Pampeando

Cocina ‘e chacra

 

pintura de Carlos de la Torre

pintura de Carlos de la Torre

A la memoria de mi tío Celestino “Chichí” Duca

Como en nuestra Argentina tierra el campo y la ciudad tienen un punto de encuentro en el límite marcado por la línea exógena de la ciudad –el arrabal- adonde concurren por un lado el arrabalero que por sus escasos recursos e instrucción es expulsado de la zona céntrica, y por el otro aquel campesino gaucho o paisano atraído por el brillo y las comodidades de la ciudad, en ese límite del encuentro entre el gaucho malo y el compadrito, ejercitados en el coraje del puñal, coexistieron la milonga surera con su mester de gauchería, y el lenguaje “carcelario” del lunfardo para entremezclarse y generar el mester de lunfardía  y los primeros tangos que en muchos casos eran estilos camperos como se comprueba en las primeras grabaciones de Gardel, de Ignacio Corsini y tantos otros.

Ese canto surero generalmente estaba constituido por décimas y uno de sus autores –muy poco conocido- fue Luis Domingo Berho, de la zona de Cañuelas (en la provincia de Buenos Aires y muy cercano a la ciudad capital). Aparentemente no editó ningún libro, y las décimas que circulan son probablemente reproducidas de algún libro o revista especializada que contienen temas de él.

Obra en mi poder DE MI GALPÓN, un pequeño fascículo que, conociendo mi afición por el campo y las letras, me obsequió hace unos años un mi tío de nombre Celestino Leandro Duca, amigo y casi otro hermano mayor con el que anduvimos entreverados en cabalgatas hasta el pueblo, en la recogida del ganado vacuno al atardecer, y hasta en una cosecha de trigo en la que me tocó manejar el tractor. (La foto es de mi papá, años ’30 del siglo pasado).

"Pichina" (Chiquito en lengua mapuche) Tamborini

«Pichina» (Chiquito en lengua mapuche) Tamborini

Tendría yo unos 15 años y el tractor me superaba ampliamente en edad: era un viejo «Case» con ruedas todavía metálicas que desarrollaría no más de 2 o 3 Km a la hora; la lentitud exasperante y la calígina de los primeros días de enero aseguraban la modorra, pero cuando el tío apreciaba mi somnolencia, desde la plataforma de la cosechadora donde él recibía el grano y cosía las bolsas de arpillera, me arrojaba con fuerza un puñado de trigo, suficiente para despertar nuevamente mi atención.

De ese fascículo elegí para esta ocasión “COCINA ‘E CHACRA”, en la que parece que don Luis Berho estuviera describiendo la cocina que me acogió en mi infancia en el campo de mi abuelo José Duca, y en mi primera juventud en lo del tío «Chichí»: la mesa tioca, el banco largo, la cocina económica… pero no la muerte de Lencina, a pesar de lo cual se lo evoca en mi poema https://pampeandoytangueando.com/poesia/milonga-de-un-punal-pampa/ Recuerdos y más recuerdos, de los que también se vive.

Antigua cocina

Antigua cocina

 

COCINA ‘E CHACRA (Luis Domingo Berho)

Cocina vieja cocina

Que jué de siete por cuatro,

Lugar donde fuera el teatro

De la reunión campesina.

Hoy mi mente te imagina

Y al tiempo lo he desandao.

Y ya me veo parao

Allí mismo donde estabas

Y ese lugar que ocupabas

Hoy es potrero pelao.

Aquí se habló de las trillas,

Del tiempo y la maquinaria,

De los rindes por hetaria

Y las clases de semillas.

Aquí estaban varias sillas

Dispuestas en derredor,

Y creo que sin error

Podría decir certero

Adonde estaba el aujero

De plantar el asador.

Aquí se afiló un cuchillo,

Por acá pasó el amargo,

Aquí estaba el banco largo

Bien lavao con el cepillo.

Estaba haciendo un martillo

Con la punta de la mesa,

Que era larga, tioca y gruesa;

Y estoy viendo el perro abajo

Pellizcando con trabajo

El resto de alguna presa.

Aquí jué la carcajada

Por la ocurrencia más cómica,

Aquí estaba la “económica”

Con su plancha bien fregada.

Aquí jué la choriciada

Y el baile con acordeón;

Aquí se colgó el jamón

Y la caña choricera,

Cerquita de la arpillera

Del cielo raso panzón.

Aquí se contó el suceso

De la muerte de Lencina

Esa tarde en que en la esquina

Estaban tirando el güeso.

El silencio más espeso

La alegría jué copando.

Aquí se arregló Servando

Con una de las muchachas.

Le lavó un par de bombachas

Y se las siguió lavando.

Aquí se sintió el olor

Que da la leña de vaca,

O el del guiso que se saca

Con paciencia y con amor.

Aquí se sintió calor

La noche más invernal,

Aquí se hacía el mensual

Al lao del fuego encendido,

Sobre algún callo partido

Su cura de “unto sin sal”.

Cocina vieja cocina

Que jué de siete por cuatro,

Hoy te ve como en un teatro

Mi añoranza campesina.

Como buscando tu ruina,

Después de güellas inciertas,

Por tus invisibles puertas

Penetro con paso tardo

Pa’ florecer como un cardo

Sobre tantas cosas muertas.

 

About author
César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.
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