El «pecho» (o pecha) en el Reino de Navarra durante la Edad Media era un tributo directo, generalmente personal y anual, que los campesinos y villanos (pecheros) pagaban al rey o al señor feudal, a menudo en especie o dinero, a cambio de protección y el uso de la tierra. Este impuesto fue fundamental en la estructura fiscal navarra, evolucionando desde cargas locales hasta tributos reales más organizados en la Baja Edad Media.

Contexto del Pecho y los Reyes de Navarra
- Significado: Los «pecheros» eran aquellos miembros del tercer estamento que tenían la obligación de «pechar».
De lo que antecede, se deduce que el popular “pechazo” al que son adictos algunos argentinos, tienen su origen en el Reino de Navarra. Pero ustedes se preguntarán cómo llegué yo a este descubrimiento: muy fácil, aunque de casualidad: leyendo un libro, cuya parte que nos interesa en este caso dice que:
[La cuestión comenzó en ocasión que el señor de Corasse, sir Raymond, fue visitado por un clérigo de Cataluña llamado Martín, instruido en materia de ciencias ocultas. El tal clérigo traía una carta del Papa de Aviñón Urbano V, por la que debía pagar un diezmo. A esto último se negó sir Raymond de Corasse, y como era visitado asiduamente por ORTHON, un espectro enviado por el clérigo para exigirle el pago, tomó una decisión: convencer a ORTHON para que abandonara al clérigo y se pusiera a su servicio].
[Así, el señor de Corasse era informado de todo lo que pasaba en el mundo, fuese en Hungría, Inglaterra, de Palestina o de otros países. La siguiente, fue una de las noticias que Orthon le contó:]
(…) El rey de Navarra estaba en la ciudad de Pamplona cuando le vino a la imaginación y voluntad poner sobre su reino un pecho de doscientos mil florines; mandó pues reunir a su Consejo, le expuso la petición, y le dijo que quería que así fuera. (…) todos [las gentes más notables] acudieron (…) y en el palacio del rey, éste les expuso la causa por la que les había convocado, y les dijo que le convenía tener inmediatamente, y para necesidades urgentes, la suma de doscientos mil florines; que, en consecuencia, ordenaba que se hiciera un pecho, y que para pagar ese pecho, los grandes pagarían diez libras, los medianos cinco libras, y los pequeños una libra.
Esta petición causó gran estupor entre los notables, porque el año anterior había habido ya un pecho extraordinario de cien mil florines con motivo del matrimonio de la señora Juana, hija del rey, con el duque de Bretaña, de suerte que la mitad de ese pecho todavía estaba por pagar. (…) Entonces el rumor de este enorme pecho se difundió, y toda Navarra quedó muy conmovida, porque los ricos estaban muy abrumados por los elevadísimos impuestos que decretaba en todo momento su soberano.
(…) El rey (…) se sentó a fin de oír la respuesta de sus buenas villas. Era unánime; los notables enviados por ellas respondieron de común acuerdo que no se podía imponer un nuevo pecho, dado que todavía estaba sin pagar el último, y la demora afectaba a la pobreza del reino.
Este relato lo leí (por supuesto lo expuse muy resumido, solo en la parte que interesaba) en el libro LAS TUMBAS DE SAINT-DENIS Y OTROS RELATOS, de Alejandro Dumas, en el capítulo titulado “Historia del demonio familiar del señor de Corasse”, Santillana Ediciones, Madrid, 2007, pág. 72 y 73.
TIRAR LA MANGA
En Anécdotas de tiempos viejos nº 21 publiqué en el año 2014 (posiblemente en agosto) un desopilante encuentro con alguien que tiraba la manga. Lo relata Roberto Arlt, resulta muy cómico y pueden leerlo accediendo al mismo por el siguiente enlace:
Los comentarios colocados por algunos lectores (algunos lamentablemente fallecidos) son muy interesantes y algunos jocosos; como botón de muestra el que ubicó el recordado y entrañable amigo Adolfo Zabalza:
Que lindo seria paisano/ poder encontrarnos un dia// y embriagarnos de alegría// como dos buenos hermanos// no creas que lloro en vano// la cosa esta peliaguda// por eso imploro la ayuda// de aquel que resucito// pa que un día vos y yo// no hablemos de mishiadura. 30 agosto, 2014
También aportaron comentarios Nélida Caracciolo, hija de Alberto (gran bandoneonista, arreglador, director de orquesta); Alicia Marino, nietísima del autor de El Ciruja… y otros prestigiosos lectores que si tienen la constancia suficiente encontrarán al final del artículo si acceden con el link.
César J. Tamborini Duca
Académico Correspondiente para León
Academia Porteña del Lunfardo
Academia Nacional del Tango
