Los cafés de Buenos Aires (III)

B) CONFITERIAS-CAFES

  1. La Ideal

Ubicada en Suipacha 384, en el Barrio de San Nicolás, forma parte de las famosas confiterías-cafés de la capital argentina. Abrió sus puertas en 1912, funcionando en la planta baja el salón confitería, y en el primer piso se baila el tango todos los días a partir de las 17 hs. Es éste un elegante edificio con mobiliario Thonet auténtico, poniendo un elegante toque vienés en sillas, sillones, percheros y mesitas. El salón de planta baja está recubierto por una boiserie original de roble de Eslovenia, pero actualmente se echa en falta un poco de mantenimiento.

  1. El Molino

Ubicado en el Barrio de Congreso en la esquina de Rivadavia y Rodríguez Peña, comenzó su andadura en 1850 con la compra de la entonces denominada “Confitería del Centro” por parte de dos reposteros italianos, Cayetano Brena y Constantino Rossi, que le cambiaron el nombre porque en los aledaños funcionaba el primer molino harinero de Buenos Aires, llamándola “Antigua Confitería del Molino”. En ese entonces las calles se denominaban Federación y Garantías (no olvidemos que en 1850 aún gobernaba Rosas). En febrero de 1905 comenzó a funcionar en un local frente al Congreso y, con sucesivas compras y ampliaciones y remodelaciones (local en Avda. Callao 32 en 1909; en Rivadavia 1815 adquirido por Brena en 1911), con la unificación de todos ellos se inauguró en 1917 la “Nueva Confitería del Molino” en Rivadavia y Callao.

Cita obligada de reunión de los legisladores y la alta burguesía, Cayetano Brenna, uno de sus dueños, los atendía con levita. Por sus mesas pasaron Lisandro de la Torre, Alfredo L. Palacios, Leopoldo Lugones, Oliverio Girondo, Roberto Arlt, Carlos Gardel, Eva Perón; ello no impidió que, aquejada por la severa situación económica, se viera abocado a cerrar sus puertas el 23 de febrero de 1997.

Pero en el interín hubo una historia de amor que merece ser contada porque tiene como protagonista a un habitué que fue uno de los más grandes letristas de tango, José María Contursi (Catunga, para sus amigos), hijo del no menos famoso Pascual Contursi.

La otra protagonista fue Susana Gricel Viganó, que había nacido en el Barrio de San Cristóbal y se trasladaría con sus padres a Córdoba. En un viaje a Buenos Aires para visitar a su amiga Nelly Omar, ya famosa cancionista de tango, ésta le presenta a “Catunga”, diez años mayor, casado y con una hija; regresa a Córdoba enamorada de él.

Cuando Contursi, gravemente enfermo y por prescripción médica se va a las sierras de Córdoba, se reencuentra con la joven y surge entre ambos un amor apasionado. Loco de amor por la adolescente, sin embargo regresó a Buenos aires y en su triste melancolía escribió el tango “Gricel”.

Gricel se casó y tuvo una hija, pero sería abandonada por el marido. Fue entonces cuando el bandoneonista Ciriaco Ortiz le comentó sobre la reciente viudez de Contursi. Era el año 1962 y ella viajó entonces a Buenos Aires para reencontrarse con su amor en la Confitería del Molino. Fueron a vivir juntos a Capilla del Monte, pero la salud de ‘Catunga’ estaba quebrantada por la bebida con la que quiso olvidar las penas de su amor que creía perdido, y murió el 11 de mayo de 1972.

  1. Las Violetas

Abrió sus puertas el 21 de septiembre de 1884 y fue remodelado en la década de 1920, luciendo vidrieras y puertas de cristales curvos, vitrales, y pisos de mármol italiano. Su estilo arquitectónico es el “art Nouveau”. Está ubicado en la Avenida Rivadavia 3899 (Rivadavia y Medrano) en el Barrio de Almagro, y cerró “por balance” según se dijo entonces, en 1998. En ese mismo año, el 6 de agosto, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires  declaró el edificio Área de Protección Histórica y de Interés Cultural.

