El caballo criollo

Cuando Don Pedro de Mendoza organizó la expedición al Río de la Plata, obtuvo permiso del Rey para traer 100 caballos al servicio de la misma, y para propagar la especie en las nuevas tierras. “Pero solamente embarcó 72 en Cádiz, de la raza de Berbería cruzada de la asiática de los mongoles. Y cuando los primeros pobladores de Buenos Aires, abandonando la empresa, se embarcaron para Asunción al mando de Francisco Ruiz, a estar a los términos de la carta de Fray Juan de Ribadeneyra al Rey quedaron 44 caballos, aunque según Ruy Díaz de Guzmán sólo eran 12”. (‘El Indio del Desierto. 1535 – 1879’, por Dionisio Schoo Lastra. Biblioteca del Suboficial, Buenos Aires, 1937, 3ra. Edición, pág. 21).

Caballos galopando
Caballos galopando por las llanuras pampeanas

Indudablemente esos pocos caballos y yeguas sobrevivientes del sitio de Buenos Aires fueron los reproductores que sirvieron de plantel a los que poblaron el territorio de la llanura pampeana, siendo utilizados posteriormente por los hombres llegados con Garay para la Segunda Fundación de Buenos Aires, que empezaron a domar baguales descendientes de las caballadas de Mendoza. Para tener una idea de la enorme cantidad de equinos que poblaban estas tierras, veamos lo que nos cuenta en su libro Schoo Lastra:

“Los naturales obtenían caballos en las llanuras de Buenos Aires, pues era tal su abundancia que en 1774, en viaje por ellas, el sacerdote jesuita Tomás Falkner pudo a duras penas librarse con los cuatro indios que le acompañaban de ser arrollado y hecho pedazos por miles y miles de baguales que cruzaron junto a él sin interrumpirse durante 2 o 3 horas”. (o.cit. pág 25 y 26).

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Cuando el indio domesticó y pudo hacer uso del caballo dispuso de él para su alimentación -pues la carne de potro era la preferida, y bebía su sangre en la creencia que le transmitiría su vigor- y le facilitó la caza de avestruces, venados, guanacos; el cuero le proporcionó el elemento necesario para confeccionar útiles para su bienestar y por último le facilitó el transporte a largas distancias, aumentando su capacidad guerrera.

La preocupación en el cuidado del caballo era tal que hasta le aliviaban el peso de la propia lanza, que solían llevar arrastrando, dejando una huella que por sus características se la llamó “rastrillada”. En la contera de su larga lanza tenían a tal efecto un tiento a modo de agarradera similar al del rebenque. Solían pelear desmontados y con el caballo al galope sabían deslizarse para descolgarse por el anca, cayendo de pie lanza en ristre.

Eduardo Losson, profesor de la Escuela Agronómica de Santa Catalina, determinó una particularidad del caballo criollo: posee sólo cinco vértebras lumbares, característica ésta del caballo berberisco* y, antes que éste, de la mula (único équido en que se da normalmente a excepción de los nombrados).

Media hora antes de morir de un aneurisma, Losson sostuvo una conversación en la Sociedad Rural manifestando que “el caballo árabe, el caballo persa, el tártaro, tienen 6 vértebras lumbares; el caballo argentino sólo tiene 5. Para hallar su origen tenemos que remontarnos mucho… como antepasados inmediatos considero a los berberiscos, que son los únicos que tienen 5 vértebras lumbares… ¿no podía entonces aventurarse un origen híbrido, ya que han ocurrido condiciones de medio, especiales para la producción del caballo berberisco?. La mula no es del todo infecunda… ¿Y de la unión del caballo africano con la mula, no ha podido nacer ese nuevo tipo del caballo berberisco, con cinco vértebras lumbares, como la mula y como el caballo argentino?… pero parece evidente que deriva directamente del caballo berberisco, y es más antigua estirpe ésta que descender de cruzados…” (El Nacional, número del 25 de enero de 1889). “La Pampa”, de Alfredo Ebelot.
Otro aspecto a tener en cuenta es el de la cantidad de cromosomas, pues como dice Bill Bryson “En el mundo equino, p.ej., los caballos tienen 64 cromosomas y los asnos 62. Si los cruzas tendrás un vástago con un número de cromosomas reproductivamente inútil, 63. Tendrás, en suma, una mula estéril”. (‘Una breve historia de casi todo’, pág. 549). Pero no siempre es así, pues como vimos antes la mula no siempre es infecunda.

OREJANOS. Reyunos y Patrios

Veamos las denominaciones que recibían esos caballos criollos que tan útil e importante  participación tuvieron en la guerra por la Independencia y posteriormente en las luchas civiles del siglo XIX. Entre la gran cantidad de tropillas de yeguarizos que deambulaban por la pampa, muchos de ellos no llevaban marca que identificaran un propietario, y por esta causa se los denominaba orejanos. Se consideraban entonces caballos del estado, y al atribuírseles propiedad del Rey de España desde los tiempos de la Colonia y hasta 1831 se los llamaba “reyunos”.

Posteriormente, un decreto de marzo de 1831 firmado por Rosas, da la denominación de “patrios” a los caballos del estado, diciendo:

“Con el objeto de fijar el nombre que ha de darse a los caballos del Estado en todas las noticias que pasan, quitando la confusión que causa la variedad con que se ha expresado hasta ahora, decreta: todos los caballos del Estado, tengan o no orejas cortadas, como sean de cualquiera de las marcas de las provincias, serán llamados en adelante Caballos Patrios”.

http://pampeandoytangueando.com/pampeando/las-cuadreras/

http://pampeandoytangueando.com/pampeando/el-domador/

http://pampeandoytangueando.com/pampeando/el-gaucho/

Cronopio

César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.

2 comentarios sobre “El caballo criollo

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