Pampeando

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caballo barcino

El Regreso

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Caballo Barcino

El regreso es el tiempo que no achica esta ausencia que tenemos, en la que el rostro es el espejo de ese tiempo y en que la vida es como un tiento al que se le van agregando nudos: tiento trenzado por manos gauchas, que tiene una extensión inicial y se va acortando a medida que agregamos nudos, como si cada uno de ellos fuese una estación en ese largo recorrido por la vida, y al regresar y observarnos en el espejo …nos damos cuenta que esos nudos no se deshacerán porque hemos envejecido. (más…)

Gaucho galopando hacia la sortija.

Juegos de los gauchos (III): carrera de sortijas

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La carrera de sortijas es uno de los juegos o deportes tradicionales del gaucho, practicada principalmente en las fechas patrias y días festivos. En una calle adecuada para la práctica del juego se colocan dos postes de aproximadamente 3 m de altura. Entre uno y otro se coloca un travesaño del que se suspende en el centro atada flojamente, una sortija (del tamaño de las sortijas para los dedos).

Gaucho galopando hacia la sortija.

El gaucho emprende la carrera desde unos 100 m, parándose sobre los estribos a mitad de recorrido, y a todo galope debe ensartar en la sortija un palito del grosor de un lápiz común que lleva en la mano con el brazo en alto, arrancándola de su fijación.  Si lo logra recibe un premio y el reconocimiento de los espectadores con ¡VIVAS! Y aplausos.

Los juegos de sortija se jugaban ya en el siglo XVIII, a tenor del relato que hace de los mismos Eduardo Aunós (“Buenos Aires. Ayer, hoy y mañana”, Ed. Mediterráneo, Madrid, 1943, p. 119). También lo mencionaba Bartolomé Hidalgo al decir: “Entretanto la sortija / la jugaban en el Bajo”. (“RELACION que hace el gaucho Ramón Contreras a Jacinto Chano, de todo lo que vió en las Fiestas Mayas en Buenos Aires en el año 1822”).

Molina Campos y la sortija. Cuadro de Molina Campos de un gaucho a punto de clavar la sortija.

La vuelta del malón

El arte en el bicentenario: “El pintor de la pampa”

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Ángel Della Valle fue considerado con razón “el pintor de la pampa”. Nacido en plena efervescencia política el 10 de octubre de 1855 en la calle Luján (hoy Giuffra 334) del barrio de San Telmo, cuando desde la revolución del 11 de septiembre de 1852 el país estaba dividido en dos: por un lado la Confederación Argentina con capital en Paraná, presidida por Urquiza; y por el otro la Provincia de Buenos Aires. Sus padres, italianos, le pusieron por nombre Ángel Domingo Juan del Sagrado Corazón de Jesús Della Valle.

La vuelta del malón

Hacia fines de 1875 viajó a Italia y estudió en Florencia con Ciseri, compartiendo esos años con Ballerini, Cafferata, Bouchet. A su regreso en 1883 instaló su atelier para dedicarse de lleno al dibujo, la pintura, la enseñanza, siendo su temática preferida el paisaje de la llanura pampeana y su personaje arquetípico, el gaucho. Pero su pintura está impregnada también de animalismo pues el caballo está presente en su obra en igual o mayor medida que el gaucho, como se puede apreciar en “Incendio en la Pampa” (caballos asustados huyendo del fuego), “Corrida de Sortija”, “Enlazando”, “Paisanos a Caballo”, “Una carga de granaderos”. Otras obras dignas de mención, “Patrulla en la Pampa”, “Boleando avestruces”, “La vuelta del malón”.

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Truco

Juegos de los gauchos (II): el truco

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Cartas del truco

Truco es posiblemente una palabra de origen portugués que significa “trampa” lo cual no quiere decir que sea un juego de tramposos: la trampa está en lo que se quiere hacer creer al contrario y por esa razón somos más propensos a decir que es un juego de “mentirosos”. Tiene similitud con un juego introducido en España por los árabes llamado truque, truqueflor o truquiflor; pero en ese juego se consideraba el “3” como la carta mayor, y para jugarlo se quitaban del mazo los “4” y los “5”. En la época de la conquista llegó al Río de la Plata y tuvo gran aceptación, aunque con las reformas que lo rigen actualmente. Como hecho anecdótico podemos señalar que en 1812 Rivadavia publicó un bando prohibiendo los juegos de azar, entre los que se incluyó el truco.

