Historia

El Tigre de los Llanos (y II)

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El Tigre de los Llanos (y II)

Facundo. Retrato de Teodoro Bourse Herrera

Facundo. Retrato de Teodoro Bourse Herrera

Pro captu lectoris habent sua fata libelli es una frase latina. Procede del gramático latino Terentianus Maurus, de su poema De litteris, de syllabis, de metris (Sobre pronunciación, sílabas y métrica) y significa “Según la capacidad del lector, los libros tienen su destino”. La frase se suele utilizar en el sentido de que un texto sólo puede transmitir tanto sentido cuanto la capacidad del lector esté en condiciones de comprender. De eso se trata, como veremos a continuación.

En la primera parte de este artículo traté de rebatir la controvertida afirmación de Carlos Franz de un supuesto vacío de poder en la Confederación Argentina, y al mismo tiempo reforzar los motivos por los cuales a Facundo Quiroga de lo consideró uno de los malos de la historia. En ese entonces había una forma de gobierno diferente como se deduce del mismo nombre de la Nación. Los estados o provincias federadas delegaron el manejo de las Relaciones Exteriores en el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires don Juan M. de Rosas, quien era reconocido por los otros países de este hemisferio como “El Gran Americano”, mientras los países europeos miraban con ojos de admiración que interrogaban ¿quién es ese gaucho que se atreve a enfrentar a las dos mayores potencias del mundo? En esta segunda parte trataré de rebatir con argumentos que estimo fundamentados, el por qué Quiroga no debe ser catalogado como uno de los “malos”. La reivindicación de una figura maltratada por la historia oficial con el axioma “la primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira”, también es hacer Memoria Histórica. 

Llegados a este punto  -y que me perdonen los lectores si me atrevo a prejuzgar que la gran mayoría estará de acuerdo con lo relatado-  a fuer de honestidad debo confesar que también esa era mi opinión. Sin embargo en un análisis desapasionado surgen algunas dudas porque ¿de dónde obtuvimos toda la información sobre la vida de Facundo? ¿Qué hay de cierto sobre todas sus crueldades? ¿Conocemos algún caso de “enchalecado”? ¿Hay constancia de haber encontrado aunque más no sea uno solo de los muchos ‘enterramientos’ que se le atribuyeron?

Para el lector desprevenido aclaro que otra de las cosas que se achacaban a Facundo Quiroga era tener enterrados tesoros ocultos en distintos sitios, ‘fruto del pillaje’, que recibieron el nombre de enterramientos pero nunca me enteré se descubriera alguno.

Y si bien es cierto que Facundo mandó fusilar al Mayor Tejedor, lo hizo en represalia por la impresión causada cuando se enteró del fusilamiento de algunos de sus oficiales con posterioridad a una de las batallas, fusilamientos protagonizado por oficiales a las órdenes de Paz y que el mismo “manco” relata en sus “Memorias” deslindando su responsabilidad en el hecho.

Hacemos constar como ciertas las creencias populares sobre la singular aptitud de su caballo “Moro” (del que se apropiaría Estanislao López con gran disgusto de Quiroga) y sobre los “Capiangos”, lo cual no delata maldad por parte de él, sino mas bien ignorancia en las mentes rudimentarias de los que creían y propalaban esos mitos.

Otra pregunta para despertar conciencias anestesiadas por la prédica de los vencedores en la contienda civil del siglo XIX ¿cómo un personaje al que se atribuye una personalidad burda, salvaje y despiadada fue tan bien recibido en los salones de la aristocracia porteña, donde se desenvolvía con la máxima finura y era respetado y admirado?

La historia presenta muchos vericuetos, y el que escribió la de “Facundo” con este título y el subtítulo “Civilización y Barbarie” no se caracterizaba por una conducta intachable en la vida. Por empezar renegaba de sus orígenes: no trepidó en hablar mal de España y lamentar que los ingleses hubieran fracasado en sus invasiones, siendo hijo de padre español; como tampoco tenía empacho en manifestar que la presencia de los indígenas le causaba repugnancia, siendo que su madre era originaria de la tierra.

