A la vejez, viruela

Edward Jenner

La viruela, como la rubeola y el sarampión, son enfermedades producidas por virus. El nombre viruela proviene del latín varius (con el significado de variopinto o variado, referido a la granulación –pústulas- que aparecen en todo el cuerpo de la persona afectada). Durante varios siglos este virus que se cree apareció unos 10.000 años a.C. diezmó las poblaciones; en Europa en el siglo XVIII principalmente, grandes epidemias mataron a millones de personas.

La llegada de los europeos al Nuevo Mundo fue letal para sus habitantes, pues como los indígenas no tenían defensas naturales ante una enfermedad desconocida para ellos, diezmó notablemente su población. Fue loable en este sentido la labor de D. Juan Manuel de Rosas, distinguido como Miembro Honorario de la Sociedad Jenneriana de Londres por su preocupación en difundir la vacuna entre los indios.

En el caso que nos ocupa, el causante es el Variola virus que es muy contagioso y en muchos casos letal, pero desde 1980 se considera erradicada en el mundo  gracias a la vacunación: se inocula el virus atenuado en la niñez, de modo que al llegar a la edad adulta es improbable que se produzca la enfermedad, ya sea por estar vacunado o por inmunidad natural.

La vacuna fue desarrollada por Edward Jenner (1749-1823) aunque 90 años antes su compatriota Lady Montagu había observado en un viaje a Turquía cómo esta población, al pincharse con agujas impregnadas con el pus de viruela de las vacas no contraían la enfermedad, procediendo entonces a inocular a sus hijos. Cuando Jenner publicó su trabajo que se había inspirado en la observación de Lady Montagu, empleó el término  variolae vaccine por proceder el virus del ganado vacuno, y ahí se originó la palabra vacuna.

Juan Manuel de Rosas

Conociendo entonces el origen de la palabra viruela y de la palabra vacuna, llegamos a la comprensión del significado de la frase que encabeza el artículo, y en realidad es muy simple: desde el punto de vista patológico, de enfermedad, cuando un médico en su asombro dice, entre admirativo e interrogativo ¡¿A la vejez, viruela?! significa que desde la existencia de la vacunación esta patología solo puede darse en niños aún sin vacunar, pero no en adultos… a no ser que no se hubieran vacunado; cobrando en este caso visos de posibilidad. Como le ocurrió al “Tigre Millán”, en un tango que escucharán en la versión de Juan D’Arienzo con Mario Bustos:

Pero ¿y desde el punto de vista NO patológico? ¿Por qué, cuándo se aplica esta frase? Digamos que desde el punto de vista vivencial, de las “vivencias”, hay una traslación de la frase con la misma especulación admirativa-interrogativa: un ejemplo sería el de esa persona de avanzada edad que se enamora pérdidamente ¡¿a la vejez, viruela?! exclamarán sus allegados; o aquél otro que luego de una prolongada pausa en sus estudios universitarios los reanuda para, finalmente a los 80 años, obtener el título de abogado, médico o ingeniero, apareciendo como merecedor de la frase que tratamos, es decir que se convierte en una metáfora para dar a entender que “los frutos de una tarea o emprendimiento determinado, se cosechan tardes”, por lo que quiere remarcar la producción de un hecho que debería haberse producido en épocas más tempranas de la vida.

Colofón: viene a cuento lo antes dicho por lo que me sucedió en el fenecido año 2017, al obtener un triple reconocimiento: Declarar la Cámara de Diputados pampeana “libro de interés legislativo” mi obra “Pasión y Muerte de Nuestro Señor de las Pampas”. Obtener la distinción de “Ciudadano Ilustre” por parte de la Municipalidad de la localidad pampeana Uriburu. Ser nombrado en diciembre último “Académico Correspondiente” en León (España) por la Academia Porteña del Lunfardo.

Todo lo cual lleva implícita la frase entre admirativa e interrogativa, cuyo significado acepto y comprendo, por cuanto mis pre-ocupaciones personales (laborales, económicas, etc.) solo permitieron el desempeño de tareas que concluyeron en esos reconocimientos, cuando el calendario ya había deshojado varias primaveras.

De paso me complace mencionar a quienes en España comparten conmigo este compromiso para con la “Academia Porteña del Lunfardo”: Arturo Pérez Reverte en Madrid, Isaac Otero en Vigo (Galicia), Tauro Varela en Orense (Galicia) y Javier Barreiro en Zaragoza (Aragón).

¡Y ya me estoy yendo!

por César J. Tamborini Duca

Cronopio

César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.

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