Cuarta charla sobre lunfardo: Yira-yira (I)

 

Pobre minushia tanguera

que al escribir en finura

no percibe la locura

de esta jerga canfinflera.

4ta. charla lunfardo. imagen discepoloA todos los presentes en esta ocasión en que dictaré mi cuarta charla sobre lunfardo, no me cansaré de reiterar su significado, decirles que lunfardo proviene de lunfa que significa preso, y por lo tanto establecemos que lunfardo es el lenguaje de los presos, es una lengua carcelaria de la cual ya había explicado sus motivos. Ahora bien, ustedes se preguntarán si en Argentina, en Buenos Aires, se habla el lenguaje de los presidiarios, y yo les digo terminantemente NO. Lo que se habla es el lenguaje coloquial argentino que a mí, por darle un nombre, me gusta denominar “mester de lunfardía” o simplemente “lunfardiada”.

Porque no hay ninguna duda que incorpora muchas palabras del lunfardo, pero está enriquecido con palabras del habla gauchesca (o “mester de gauchería”) que a su vez tiene su origen en la cópula entre el español arcaico (el “mester de juglaría”) y el mapudungu, lenguaje de los aborígenes de la pampa. Pero un idioma no reconoce fronteras, más  aun tratándose de un país cosmopolita como el nuestro, y las distintas corrientes migratorias aportaron palabras de sus países de origen, de las cuales ya les había mencionado algunas.

Pero también deben tener en cuenta que este no es un fenómeno solamente argentino, estamos en España y convivimos con palabras que no se corresponden con la pureza del español, porque las lenguas son entes vivos, ya les expliqué la charla anterior sobre el origen y significado de la palabra gilipollas, también les mencioné “La Esfinge Maragata” de Concha Espina en la que encontramos palabras habituales en el mester de gauchería y en el de lunfardía,

Discépolo y "Mordisquito"
Discépolo y “Mordisquito”

por ejemplo ansí, agora, guita; Concha Espina nos dice

¡”Ansí es la vida”!   Y en otra parte  “…poca guita en el bolsillo”.

También en la época de la Guerra Civil, un área proletaria y pobre de Teruel se llamaba “El arrabal”, como si fuese el “Arrabal Amargo” que nos cantaba Carlitos. Hay otros ejemplos, y para confirmar la similitud entre la jerga española y la lunfardiada argentina, les traigo palabras de un reportaje efectuado en “El País de los Domingos” (19 de agosto de 2012, pág. 10) que es muy ilustrativo y trata de la fuga de 45 presos de la cárcel “Modelo” de Barcelona el 2 de junio de 1978:

Uno de estos ex presos dice: “paré el primer coche que venía y me piré”, significa que se fue. PIRARSE, que también tenemos en el lunfardo y proviene del caló, con distintas morfologías: piracusar, pirajusar, pirajushiar, todas significan lo mismo. Y un Inspector del Cuerpo Nacional de Policía agrega “Y el que no se piró, es porque le dio canguelo”; esta palabra proviene de la germanía y significa miedo, temor, y es otra palabra existente en el lunfardo.

Repetiré también que el vehículo que propició la propagación de este lenguaje en la Argentina fue el tango, por eso en cada una de las charlas desmenuzaré alguno para hacerlo comprensible. El que preparé para esta ocasión es muy interesante, y a mí me pareció conveniente hablar primero de su autor, uno de los más emblemáticos en la vertiente del tango que interesa en nuestro estudio. Enrique Santos Discépolo Deluchi nació en Balvanera el 27 de marzo de 1901, hijo de Santos Discépolo, violinista italiano que murió en 1906, y de Luisa Deluchi fallecida en 1910. Murió con solo 50 años, el 23 de diciembre de 1951, pocos meses después que su gran amigo Homero Manzi que murió el 3 de mayo del mismo año.

Con la muerte de sus padres, fue su hermano mayor Armando –gran dramaturgo del grotesco rioplatense- quien lo guio por el camino del arte. Prolífico camino no solo en la creatividad tanguística, de la que algunos comentaristas engloban sus tangos como páginas cómicas. José Gobello explica que humorismo y comicidad no son la misma cosa: la comicidad busca divertir, hacer reír; el humorismo pretende hacer pensar. En “Todo Tango” de José Gobello seguimos  leyendo donde manifestaba que Discépolo al mencionar sus tangos más recientes –Uno, Secreto, Canción Desesperada- decía: “Todos ellos son de fondo dramático: esto confirma mi profunda convicción de que el tango, nuestro tango, es de esencia dramática. Cómicos exclusivamente no tengo más que uno, JUSTO EL 31”. Aunque tampoco los consideraba dramáticos sino grotescos, cosa que él explicaba diciendo que eran “tangos de forma cómica, pero de fondo serio”.

Partitura tango Secreto

El tango “Canción Desesperada” que les mencioné, fue escrito en 1944 inspirado en una visita a Mallorca cuando al pasear entre los claustros del Monasterio de Valdemosa, recordó la historia trágica de amor vivida allí en parte por George Sand y Chopin.

