El Tigre de los Llanos (I)

Quiroga -  retrato de Octavio Calvo
Quiroga – retrato de Octavio Calvo

 “La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira”. Jean-François Revel

Resulta muy interesante el artículo de Carlos Franz sobre Juan Facundo Quiroga “El Tigre de los Llanos” en la serie “MALOS DE LA HISTORIA” (publicado en “El País Semanal” del 18 de diciembre de 2005), aunque debo advertir que adolece de alguna inexactitud que no creo achacable a un desconocimiento de la historia ni a mala fe; pero cuando menos a una sutil interpretación personal de lo que se entiende por ‘vacío de poder’. Posteriormente a su lectura, en un viaje a la Argentina tuve ocasión de leer el artículo de Claudia Selser titulado “Facundo Quiroga ¿entre los peores?” que se complementa con el anterior (Revista “Viva”, diario Clarín, Argentina, febrero de 2006).

En los años que se relatan la República Argentina, heredera de lo que fue el Virreynato del Río de la Plata aunque bastante desmembrada, daba los primeros pasos, eran los primeros balbuceos de un país neonato que aún no había encontrado su organización definitiva, que estaba dividido territorialmente en provincias, cada una con un gobernador electo o de facto: Francisco “Pancho” Ramírez en Entre Ríos (más tarde Pascual Echagüe), Ibarra en Santiago del Estero, Bustos en Córdoba, Facundo Quiroga en La Rioja, Estanislao López en Santa Fe, Manuel Dorrego en Buenos Aires (éste sería fusilado por Lavalle el 13 de Diciembre de 1828 y, desde 1829 a 1833 asumiría el gobierno Rosas) y que constituían una Confederación de Provincias: primero llamada Provincias Unidas del Río de la Plata y posteriormente Confederación Argentina; no había por lo tanto un gobierno central, había una forma de gobierno distinta, en la que cada Provincia era gobernada de manera autónoma, constituyendo esa Confederación.

Posteriormente en el año 1835 la legislatura de la Provincia de Buenos Aires nombró nuevamente gobernador al Brigadier General D. Juan Manuel de Rosas, invistiéndolo con la suma del poder público, y asumiendo por delegación de las restantes provincias el manejo de las Relaciones Exteriores. Y se puede afirmar que en ese entonces había en realidad un exceso de poder concentrado en una sola persona que tuvo que soportar varios frentes potencialmente conflictivos: Rosas, que no aceptaba la desmembración territorial, nunca reconoció las independencias del Alto Perú (Bolivia) ni del Paraguay.

Sostuvo una pugna durante años con las 2 potencias marítimas más   grandes del mundo  -Francia e Inglaterra-

Las masas y las lanzas - Jorge Abelardo Ramos
Las masas y las lanzas – Jorge Abelardo Ramos

que pretendían la libertad de navegación en los ríos interiores de la República y a la cual se opuso Rosas con tenacidad, viendo reconocida y aceptada su política por las potencias mencionadas (lo cual le valió el regalo del sable corvo con el que el General San Martín libró su gesta emancipadora, por su defensa de la Soberanía Nacional). Y apoyó durante los 9 años del asedio de Montevideo (ciudad que mereció por esto el nombre de la Troya de América) a las fuerzas orientales al mando del uruguayo Oribe; ciudad que muy previsiblemente hubiera sido tomada de no mediar la figura del General José María Paz en los momentos más críticos de la defensa.

¿Se puede afirmar que en esos años había vacío de poder, con el enorme poder que disponían los gobernadores, y posteriormente con el que disponía Rosas?. Creo que lo antedicho, si bien es un compendio breve, resulta suficiente para demostrar lo contrario.

En cuanto a las otras 2 patas del trípode mencionado en el artículo, cabe recordar que Estanislao López era Gobernador de la Provincia de Santa Fe, habiendo aprendido sus tácticas guerrilleras (al igual que Facundo) del primer caudillo montonero, el General uruguayo Gervasio Artigas, que por ese entonces y hasta su muerte se encontraba exiliado en Paraguay con la anuencia de su dictador, el Doctor Francia.

