en ese espacio donde la ciudad se hizo campo, y aún mas allá, donde se entreveraban las lanzas con las guitarras y el cuchillo con la ginebra que se bebía en las pulperías mientras se mezclaba un mazo de barajas, ahí estaban los dominios del gaucho. (más…)