Después de casi 3 años de inactividad pudo reabrir sus puertas con el brillo que la caracterizaba, con sus cristales tallados y sus bronces, en el mes de julio de 2001.

  1. El Olmo

De mi barrio aquél café
donde en sus mesas tallaban
garabitos que apostaban
con ilusión y con fe.

Confitería ubicada en el barrio del Once, en la Avenida Pueyrredón esquina Bartolomé Mitre, con acceso sobre la recova. Al igual que la Ruca, no era bailable. Por 1963 tocaba como solista de piano Alfredo Gobbi, quien desaparece siendo muy joven un año después, con 54 años.

IIª) PARTE

Vamos a subdividir esta categoría en tres apartados. Por un lado aquél sitio donde se daba cita lo más granado de la literatura criolla y universal, en estadías permanentes o visitas esporádicas. En segundo lugar el Café Tortoni por ser el sitio adonde concurrían más asiduamente los intelectuales que mencionamos. Y por último, una tendencia o moda actual, universal, de ofrecer las estanterías de una librería a aquellos que quieran degustar un café mientras hojean un libro de su interés para interiorizarse de su contenido, siendo emblemático –aunque no único- “El Ateneo”.

 A) LOS CAFES DE BUENOS AIRES EN LA ‘AVENIDA DE LOS ESPAÑOLES’

    Por la época del Centenario (1910) y durante muchos años hubo en la Avda. de Mayo exclusivos y prestigiosos salones a los que acudía la gente elegante de la sociedad porteña; en algunos de esos cafés incursionó el tango, pero sin tener el arraigo de otra calle importante, Corrientes, donde el surgimiento de las academias de baile y los cabaret permitían el lucimiento de poetas, músicos, bailarines y cantores.

   En la mayoría de ellos persistía un decidido sabor hispánico, consumiéndose horchata de chufa, chocolate con churros y leche merengada, pues si bien la avenida nació francesa por su concepción arquitectónica, fue española por adopción. Desde la Plaza de Mayo hasta el Congreso de la Nación ¡cuántos españoles la han transitado!: Manuel de Falla, Rafael Alberti y su esposa Teresa de León, Ramón Gómez de la Serna, Federico García Lorca en 1933, García Sanchíz, Ortega y Gasset, Jacinto  Benavente. María Guerrero en 1908, Carmen Amaya, Miguel de Molina. Lola Membrives y Margarita Xirgu. En ellos coexistían el tango junto a innumerables artistas de distintos géneros, muchos más de los que hemos nombrado.

   Uno de los más famosos cafés, ubicado en Avda. de Mayo 1347 (frente al pasaje Barolo), fue “El Centenario”, más conocido como Taka-Taka, donde debutó Roberto Firpo al piano, haciendo dúo con el bandoneonista Juan Bautista Deambroggio (‘Bachicha’) y el primer tango que se interpretó fue “El Esquinazo”, aunque entonces todavía llevaba su nombre primitivo: “Golpiá que te van a abrir”.

   En el número 602 y haciendo esquina con la calle Perú estaba el “Café Perú”, luego llamado “París” y posteriormente “Montevideo chico”. Evaristo Carriego, el autor de ‘Misas Herejes’, solía concurrir al café “Armonía”, situado en el número 1002 y que luego desaparecería con la construcción de la Avda. 9 de Julio.

   Un anarquista catalán era el propietario del “Café Colón” que estaba situado en el número 999, esquina Buen Orden (actual Bernardo de Irigoyen), donde se compartían pláticas de tango y libertarias. Muy cerca, en el número 899 estaba el “Café Gaulois” y en la vereda de enfrente, en el 870, la confitería “La Querencia”. En esa misma cuadra y retornando a la otra vereda, en el número 829, el “Café Tortoni”. Y éste es el sitio adonde queríamos llegar, al lugar donde una noche de 1927 cantó el ‘zorzal criollo’, Carlos Gardel, participando del homenaje que se brindaba a Jacinto Benavente.

Cronopio

César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.

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