Facundo aprendió de Artigas no sólo las tácticas guerrilleras sino los actos de crueldad a que era afecto Artigas, entre ellos el “enchalecado” que el autor menciona en su artículo, es decir que cosía a sus víctimas dentro de un RETOBO de cuero fresco y los dejaba abandonados en los campos condenándolos  a una muerte lenta y horrorosa al irse secando el cuero y comprimirle el cuerpo.

Pero para que Facundo sea verdaderamente un “malo de la historia” haría falta detallar algunas más en el listado de sus barbaridades, que dicho sea de paso le duraron muy pocos años pues se encontró con ese luchador en más de 40 años de la historia Argentina, el anteriormente mencionado “manco” José María Paz que lo derrota sin atenuantes en las batallas de La Tablada (23 de junio de 1829) y Laguna Larga (Oncativo, 25 de febrero de 1830); después de ésta última Facundo huye a Buenos Aires y ahí se termina su trayectoria de poder, como lo tengo muy bien explicado en un ensayo aún inédito.

Batalla de la Tablada. Óleo. Ernesto Palacios
Batalla de la Tablada. Óleo. Ernesto Palacios

Como dije anteriormente Facundo era muy fecundo en atrocidades, como que muy pocos se atrevían acudir a su presencia como parlamentarios del ejército enemigo: los mandaba fusilar en el acto, sin escucharlos, tal cual sucedió al Mayor Tejedor enviado por Paz durante la batalla de La Tablada.

Con respecto al juego hay que reconocer que nunca perdía; claro que jamás permitía a nadie dejar de jugar si iba ganando, pues como disponía del dinero de las arcas públicas para apostar cuánto quisiera, obligaba a jugar 2 o 3 días seguidos si era necesario hasta que finalmente ganaba él.

No era menor el uso de la fuerza y las amenazas para obtener el favor de las mujeres, que se arriesgaban a perder la propia vida y de la familia si se negaban a sus requerimientos (como también vejaciones de todo tipo, ruina económica, etc.) no importando cuan encumbrada estuviera la víctima en la escala social, política o económica.  Un  caso conocido es el de la sobrina de uno de sus principales oficiales, el General Villafañe, que sufrió su acoso de tal modo que solo se pudo librar del mismo huyendo a un convento de monjas en Tucumán.

Para un personaje como Facundo, la leyenda se prestaba a creencias populares muy arraigadas entre sus seguidores, como que su caballo Moro era su confidente y consejero; y que tenía escuadrones de hombres que cuando se los ordenaba se convertían en fieras (los famosos “Capiangos” que se convertían en tigres).

Tras su exilio en Buenos Aires poco más le duró la vida a Facundo, pues como titulara Borges uno de sus poemas, “El General Quiroga va en coche al muere”. Desde su prisión en Luján, el General Paz vio pasar el lujoso y estrambótico carruaje fúnebre que llevaba sus restos a Buenos Aires, tras ser asesinado en “Barranca Yaco” por orden de los hermanos Reynafé.

Cronopio

César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.

4 comentarios sobre “El Tigre de los Llanos (I)

  • el 4 octubre, 2013 a las 16:55
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    Por demás interesantes tus dos artículos….aportan datos valiosisimos….en el caso de los nombres, para acumular saberes…y en el caso de Facundo, para presentar otra cara….
    Felicitaciones por esta labor investigativa
    Raul

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  • el 4 octubre, 2013 a las 22:02
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    Hermoso texto, en los libros de historia del secundario nunca se dieron detalles, y yo siempre tuve pena por el Tigre de los Llanos,
    pero ahora tengo un poco más de luz sobre este “malo” de la historia. Nélida Caracciolo

    Respuesta
  • Pingback: El Tigre de los Llanos (y II) » Pampeando y Tangueando

  • el 24 octubre, 2013 a las 22:10
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    Solamente agregar qué estudioso y creativo eres, hermano, bendiciones!!!!! Nélida

    Respuesta

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