El estilo y la tradicional “mentira” que forman parte de este juego con 40 cartas de la baraja española son un estímulo para la “chispa” criolla, le dan su sabor y desarrollan la picaresca que alcanzan la culminación con las cuartetas rimadas que acompañan el canto de la flor, el envido o el truco.

FREUD SOÑABA CON EL TRUCO, pero no lo decía porque le gustaba mentir. (Además, para jugarlo utilizaba cartas de “tarot”).

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taba en posición de suerte

Juegos de los gauchos (I): la taba

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La descripción del gaucho fue realizada en el parágrafo correspondiente por lo que sería reiterativo efectuar en este lugar una reseña del personaje. Sí en cambio podemos detallar el aspecto lúdico, el de los juegos que practicaban cuando las duras tareas campestres le dejaban un tiempo libre. Así, era habitual jugar a la taba como complemento final a la ardua tarea de marcar animales (yerra). Jugar a los naipes, preferentemente el truco casi en cualquier circunstancia: dentro del mismo rancho acompañados del infaltable mate, a la sombra de un árbol, debajo del piso de las carretas en los polvorientos caminos pampeanos, en la pulpería acompañados por la ginebra o la caña, en los galpones de maquinarias y herramientas. Realizar ese ejercicio llamado visteo para cuando las circunstancias hicieran necesario llevar la mano al cinto para ‘pelar el facón’ en un duelo criollo.

No podían faltar juegos en los que participaran caballos, pudiendo remarcarse 3 de ellos: las cuadreras, las carreras de sortija, y el pato; la mencionada en primer término ya ocupa un capítulo propio en pampeando y a él nos remitimos.

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gaucho tomando mate

El mate

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Etimología: comencemos por explicar que la palabra “mate”  -en español o en guaraní, pues a veces resulta dificultoso conocer el origen-  significa ’curga’, ‘calabacita’, mientras que “yerba” (‘Caá’ en guaraní) significa arbusto, árbol y selva; y aquél es el nombre que dieron al vegetal que sirve para hacer la infusión como si con eso quisieran remarcar la excelencia de la planta, su exclusividad y síntesis de las virtudes de todas las plantas.  Para diferenciarlo de otros, lo llamaron ‘vegetal de la curga’ es decir, “yerba-mate”.

El mate es digestivo, diurético, laxante, estimulante nervioso y energizante; contiene hierro, calcio, otros minerales y vitamina C. Es rico en antioxidantes y representa una ayuda contra el LDL (colesterol malo). Estimula el metabolismo y la combustión de grasas. Contiene un principio estimulante como la cafeína y la teína llamado ‘mateína’.

En el caso del café y el té conviene señalar que son preparaciones hogareñas, para gente sedentaria; mientras que el mate, la yerba mate, embolsada como se puede, no pierde sus cualidades y el gaucho lleva su provisión atada en un pañuelo (digamos de paso que ésta es una de las utilidades del pañuelo que el gaucho lleva en el cuello) lo que le permite utilizarlo en cualquier momento de su recorrido por las dilatadas llanuras donde era difícil encontrar casas ni poblados. Todo lo que necesita es una pava, una ‘curga’ seca cuanto más vieja mejor, un tubo metálico (bombilla) y una caja de fósforos con lo cual, en pleno desierto y sobre un fuego improvisado con palos, cardos, boñiga seca o cualquier elemento combustible, en pocos minutos se encontrará reconfortado al sorber el líquido caliente; y paliará su sed. (más…)

Gaucho al galope

El gaucho

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“Criollo del tiempo anchísimo que nunca picanearon los relojes y que
midieron despacito los mates.” (Jorge Luis Borges)

Decír “gaucho” es nombrar a ese ser independiente, centauro solitario de la pampa que habitaba un territorio de nadie que era la frontera entre el indio y los colonos, o tal vez esa tierra de todos que era del gaucho, sí, pero también del colonizador que extendía sus dominios sobre ella y cuya desmesura provocaba el vacío poblacional; o del indio que veía cómo el avance del hombre blanco, del “huinca”, le iba arrebatando poco a poco parte de sus tierras ancestrales donde cazaba libremente para su subsistencia:  y entonces se dedicaba a maloquear sobre ese territorio para llevarse miles de cabeza de ganado vacuno y yeguarizo que consideraba suyos.
Y en ese espacio donde la ciudad se hizo campo, y aún mas allá, donde se entreveraban las lanzas con las guitarras y el cuchillo con la ginebra que se bebía en las pulperías mientras se mezclaba un mazo de barajas, ahí estaban los dominios del gaucho. (más…)