¿Cómo nació “Secreto”? Resumiré las palabras de Discépolo en su ciclo “Cómo nacieron mis canciones”  de Radio Belgrano en 1947: “Yo viví minuto a minuto el pequeño drama de Secreto. Es el drama de un hombre. De un fraternal amigo. Era un hombre simple, bueno, sin problemas mayores. No era ni rico ni pobre. Hombre maduro ya, conoció y casó con una mujer que no era ni linda ni fea. Una de esas mujeres que nacieron para casarse y para tener hijos… El caso de mi amigo era vulgar, el de tantos. Tenía su mujer, su casa, dos hijos. Vivía. Llegaba a nuestro grupo trasnochador muy de vez en cuando, pero se retiraba siempre a una hora discreta…

Hasta que sucedió lo que tenía que suceder. Es decir, lo que no tenía que suceder… conoció a otra mujer y se enamoró de ella como un cadete de tienda… Tal como la canción lo señala, ‘su vida sagrada y sencilla como una oración, se transformó en un bárbaro horror de problemas’… Y como todo lo profundamente dramático está casi apoyado o rozando lo cómico, el problema ridículo lo señalaba su mujer, la auténtica… Porque ella, ignorante de la tremenda tormenta en que el hombre se debatía, intentaba curarlo creyéndolo enfermo… ¡Lo suponía embrujado!…

Julio Sosa – Secreto – YouTube

Recuerdo que una vez fui con urgencia por mi amigo. Estaba dispuesto a matarse. Hube de luchar a brazo partido para despojarlo del revólver, mientras la pobre señora echaba frente a la puerta de la habitación donde estábamos unas bolitas, como de naftalina. ¿Qué eran? ¡Qué se yo! ¡Algo que le habrían aconsejado para mejorar a su esposo! Y la verdad es que si a su esposo no lo mejoraron, a mí casi me matan. Porque después de la escena interminable que tuve con él, hasta que me entregó el revólver, salí atolondrado, no vi las bolitas… las pisé… y fui a parar contra el piano que quedaba como a cinco metros… Secreto nació así, amargo y doloroso como ese amor de mi amigo, que yo no viví, pero que me dolió, que me duele como los versos al poeta: Cada vez me cuestan menos. Por eso me duelen más…”   

Discépolo siempre tuvo inquietudes sociales y políticas. Su tango “¿Qué sapa, Señor?”  de 1931 contiene clarísimas alusiones a la proclamación de la República Española el 14 de abril de 1931: “Los reyes temblando remueven el mazo / buscando un yobaca para disparar / ¿Qué sapa señor, que ya no hay Borbones?”.

Recordaré finalmente algo que quiero interpreten como historia y no como política. Leo lo siguiente que extracté de la Revista Argentinos de León” nº 3, de febrero de 2008: “Cuando se produjo la Revolución Militar del 4 de junio de 1943 la élite intelectual fascista cuyo máximo exponente era Gustavo Martínez Zubiría (excelente escritor, por otra parte, conocido como Hugo Wast), nombrado Ministro de Educación y Justicia, quiso desterrar el lenguaje coloquial argentino aplicando la censura sobre determinadas palabras lunfardas prohibiendo su difusión en radios y cines, y fundamentalmente en las letras de tango. De resultas de ello y tras la Resolución 06869 del 14 de Octubre de 1943 se modificó el título y las letras de muchos tangos” ya les mencioné algo sobre eso anteriormente.

Una estrecha amistad unía a Perón y Evita con Discépolo, que acudía a cenar con ellos frecuentemente. Eso facilitó que Perón derogara esa censura tras una entrevista con Homero Manzi y Discépolo, enviados por SADAIC con ese propósito.

Ocurrió en alguna ocasión que esa censura perdurara –tal vez inconscientemente- en algún autor popular. Si leemos

Homero Manzi
Homero Manzi

“Calles de Tango” (Bernardo Verbitsky, 1953), menciona uno de los títulos de tango preferidos por Tito (que protagoniza el relato como cantor de tangos) llamándolo “La casita de mis padres”  en lugar de su título verdadero, el antes prohibido “La casita de mis viejos”; a ese protagonista, al decir de Verbitsky, le gustaban las acuarelas de arrabal, las letras descriptivas de Manzi en las que se siente vivir un barrio, una calle, un recuerdo, y seguía entonces acortando la noche con “El Pescante”  y hasta se atrevió con la nostalgia hecha tango de “Sur”  (del que consideraba que nadie más que Rivero debía cantarlo).  En cambio otro protagonista, Domingo, “únicamente aceptaba guapos desafiantes increpando sarcásticos a las minas que dejaron su vida humilde por las ‘pretensiones’, los tapados de piel y la ‘vida de placeres’ financiados por el otario de turno”. A esas minas se las denominaba “yiros”  (por el “girare” italiano) porque daban vueltas (“yiraban”) en busca del gilastrún apropiado; pero también tiene otras acepciones, como veremos luego.

 Posteriormente Discépolo, el mismo año que se produciría su muerte (1951), fue invitado a participar en un programa en Radio Nacional. En él elaboraba un diálogo con un interlocutor llamado “Mordisquito”. Su claro contenido político favorable al peronismo donde desgranaba vivencias, describiendo el aprovechamiento de algunos opositores que abusaban con astucia de circunstancias del momento para recibir beneficios, le granjeó muchos enemigos, e incluso la enemistad de algunos amigos.

Y llegamos por fin al tango del que quiero hablar, con unas palabras del escritor Nicolás Olivari: “El autor de Yira-Yira había sido el perno del humorismo porteño, engrasado por la angustia”.

http://pampeandoytangueando.com/tangueando/cuarta-charla-sobre-lunfardo-yira-yira-y-ii/

continuará

Cronopio

César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.

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