Con permiso, soy el tango (XXII). El Ciruja III

Con permiso, soy el tango

que en lengua rea batía,

Marino, con su lunfardo,

a su nieta y a su tía.

 Ensayo sobre una de sus palabras.

Alicia Marino en su 15º cumpleaños. Con su abuelo
Alicia Marino en su 15º cumpleaños. Con su abuelo

(Para mi amiga Alicia Marino, la “nietísima”, eficaz compiladora de la extensa obra de su abuelo).

Vaya uno a saber qué jugarreta del destino rafañoso hizo que un día se encontraran. En una esquina cualquiera, en un andurrial, en una cortada, en un burdel mistongo, en uno o en muchos sitios arrabaleros de la gran ciudad, Buenos Aires. Se conocieron en mishiadura, chamuyaron, se metejonearon, y el camote rantifuso los obligó a viajar en yunta por la vida, tirando acollarados del mismo carro, tango y lunfardo forjando en coyunda la misma historia rea. Juntos recorrieron los peringundines más atorrantes, recrearon obscenas figuras en multitud de “garçonnière’s; cafiolos y sabalaje arranyaron en simbólico connubio de música y palabras con las que camuflar de alegría la tristeza de los cotorros. Y nació “El Ciruja”. Esto ocurrió en el año 1926, siendo estrenado en el Café El Nacional el 12 de agosto de ese año por Pablo Eduardo Gómez, compañero de dúo de Marino.  

Pero para que eso ocurriera hacía muchos años que, como en un mecano, la unión de letras que conformaban palabras lunfardas (como en cualquier idioma) para imaginar frases que le dieran sentido a algo, se necesitaba a los grandes poetas populares que manyaran de qué iba la cosa. Y Felipe Fernández (el conocido “Yacaré” que escribía en el diario Crítica) nos lo expresaba así en el año 1915:

 

La limpieza es el cacho más cafishio de la gramática, porque bate el justo de las parolas con todos sus tantos, sin farolerías gargantuanas… Pa’ no pasar por chamuyador mistongo, bátase: ¡Qué hacé! tres vece ¡qué hacé! Y no ¡qué hacé! qué hacé! qué hacé! Para darse corte de chamuyador se inventaron las letras, con las que se forman las parolas. Al repertorio de éstas en barra se le bate Abecedario. Cuando la parlada es lunga, se la juna por milonga. Llámase parola o terminusi a una patota de sílabas que trabajan distanciadas, pero que en total son de la familia…. El amasijo de parolas en barra que bate algún concepto, se bate por oración. Ejemplo: “Ya visto, encánese al fulano por portación de escarbadiente y aplicación de feites a la mina. Se rantificó y firmó”

Partitura de El Ciruja
Partitura de El Ciruja

¿Capiche lo que batió Yacaré? Los que entendieron a ese mancusador de lunfardiadas van bien encaminados en la comprensión del lunfardo.

Retornemos al motivo de este trabajo sobre “El Ciruja”. Los lectores de mis artículos sobre tango y lunfardo, además de mi exposición mancusada en el Hotel Tripp de León recordarán, el artículo publicado en:

Este tango de Marino y De La Cruz simboliza como ninguno la inclusión del lunfardo en la terminología tanguera. Pues bien, quiero hacer una rectificación, o mejor dicho una aclaración, sobre uno de sus vocablos, incluido en la estrofa …”pero vivía engrupida / de un cafiolo vidalita / y le pasaba la guita / que le sacaba al matón”…

 

Tratándose de un tango, fruto de una apuesta en el que Marino se comprometió a escribirlo con la mayor cantidad de palabras lunfardas, y siendo el autor un especialista en ese lenguaje, no podía prescindir de incluir una palabra evidente, por lo que él la incluyó, y posiblemente un exceso de celo del tipógrafo que habrá pensado en un error de ortografía del autor, la incluyó de la manera que él consideraba correcta. Y así se fue transmitiendo erróneamente en diversas publicaciones tangueras pese a que en la partitura original figuraba correctamente.