Domador

El domador

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La figura del gaucho desplazándose al paso sobre su caballo en la interminable planicie pampeana nos ofrece  una imagen bucólica, de tranquilidad, de paz; de monotonía que sólo rompe  la pausa nocturna para el descanso con el  manto de las estrellas cobijando su sueño, o  la llegada al boliche para tomarse una caña o jugar una partida de naipes, o el regreso al rancho donde la china  lo está esperando con el mate desde que ve su figura  acercándose en el horizonte.

Hay otras situaciones en las que el gaucho, aún haciendo galopar a su montado, como cuando un vacuno se dispara de un arreo y hay  que arrimarlo nuevamente al rebaño,  no se altera sin embargo esa imagen consustancial al conjunto que nos ocupa.

Pero sí hay otra en que  esa placidez sufre la rotura de la complicidad a que nos acostumbra la imagen del caballo y su jinete, para convertirse en la  imagen misma del vértigo y  la locura, descarga pura de adrenalina en la cual ese centauro parece querer  dividirse en sus dos partes constitutivas, aunque una de las partes, el jinete, tratará por todos los medios de impedirlo para demostrar a la otra mitad quién es el que mandará, de ahí en adelante, en ese binomio ecuestre.

Me estoy refiriendo a la DOMA, esa  tarea que es el arte supremo del dominio que el gaucho ejerce sobre la cabalgadura, y que voy a describír en una situación ficticia protagonizada por 2 personajes reales, uno de los cuales tuve el privilegio de conocer en mi niñez pampeana. Los hechos ocurrieron de  este modo. (más…)

Carrera de caballos

Las cuadreras

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¿Quién no se dejó ganar por la emoción alguna vez al ver correr en semi libertad al noble equino en los extensos campos de la llanura pampeana?. De esa tropilla que pasta tranquilamente, ver cuando de pronto se desprende uno de los integrantes del grupo para alejarse en loca carrera y regresar triunfal, flotando sus crines por efecto del galope y del viento, como si hubiese superado en velocidad a quién sabe qué invisible o imaginado rival. Sublime espectáculo al que sólo le falta para ser completo la figura del hombre a horcajadas de su lomo.

El conjunto humano que se cría, que se educa, que crece culturalmente en ese entorno ¿cómo no ha de ser un admirador incondicional de todas las manifestaciones en que el caballo es protagonista?. Esa es la razón por la que los argentinos se convierten en admiradores incondicionales de los distintos juegos en que participan jinetes y caballos, llámese Carrera de Sortijas, Polo, Carrera de Trote, Pato.

Y lo que constituye una pasión nacional son las carreras de caballo, de los “pura sangre” que harán retumbar sus cascos en la hierba o en la arena, llámese San Isidro, La Plata o Palermo, los 3 míticos escenarios nacionales, extendiéndose ese fervor hasta el oriental Maroñas, ahí nomás, cruzando el charco del argéntico Río. (más…)

Caballos galopando

El caballo criollo

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Cuando Don Pedro de Mendoza organizó la expedición al Río de la Plata, obtuvo permiso del Rey para traer 100 caballos al servicio de la misma, y para propagar la especie en las nuevas tierras. “Pero solamente embarcó 72 en Cádiz, de la raza de Berbería cruzada de la asiática de los mongoles. Y cuando los primeros pobladores de Buenos Aires, abandonando la empresa, se embarcaron para Asunción al mando de Francisco Ruiz, a estar a los términos de la carta de Fray Juan de Ribadeneyra al Rey quedaron 44 caballos, aunque según Ruy Díaz de Guzmán sólo eran 12”. (‘El Indio del Desierto. 1535 – 1879’, por Dionisio Schoo Lastra. Biblioteca del Suboficial, Buenos Aires, 1937, 3ra. Edición, pág. 21). (más…)

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