Pampeando

Los gauchos

“Lo dijimos al pasar. Y también dijimos que eran buenos o malos. Lo segundo pertenece a la leyenda, el cronicón: Juan Moreira, Pastor Luna, y hasta Santos Vega, de quien alguien fabricó un matrero y otros lo transformaron en el armonioso zorzal del campo nuestro. Si el gaucho fue bueno o malo, incúlpese su cualidad al medio en que vivió y la justicia que se le administraba. Martín Fierro (José Hernández) lo ha dicho en versos eternos. Ser gaucho era ser perseguido por la justicia. Y eso, ¿por qué? Pues porque era libre, libre como el viento, como el camalote que zafó su raigambre y va y viene conforme al rumbo de las corrientes que lo llevan o lo traen; como los pájaros.

“Producto natural del suelo -como todos los seres del desierto verde- la libertad era su mística instintiva y la ley su enemigo ¿Y cómo no, si la ley le quitaba la tierra, lo esclavizaba, lo obligaba a servir? No era tan ignorante el gaucho que no comprendiera la necesidad de una mejor organización social. Dueño, desde que vio la luz, de la tierra, el aire y el agua, no declinó jamás su derecho a lo que le era consubstancial.

“Si la ley se oponía a lo que consideraba -y era- su derecho, si la ley le retaceaba o pretendía reglamentar lo que era suyo, el gaucho tenía que estar, si no en abierta rebeldía, por lo menos en contra de la ley, temiéndola, escapándole, o trabándose con ella en lucha sin cuartel. El gaucho malo de la leyenda, por lo regular, no fue más que eso: un criollo ignorante aunque con buenos sentimientos y principios heredados, instintivos o adquiridos en las estancias. Sobre todo instintivos. Pero ¿no se defienden y atacan hasta las alimañas acorraladas?

“De pronto un día de Mayo, les llegó una voz nueva que despertaba en ellos eco profundo, tremenda resonancia. Venía de Buenos Aires, Córdoba, Chuquisaca, el Tucumán, Santiago de Chile… Voz clara, viril y potente que resonaba en caminos y atajos. Hablaba del derecho de los criollos sobre la tierra donde nacieron, del comercio libre y otras cosas más… Había palabras un poco difíciles de entender -razones legales-; pero en el fondo era eso: la tierra debe ser para el hombre que ha nacido en ella, donde sufre y trabaja, donde nacieron sus hijos, donde enterraron a los padres a falta de cementerio muchas veces.

“Tierra sagrada. El gaucho estuvo, desde luego con los que hablaban así, en su propio lenguaje. Cuando fuera preciso jugarse contra los otros -la ley, los mandones, lo que fuera-, allí estaban ellos dispuestos a rendirles la vida a punta de facón, o atarlo a la tacuara convirtiéndola en lanza para pelear de a caballo. Como y donde fuera: todo menos aceptar y sufrir la esclavitud”.

(“La Semana de Mayo de 1810”, Crónica compilada por Vicente Fidel López. Editorial Atlántida,

Buenos Aires, 30 de marzo de 1960, pág. 23 a 25).

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“La situación del gaucho empeorará una vez aniquilados los caudillos no sólo porque los malones, que se habían iniciado al agotarse el ganado cimarrón, se vuelven más terribles y frecuentes, sino porque se multiplican las levas, las disposiciones persecutorias, la expoliación. El gaucho cambia de residencia, huyendo de trabas y castigos o se vuelve “matrero”. Pero cuando la pampa surcada de alambrados no es más su hábitat, el progreso lo vence y sólo sobrevive en tipos como el del resero o se convierte en el orillero de las ciudades.

[María Taboada, Prólogo, pág. III – “Santos Vega y Fausto”, Hilario Ascasubi y Estanislao del Campo, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, mayo de 1993]

César J. Tamborini Duca

Académico Correspondiente para León

Academia Porteña del Lunfardo

Academia Nacional del Tango

About author
César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.
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