Sarmiento, que de él hablamos y era primo de Quiroga (Sarmiento era hijo de José Clemente C. Quiroga Sarmiento pero no utilizaba el primer apellido), tuvo actitudes antipatrióticas: “El gobierno de Chile, aprovechándose de la situación complicadísima creada a la República Argentina por la guerra de Francia e Inglaterra, aliadas con los unitarios, envió una expedición al estrecho de Magallanes con el objeto de apoderarse de aquellas costas, so pretexto de fundar en ellas una colonia penal. …Influyó en el ánimo del gobierno de Chile la prédica indiscreta de muchos argentinos, entre ellos Sarmiento, asilados en aquel país, que en odio al dictador de Buenos Aires, y por incitarle enemistades le inducían a la colonización del estrecho (y de toda la Patagonia). En aborrecimiento a Rosas se atacaba a la integridad de la patria, dando pie a Chile para ocupar territorio argentino. (“Juan Manuel de Rosas. Su vida, su drama, su tiempo” de Carlos Ibarguren, Ed. Frontispicio, Bs. As., 1955, 12ª Edición, pág. 342).

Publicación causa criminal

Publicación causa criminal

Entonces, ¿pueden ser creíbles todas las insidias que sobre él escribió Sarmiento?; el mismo que en carta a Mitre le decía que no importaba mentir si con ello se conseguían los objetivos propuestos. Más respetable y sincera parece la opinión de Vicente Fidel López, de quien no se puede decir que fuera panegirista precisamente de los federales pues era militante convencido del bando unitario, y decía: “No se le conocen  -dice Vicente Fidel López, que le vio de cerca-  actos de torpe lujuria como los que infamaban las costumbres de Bolívar. No cometió jamás acto ninguno de traición ni de infidelidad o perfidia contra los intereses o contra los hombres con quienes se hubiera ligado. Amaba y respetaba a su mujer, amaba a sus hijos, de quienes se puede decir que fueron todos ellos laboriosos ciudadanos, los varones, y excelentes madres de familia, las mujeres”. (“Juan Manuel de Rosas”, obra citada, pág. 118).

También supo ser generoso en la batalla, cosa inusual en la época a que nos referimos. En La Rioja, “Quiroga derrota a sus enemigos, queda en el campo el cadáver de Miguel Dávila (gobernador) y son tomados más de doscientos prisioneros. El caudillo triunfante honra la memoria del vencido, envía su pésame a la viuda de Dávila y ordena ‘que los prisioneros sean puestos en libertad en la plaza con la prohibición absoluta de que nadie ose insultarlos por sus opiniones políticas’.” (Obra citada, ídem).

Comisionado por Rosas para que interpusiera su influencia y solucionara un conflicto entre las provincias de Tucumán y Salta, a su regreso de la misión en las provincias norteñas el gobernador de Santiago del Estero le advirtió que intentarían asesinarle sicarios de Vicente Reinafé, gobernador de Córdoba; intentó convencerle de un cambio de itinerario y le ofreció escolta armada; su valor, su intrepidez, le impidieron aceptar ambas cosas. La emboscada se produjo en Barranca Yaco y Santos Pérez, que mandaba la partida, le provocó la muerte instantánea con un disparo en un ojo cuando asomó la cabeza por la ventanilla de la galera. Fue el 16 de febrero de 1835. Luego de la caída de rosas en 1852 sus restos fueron escondidos tras de una pared para evitar su profanación, y fueron redescubiertos el 9 de diciembre de 2004 en el lugar donde se encuentran, el Cementerio de la Recoleta.

