Dos ‘gomías’ en Buenos Aires
Querido amigo Eduardo [Bernal], muchas gracias por el libro “Voces de aquí nomás” de Daniel Antoniotti, lingüista y docente universitario además de Académico del Lunfardo; posee la idoneidad necesaria para encarar una obra de esta naturaleza en la que el lenguaje pasa a ser el principal protagonista.
Me deleité con su lectura y aprendí muchas cosas en las que el autor demuestra su conocimiento, no solo en lo que respecta al lenguaje, también lugares, protagonistas y hasta sentimientos.
Si algo escapa a su dominio, basando sus escritos en la opinión de otros autores, es solo culpa del desconocimiento vivencial; porque para que José Hernández pudiera escribir su magnífico “Martín Fierro” tuvo que experimentar o conocer esas vivencias al amparo de su estadía en el campo.
Por ese motivo Antoniotti hace constar su CONOCIMIENTO del artículo el o la precediendo al nombre, en las provincias del noroeste argentino. Sin embargo es o era, al menos por mi experiencia vivencial, muy habitual en la pampa (con minúscula porque no solo en la provincia, sino en la extensa llanura pampeana, desde Buenos Aires hacia el sud oeste).
En la página 45 se descarta, por parte de Ángel Rosenblat, la existencia de un contacto intenso entre el colonizador español y las distintas parcialidades de la nación mapuche -para desestimar esa procedencia de la ‘interjección’ che- lo cual carece de fundamento con solo leer a los cronistas de viaje de la época; y la historia con imágenes de los caciques visitando a los virreyes. Ambas partes firmaban tratados de límites de nación a nación. El intercambio fue muy grande, lo mismo que el mestizaje, antes y después de la Revolución de Mayo. Y nos legaron muchas palabras, para lo cual es interesante leer el libro “El Idioma Nacional de los Argentinos” de Lucien Abeille(1).
Podemos encontrar palabras muy interesantes, habituales en el habla coloquial argentino:
Bochinche: deriva de “fochen-che” que significa alboroto de gente (fochen = alboroto)
Boliche: de “folin” (Raíz) y “che” (gente); donde echa raíces la gente; donde se reúne la gente
Chapalear: andar en el barro. Es onomatopéyico, del mapudungu “chapad”. Es muy característico del sonido que realizan los animales al caminar por el barro, se produce una especie de ventosa al levantar las extremidades que va originando ese ruido: “chapad, chapad, chapad”. En español existe una palabra para andar en el agua, chapotear, pero no para andar en el barro.
Morocho: del mapuche “muruche” (en quichua, similar: “muruchu”)
Pucho: del mapuche, “sobrante de algo”
Piche: armadillo pequeño (de “pichi” = chico, pequeño) en contraposición a su ‘hermano’ más grande, el “peludo”
No podemos olvidar la toponimia, no tan grande en la provincia de Buenos Aires pero existe, como puedo dar en un par de ejemplos, aunque hay más:
Cariló: Cari (= verde) lo (= médano: médano verde
Trenque Lauquen (o “Tenqued Lafquen”): laguna redonda
Mari Lauquen: Diez lagunas
En la provincia de La Pampa la mayoría de los pueblos llevan nombres indígenas, y TODOS los Departamentos tienen nombres del mapudungu, con excepción de la capital, Santa Rosa.
En Córdoba, el sitio de donde es el amigo David Volpintesta, Italó, no es término derivado de Italia como se puede pensar, sino una deformación de Vutaló: Vuta (= grande) lo (= médano) es decir “médano grande”.
Claro que pude observar el desconocimiento de la lengua (dungu) mapuche: “mapudungu”
En página 76 denomina sierra nevada a “pichi Mahuida” (que significa sierra pequeña); sierra nevada es “piri Mahuida”.
En la pág. 77 a “mapudungun” lo llama lengua de la tierra. Requiere explicación. La n final es verbalizante, denota una acción:
Mapudungu: lengua de la tierra
Mapudungun: hablar la lengua de la tierra
Lo que es innegable, la íntima relación entre criollos y españoles con los aborígenes de la región pampeano-patagónica, cuyo primer fruto -producto del lógico mestizaje- fue el gaucho.
Beatriz “Pichi Malén” con Rafa y César, en León
Por último, amigo mío, REITERAR mi admiración por la obra de Daniel Antoniotti que me obsequiaste, que en nada puedo yo contradecir pues su conocimiento es mayor al mío, excepto en lo referente a la región pampeana (y al lenguaje de aborígenes y criollos, mas sus dichos) de la que soy nato y mamé desde que vine al mundo. Agradecido, abarajá este abrazo
Chiquito (“Pichi”) Tamborini
(1) El filólogo francés Abeille fue contratado por el gobierno argentino para dar clases de francés en la Academia Militar. Su libro se publicó en 1900, difícil de conseguir hasta que se reeditó cien años después; coincidiendo con un viaje a la Argentina pude adquirirlo.
P.S. en la pág. 77 menciona a mi amiga Beatriz “Pichi” Malén; ella es tataranieta del cacique Coliqueo, de la zona de Junín. Fue hospedada en casa cuando vino a León para una conferencia. También compartimos estrado en Santa Rosa y en Uriburu hará unos 5 años cuando presenté mi libro “Pasión y Muerte de Nuestro Señor de las Pampas”. En la foto, en la sede de la Casa Argentinos de León el día de la charla; la otra persona es Rafa, presidente de la «Gráfica Nino» donde se editaban las Revistas «Argentinos de León», y donde se editan habitualmente mis libros.
César J. Tamborini Duca