Sin embargo escuchando cantar con atención el tango en cuestión en la voz de Edmundo Rivero, un cantor que se caracterizó siempre por ser respetuoso con las letras originales de sus autores, y por otra parte conocedor a fondo del lenguaje y actividades de los “lunfas” (como describe en su libro “Una luz de almacén”), la menciona en la forma en que, a mi entender, debió escribirla Marino: en lugar de “le sacaba al matón” debe leerse “le chacaba” (o“le shacaba”) al matón”.

Eso me llevó a indagar en los libros y folletos de tango y en la discografía que obran en mi poder; en el único sitio que lo vi escrito correctamente fue en “Todo Tango”, de José Gobello. Posteriormente escuché varias grabaciones de “El Ciruja” inducido por la curiosidad del hallazgo –ruego me permitan este vocablo, que no tiene intención peyorativa de descubrimiento- y en la versión de Alfredo de Ángelis (Odeón, 2 de junio de 1949) su cantor Julio Martel también utiliza “chacaba”; lo mismo ocurre con la grabación de Tita Merello con la orquesta de Carlos Fígari (Odeón, 1954); ésta última introduce algunas modificaciones, como piba en lugar de mina, y muchacho vidalita en vez de cafiolo vidalita; pronuncia correcta y claramente punguia en lugar de punga.

 

Muy buena la interpretación de Rosita Quiroga, pero suplanta cafiolo por compadre. Carlos Gardel decía era una papa papusa en lugar de era un mosaico diquero (ya expliqué el por qué en mi charla mencionada) y es remedado por Carlos Acuña diciendo era una paica papusa (versión de 1984, guitarra de Juanjo Domínguez).

Mi rincón tanguero
Mi rincón tanguero

De todas las versiones que escuché, a mi entender la más veraz sería la de Rivero, aunque en lugar de solfeaba dice chacaba tal vez en un intento de reforzar el lunfardo. Preciosas las de Julio Sosa y Tita Merello, aunque con muchas modificaciones el primero y los cambios apuntados la segunda. Dignas de escuchar también las versiones de Jorge Vidal y por supuesto la de Julio Martel, respetando ambas casi en su totalidad el original, aunque Martel suprime la totalidad de la última estrofa.

Retomando el hilo del motivo principal del artículo sobre la palabra en cuestión, el término lunfardo “chacaba” (=”shacaba”) significa “robaba”, y queda perfectamente incorporado a la frase dando a la estrofa un significado más realista con lo que quiso expresar el autor. Espero disfruten nuevamente escuchando uno de los más hermosos tangos, cuya letra dejó en segundo plano otras maravillosas creaciones del polifacético tanguero que fue Francisco Alfredo Marino.

Añadiré por último que el mismo Marino, en el año 1943 y por imposición de la absurda censura radiofónica, realizó una nueva versión para eliminar los términos lunfardos, para lo cual tuvo que cambiar prácticamente todas las palabras. Afortunadamente en el gobierno posterior y gracias a la influencia de Enrique Santos Discépolo y de Homero Manzi, Perón hizo levantar la censura.

César José Tamborini Duca

Cronopio

César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como “Cronopio”, es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.

Un comentario sobre “Con permiso, soy el tango (XXII). El Ciruja III

  • el 12 enero, 2016 a las 9:11
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    EL CIRUJA III: como consecuencia del comentario que me hiciera un lector en la dirección de mi correo-e, considerando que “sacaba” y “chacaba” eran en esencia la misma cosa, quiero hacer la siguiente observación que sirve de respuesta a su inquietud; porque aunque parecen la misma cosa, -sacar, en definitiva, el dinero al ciruja- hay sin embargo una diferencia sustancial que no es sola la semántica; sacaba no implica necesariamente un acto delictivo pues la quemera podía hacerlo valiéndose de la palabra, el “palique”, la persuasión. Mientras que chacaba implica necesariamente un acto delictivo, le sacaba el dinero mediante el robo, lo estaba “desvalijando”. Esa es la sutil diferencia, que no es poca indudablemente.

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