Unos meses antes de morir y explicando sus últimos desastres militares (La Tablada, Oncativo) decía Quiroga: “Paz me ha vencido con figuras de contradanza”, agregando con hidalguía: “Puedo luchar contra todos los gobernantes coaligados y tener fuerzas para vencerlos; puedo pelear contra las tropas realistas por aguerridas que sean, y tengo la convicción de derrotarlas; pero contra el General Paz, es imposible”.

 Después de tomar conciencia de éstas facetas desconocidas del caudillo y de la circunstancia que la historia es escrita por los vencedores, siendo necesario estudiar e investigar para formarnos una opinión más acorde con la realidad de lo sucedido, ¿seguiremos tildando a Facundo como uno de los “malos de la historia”?

Este relato fue publicado en la Revista Argentinidad del Centro Argentino de Asturias, en el año 2010 (pág. 14)

Colofón: un gran cultor de nuestro sentimiento nacional, lunfardo y tango, creador de la Academia Porteña del Lunfardo y Presidente de la misma, profesor D. José Gobello, dijo: “Homero Manzi murió el 3 de mayo de 1951… la (muerte) de Manzi, estaba siendo anunciada por su larga enfermedad. En los últimos días de su vida, en el sanatorio donde esperaba la muerte, Manzi escribió dos poemas muy distintos. Uno de ellos quedó inconcluso. Se llama El último viaje de Quiroga. Manzi alcanzó a escribir veintidós cuartetas sobre el mismo tema que Borges –un Borges juvenil y lleno de patria- había tratado 25 años antes en El General Quiroga va en coche al muere; pero Manzi no pudo dar el tono fatídico ni la dimensión cósmica de los versos de Borges”. (José Gobello: Conversando tangos. A. Peña Editor, Bs. As., 1976). 

Muerte en Barranca Yaco, por Cayetano Descalzi

Muerte en Barranca Yaco, por Cayetano Descalzi

A esas 22 cuartetas que menciona Gobello le faltó el final que la prematura muerte de Manzi a los 44 años impidió realizar. Seis cuartetas de mi autoría, que están en cursiva el final, tienen la pretensión de llevar a su término el poema inconcluso.

 

 LA MUERTE DE QUIROGA

 

 La gente le previene y él no les hace caso

y piensa mientras muerde su labio sin bigote,

—¡No han nacido los machos que me salgan al paso,

ni se templó la daga que me corte el cogote…!—

 

“Pucha con este Ibarra siempre tan desconfiado

y con esa manía de endilgarme un consejo,

nada menos que a mí que empecé de soldado

y llegué a general regalando pellejo”.

 

Le asustan a la gente que lleva en el cortejo,

con cuentos de camino y crímenes villanos,

como ser, las memorias de aquel sangriento viejo

que galopó dos leguas, las tripas en las manos.

 

—¡Déjense de pavadas y enganchen la galera…!

por cuenteros y maulas les metería una soba.

¿Qué quieren, que a mis años pida la escupidera

y me quede en Santiago masticando algarroba…?—

 

La mañanita brilla con un sol de verano.

A la vieja del mate le tiembla hasta la espuma.

Ella tuvo un valiente que partió con Belgrano

hasta que lo tripearon los cuervos de Ayohuma.

 

“Siempre los cordobeses metiéndose en la fiesta.

No se les puede dar ni un chiquito de lazo.

Si son como esas moscas que zumban en la siesta

y escapan en cuantito lo ven mover un brazo”.

 

Los algarrobos gozan en el viento temprano.

El carruaje está listo y listo el contingente.

Quiroga revolea su vicuña riojano

y vivando su apodo lo despide la gente.

 

Hay un poco de pena en el coro apagado.

No es un grito violento sacudiendo el estío.

Es un viva de muerte, con un eco enlutado

que se pierde sin alma en la arena del río.

 

Un arreador trenzado de afinada puntera

refusila chasquidos sobre el aire del anca

y las yuntas sacuden la lujosa galera

y se escucha el quejido de la rueda que arranca.

 

“¡VIVA EL TIGRE…!” le gritan Ibarra y sus mesnadas.

