Tangueando

Con Permiso, soy el tango (XVI). La más bonita del barrio

Tangueando

Con Permiso, soy el tango (XVI). La más bonita del barrio

Mina cruel que al pensar que estoy metido

en tormentoso amor, espúreo y reo,

no querés responder a mi verseo

sin importarte el sentimiento herido.

Por seguidora y por fiel

Por seguidora y por fiel

LA MAS BONITA DEL BARRIO (Recreación del tango “Por seguidora y por fiel”)

El tano vivía en el barrio casi desde su fundación, cuando durante la gran guerra decidió emigrar a la Argentina y compró a plazos uno de los terrenos del fraccionamiento de la quinta del vasco Eyzaguirre. En el barrio era muy buscado por su oficio de albañil y, como el trabajo abundaba y era “ahorratrice” como solía decir, en poco tiempo pudo construirse su casita y enviar el billete para que su querida mujer se le reuniera en esa zona de Parque Patricios, en dirección al oeste.

Fue así como Luiggi y Carmiña engrosaron el censo poblacional criollo, incrementado al año y medio de su reencuentro con el nacimiento de Esther, ‘Esthercita’ como decía el tano llenándose la boca con su nombre y desbordando su orgullo en sonrisa plena de cariño. Ella y Carmiña colmaban su vida de luchador y no aspiraba a otra cosa más que a la felicidad de ambas.

Como sucede inevitablemente en la vida Esthercita fue creciendo, dejó atrás la niñez para convertirse en una preciosa adolescente, sus piernas tomaron forma y al alcanzar el nacimiento de la espalda se interponían dos eminencias como de fruta apetecible, brisco sabroso que admiraba la muchachada del barrio; sus senos turgentes parecían querer hacer saltar el segundo y tercer botón de su blusa, y como su rostro, enmarcado en su rubia cabellera peninsular parecía la perfección esculpida por eximio escultor renacentista, todos decían de ella que era ‘la más bonita del barrio’.

Ella lo sabía y se sentía halagada cuando percibía que las miradas de los reos que se reunían en la esquina del boliche, seguían el movimiento cadencioso de sus caderas tangueras; porque Esthercita, como criolla y porteña, era asidua concurrente de las milongas que se armaban los sábados en los salones sociales de Barracas o de Parque Patricios. Ahí fue donde conoció a Jorge, criollo de segunda generación y bailarín compadrito que, al compás de tangos y milongas le enseñó las florituras del ‘8’ y ‘la sentada’ y les permitieron ganar el trofeo de la mejor pareja de tango en los carnavales de 1935. Ella tenía 17 años y de ahí al enamoramiento el paso era muy corto.

La más bonita del barrio

La más bonita del barrio

El compromiso y la entrega de anillos fue motivo para que el ‘tano’ no escatimara ahorros para hacer una fiesta que daría que hablar mucho tiempo en los corrillos de la vecindad, casi todos participantes del acontecimiento.

Pero el malevo del barrio, pendenciero y reconocido ‘cuchillero’ en trifulcas callejeras y en bodegones de mala fama, se había encaprichado con la percanta de ojos azules y no dejaba escapar ocasión para piropearla y seguirla, acosándola con su chamuyo arrabalero, esperándola en la esquina cuando se dirigía al almacén, “haciéndole el tren” en su afán de conquistador que no admitía réplica y que, de ese chamuyo verseador e incluso suplicante, pasaba a la amenaza directa cuando se estrellaba en la muralla de la incorruptible fidelidad al garabito que conquistara el sensible corazón de la minushia.

Hasta que un día se produjo el infeliz desenlace y el reo, viendo la imposibilidad de lograr sus eróticos designios, dio cumplida culminación a sus amenazas utilizando el mejor lenguaje que conocía: el del cuchillo. Desde ese día un barbijo casi de oreja a oreja adorna la cara de la que fuera la más bonita del barrio, de la que luego dirían que le ocurrió “por seguidora y por fiel”.

[audio:Por seguidora y por fiel.mp3]

 

Por seguidora y por fiel.

                                                                       Esteban Celedonio Flores

La más bonita del barrio
salió para el almacén
sintiendo que a su costado
alguno le hacía el tren.
Palpitó el apuntamento
y los pasos apuró
quiso correr pero el mozo
entró a jugar y copó

Tenorio del suburbio que está engrupido
que por él, las pebetas viven chaladas.
y alardea de triunfos que ha conseguido
con mujeres, en timbas y a puñaladas.
El barrio lo respeta y entre la barra,
lo que él diga, se puede dar por sentado;
bailarín y buen mozo, sale de farra
y corre con los gastos organizados.

Pero a la moza su fama no lo puede entusiasmar
hay otro a quien ella ama y no le puede fayar.
Y aunque en varias ocasiones airada lo rechazó,
él sigue en sus pretensiones porque jamás se achicó.

Y él le pide de nuevo que sea buena,
que ponga sol de amores en sus mañanas,
que vea cómo sufre su enorme pena,
sin tener el consuelo de una esperanza…
Y viendo que ella no le contesta,
hace cruz con los dedos que después besa.
«Pensalo bien -le dice- sino por ésta,
te marcaré la cara de oreja a oreja».

Y una noche hecha de luna se entristeció el arrabal…
sintética noche triste de crónica policial.
Porque la horrible amenaza se cumplió cobarde y cruel:
la moza lleva una marca por seguidora y por fiel.

About author
César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.
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