Relato de Magoyita (II)

Colorao Magoyita‘Nesta ocasión el arrejunte se hizo en un galpón ma’ lujoso, se hizo. En el “Trip” que pa’ mí que era abrevadura [el Colorao quiso decir abreviatura o apócope] de tripa, porque sólo de pensar lo bien que se morfaría ayí me hace ruido la tripa, me hace. Si viera la entrada, toda enyena de luce, toda alfombrada, y un mostrador grandioso atendido por una minushia; pero  estuve ojeando y no se veían botellas de caña, ni grappa ¡ni siquiera anís “8 Hermanos”, que tanto le gustaba a mi viejita, la “Muñeca”!, sólo yaves en un tablón de madera detrás de la paica. Mulatona ella. Al final del corredor  una pieza enorme, con butacas en todo el patio y alrededor mesitas (capá que luego habría morfi, habría); mucho garabito y percanta… y pensarían que estaban el “el Colón”, pensarían: todos pitucos, con brillantina en el pelo, encorbataos y con timbos de charol lustroso; nada de alpargatas ni zapatillas “Naique”.

Entre otros cosos estuvieron el Alberto, que fue “presi” (no, presidiario no; capo) de no sé qué sociedad de malandras en León; el “negro” Daniel que pa’ mí era su guardaespalda porque además es rosarino (jo, “la Chicago Argentina”); cada uno con su respectiva nami. La Amelia y el Arturo, pareja de yollegas milongueros canyengues  que envidiaría más de un farabute rioplatense (en la próxima y pa’ dar ma’ estampa milonguera deben venir pañuelito al cuello y “Massera” requintado él, vestido de percal eya). El Marcelo que debe tener más guita que Canaro porque se bancó el alquiler del galpón y hasta se trajo un “corretor” ¿pa’ qué?. Además apropiscuaron cafhisios y milongueros de otros andurriales: de Valladolid, de Gijón (Alejandro y Umbe, milongueros profesionales y profes de tango)… hasta de Madrid se vino María Dolores, una papirusa que era no sé qué cosa de no se quién (entre nosotros, y no le vayan con el batimento a mi “pior es nada” porque se me cabrea, la flaca está rebuena) y milongueaba que daba gusto verla.

Se echamo en falta 4 o 5 cusifai más ausentes con aviso: el Aldiser que si lo dejan hablar se morfa el micrófono; el Juan Sosa, cantor mundial (esas milongas “A Don Nicanor Paredes”, “Jacinto Chiclana”, espetacular); la Alicia Marino, nietísima de Alfredo Marino, del Ciruja (la gomía de Malevo, esa de “la faca en la liga”); y el actor ese de la vos “importada” [impostada Colorao, IMPOSTADA] que la chamuya lunga en Radio de Tango (“Una Noche Inolvidable”), Carlos Fernández; y unos cuantos reos más que no menciono pa’ que no me se sulfuren.

Dentró Malevo desde el camarote [camarín, bestiún. Seguro que Marcelo a Magoyita le paga más que a mí que tengo que hacer las correcciones. A ver cuándo nos pagan a los correctores como corresponde a nuestra abnegada labor] de atrás cantando “Las Cuarenta” ¿te imaginá? “Con el pucho de la vida…” Se olvidó decir que pucho es… es algo así, una cosita de algo, como  lo que queda al final de fumar un cigarrito, un pucho. Despué se inventó una cuarteta pa’ nombrar al lungo Pantaleón… se me puso la carne de gallina de pensar que luego se armara una trifulca como en “La Podrida”, esa que cantaba Jorge Vidal; áhi me prendía.

Relato Magoyita

De entrada nomá me parece que metió la de andar, porque cuando dijo “me se seca la boca” todo el bacanaje se riyó. Lo primero mencionó “introito”; yo no entiendo mucho pero parece que a la gente fina le está permitido decir estas malas palabras, estas cochinadas en público [¡!]. Despué parló del hambre de la hembra por el hombre ¡pero eso es en todos los animalitos de Dios! Las pavadas que dijo después sobre el tango, los bailarines y que París es una villa ¿te imaginá? Una villa miseria en el cuore de la Uropa (“Tangoville”, paparulo).

Meno mal que despué vino lo lindo, “El Ciruja”: lo despechugó todo, letra por letra; yo me la conocía toda esa historia, si me crié por áhi, “a papá mono con banana verde”. Al final lo cantamo todos, lo cantamo ¡como si fuese el Himno! Despué tuvimo el “taller de tango”  que ditó el garabo Alejandro y la pebeta  Umbe, despué de lo cual tuvimo un descanso como pa’ ir a humedecer el garguero en la cantina que estaba en una esquina del galpón. Comenzó la milonga y esta vez me prendí porque una jovata me hacía caída de ojo, me hacía.

La Milonga
La Milonga

Malevo aprovechó la ausencia con aviso de su jermu pa’ milonguear toda la noche con las minas del convoy: con la torda yollega, con una mulata venezolana, con la flaca madrileña, y…varias más. Ja, parecía que estaba vareando pal Carlos Pellegrini; y dele chamuyo. Me río solo de pensar que si estaba la Ña Patricia lo mandaba a barrer la pieza, como al otario de “As de Cartón” (despué que no diga que hablo pavada o que estoy macaneando o metiendo púa porque lo vi con estos ojos que me alumbran).

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Al otro día había morfi en casa del Malevo y Ña Patricia, todos los reos invitados al asado. Yo no fui porque no habría chinchulines, con lo que a mí me gustan. Que no piense Malevo que no fui por miedo; que si me busca me encontrará. En Lonquimay, en Veguellina y hasta en Rosario, pa’ que vea que no me le achico. ¿Vo sabé lo que es Rosario? Preguntá a los “turcos” “Edu el Aldi” y “Edu el Sibi” [¡qué bochornoso! Si será bruto burlándose así de esos dos caballeros, prestigiosas figuras del tango, Eduardo Aldiser de TANGO AL MUNDO y Eduardo Sibilín de HERMANO TANGO]. Endemientras  me las piro hasta la próxima …si no me prohíben la entrada.

http://pampeandoytangueando.com/tangueando/relato-de-magoyita/

Cronopio

César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.

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