Ya Quiroga está sordo a ese viva ladino

y mira sin mirar dos nubes coloradas

que ensangrientan el fondo de su cielo argentino.

 

El coche cruza el campo repechando albordones,

después de hacer un bado cejeador en el río

y costea las chacras de dorados melones,

que maduran al fuego de los hornos de estío.

 

Una paisana asoma con su alforjón peruano

tranqueando al contrarumbo de la ilustre galera

y al ver de qué se trata saluda con la mano

y haciéndose a un costado, bajo un mistol espera.

 

Entra un polvo de arena que los párpados cierra.

A Facundo, entre sueños, le trabaja una idea.

“¡Para qué tanto miedo si no estamos en guerra…!

¡Si aura es hombre de paz y no busca pelea…!”

 

“¿Acaso no está allá comandando las cosas

Juan Manuel, su compadre, su aparcero, su hermano…?

¿Acaso no comprenden que si él le pide a Rosas

el favor de un castigo, le va a dar una mano…?”

 

De pronto le pregunta con burla y de sorpresa

al Coronel Ortiz que le tiembla el camino.

—¿Moriremos los dos en tierra cordobesa

o seguiremos viaje como cualquier vecino…?

 

El coronel contesta de manera evasiva

él ha oído decir que en Córdoba es la cosa.

Por algo en Buenos Aires en forma persuasiva

les quiso dar escolta don Juan Manuel de Rosas.

 

—No se escribe la historia con sangre de gallina…

¿no entiende, coronel, que le estoy dando soga…?

No ha de haber en la patria una mano argentina

capaz de asesinar a Facundo Quiroga.

 

Se apacigua su orgullo en ese enorme alarde.

Contento de sí mismo reclina la cabeza

y se tira a la sombra propicia de la tarde

con un aire de tigre que regusta la presa.

 

Baraja los recuerdos el Tigre de los Llanos.

Desfilan los lanceros tras la bandera negra

y le brindan aplauso los pueblos soberanos

que buscan el perdón de su tropa altanera.

 

Y vuelve a hacer arreos en estancias salvajes

y se llena de fuego su cuatrera demencia,

mientras sus milicianos van pechando el vacaje,

que se clava en las patas y se afirma en querencia.

 

Él es un general de machete y espuela,

con nalgas para el trote y sangre de pelea;

no como el manco Paz, contador sin abuela,

que le ganó dos manos peleando a la europea.

 

Y evoca aquel instante cuando en un largo pliego,

don Juan Manuel de Rosas le anotició en detalle,

de la trágica muerte del Coronel Dorrego

y el motín decembrino del faccioso Lavalle…

 

 

Más allá el paisaje se llenaba de sombra,

la sombra proyectada por inmensa arboleda

que exhibe con orgullo el yuyal como alfombra,

el entorno es salvaje, aquí no hay rosaleda.

 

Cercano a la Posta del Ojo del Agua,

que en Barranca Yaco –le avisan- lo esperan;

se lo dice una criolla,aún vestida en enagua:

Reinafé ha enviado 30 hombres, que operan.

 

Al llegar la carroza al fatídico punto 

Santos Pérez acecha, en el bosque emboscado

ordenando el ataque; y aquí yo barrunto

que llegaron muy pronto, cruzando algún vado.

 

Se asomó Facundo sin temor alguno

a la daga artera, filosamente hostil,

pero la muerte llega sin aviso ninguno

con sonido tremendo, descargando un fusil.

 

En su presidio el “Manco” que lo derrotó,

vió una comitiva regresando triste,

carroza encarnada, divisa punzó

como el uniforme que la gente viste.

 

Los cuatro caballos tiran del cortejo

llevando sus restos en un ataúd

¡ha muerto Quiroga! lo traen de muy lejos

y al Tigre despiden, sones de laúd.

http://pampeandoytangueando.com/historia/el-tigre-de-los-llanos-i/

About author
César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.
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