Don Juan Manuel

Brigadier Rosas
Brigadier Rosas

Al pronunciar este nombre viene enseguida a la memoria el apellido de aquél que gobernó la Confederación Argentina durante 20 años, con mano férrea porque lo requería la época, con honestidad, consiguiendo el orden interno y la convivencia con las parcialidades indígenas que no se atrevían a romper los tratados de paz, establecidos límites fronterizos respetados por ambas partes.

Sin embargo la historiografía oficial originada a partir de la Batalla de Caseros del 3 de febrero de 1852 se ensañó con su figura y a partir de entonces nos inculcaban desde la más tierna infancia que había sido un tirano sanguinario. No obstante en las últimas décadas historiadores que enfocan el tema sin dejarse dominar por pasiones personales, indagando hasta donde les es posible por los vericuetos de la historia extraen conclusiones opuestas a las de sus detractores, que en muchos casos –los de su época precisamente- provenían de personas ambiciosas unas, mentirosas otras, las más de las veces injustas por interesadas o por venganza. “HABRÁ QUE ESCRIBIR SIN PASION LA HISTORIA DE ROSAS”.   Solo 3 o 4 ejemplos considero lo suficientemente representativos de lo expuesto anteriormente, figuras suficientemente conocidas en algunos casos como Alberdi y Sarmiento, otras no tanto como Rivera Indarte… mas otra que me reservo para el final.

Sarmiento.

Fue uno de sus más enconados enemigos, persona con sucesivas frustraciones desde muy joven cuando se le negó una beca para estudiar en Buenos Aires por no reunir los requisitos exigidos. Abrazando la causa federal en sus inicios, fue convocado en una leva para defender la provincia de San Juan, por su gobernador Manuel Gregorio Quiroga, probable tío suyo (el primer apellido de Sarmiento era Quiroga) no solo desobedeció el mandato sino que se quejó de aquel servicio y, según Ricardo Rojas, “hubo prisión por insolencias suyas”. Fue entonces cuando decidió emigrar a Chile y abrazar la causa unitaria.

Sarmiento (uniforme francés)
Sarmiento (uniforme francés)

Don Domingo expresaba en carta a Mitre que no importaba mentir si con ello se conseguían los objetivos propuestos. Y en sus últimos días confesaba “…aconsejando a los jóvenes historiadores que no tomaran al pie de la letra todo lo que él y otros emigrados habían escrito (sobre Rosas) en el dolor y en el rencor de la lucha” (“El Profeta de la Pampa”, Ricardo Rojas, p. 687 y 689); arrebato de sinceridad expiando solo parcialmente sus diatribas anti rosistas, y en lo cual me extenderé en otro artículo sobre el libro mencionado.

José Rivera Indarte (1814-1845)

Con sus intrigas se hizo acreedor para que una calle del Barrio de Flores lleve su nombre, pese a ser un reconocido delincuente. Escritor y periodista que hasta el año 1839 se preciaba de su ideología federal, llegando a redactar las estrofas del Himno de los Restauradores en 1835, y fustigando a los unitarios en sus escritos.

Cometió varios fraudes y estafas, lo que unido al robo de objetos de valor de la Iglesia Católica le valió el arresto con pena de prisión. Apeló entonces a Rosas creyendo que por su fidelidad al régimen sería indultado; vano intento pues Rosas no era persona de perdonar delitos por servicios prestados, su rectitud y honestidad se lo impedían; por lo que tuvo que cumplir su condena como correspondía.

Al finalizar la misma se radicó en Montevideo para colaborar con los unitarios y vengarse del Restaurador; atacó duramente a Rosas desde las páginas de El Nacional, y escribió su diatriba titulada “Tablas de Sangre”, recibiendo en compensación un penique por cada nombre incluido en la lista (es sabido que muchos nombres fueron inventados con el objeto de incrementar sus ingresos, otros eran muertos en circunstancias distintas a las proclamadas, pero la extensa lista fue invocada por los opositores a Rosas para falsear la historia). En total fueron 480 las muertes atribuidas al régimen rosista, lo que le reportó 2 libras esterlinas además de la satisfacción de la venganza.

Juan Bautista Alberdi

Es de sobra conocida la biografía de esta personalidad, que combatió a Rosas mientras éste gobernó, y se conocieron personalmente en Londres cuando Alberdi fue designado por Urquiza en el año 1854 Ministro Plenipotenciario de la Confederación Argentina ante distintos países de Europa. Basta con transcribir un párrafo del artículo “El legado dejado por Rosas” del Dr. Norberto Jorge Chiviló:

“Alberdi, comparándolo con otros exiliados, dirá de él: el único que lleva una vida digna y se tiene en una reserva llena de decoro y

Juan B. Alberdi
Juan B. Alberdi

honor. En una carta que Alberdi dirigió el 14 de agosto de ese año al yerno de Rosas –Máximo Terrero- le dice: …Nada más público y notorio que la honorabilidad con que lleva el General Rosas su vida de refugiado en el país de los libres… El ejemplo del General Rosas de refugiado digno, resignado, laborioso, en Europa, no tiene ejemplo sino en la vieja historia de Roma. Ningún general de los muchos que la ola de la revolución americana ha echado a las playas de Europa ha dado el ejemplo honroso del General Rosas. Solo él no ha conspirado para recuperar el poder ni ha hecho la corte a los Reyes, ni buscado espectabilidad, ni ruido. Sólo él ha vivido del sudor de su trabajo de labrador, sin admitir favores de extraños. Ni el mismo San Martín llevó con más dignidad su proscripción voluntaria. Es indigno y vergonzoso atacar a un hombre semejante y en semejante situación. (Periódico El Restaurador Año IX, nº 36, pág. 5).

El colofón de la opinión de Alberdi lo encuentro en esta frase: “Yo combatí su gobierno. Lo recuerdo con disgusto”. ¡Qué ejemplo de sinceridad!

Aún nos falta la opinión de otro personaje que no estuvo contaminado por las luchas políticas de los años previos a su arribo al país, lo cual singulariza lo expuesto en sus “Memorias” por su sinceridad. Se expone en el siguiente apartado.

Apuntes de nuestra historia

Un conocido personaje argentino de nuestra historia llegó al generalato sin haber participado en ninguna batalla (sólo el simbólico de escribiente que le proporcionó su amigo en la Guerra contra nuestros hermanos paraguayos), golpeando con insistencia las puertas de las altas esferas militares y gubernamentales hasta conseguir su tan ansiado grado de “general”.

Manuelita Rosas
Manuelita Rosas

Distinto fue el “Currículum” de Fotheringham. Sobre su argentinidad y su ascenso al generalato huelga decir que su primer contacto con las armas se produjo con la Guerra del Paraguay, que según él mismo establece en sus memorias no era bien vista por el conjunto de la población.

Conoció a Mitre y a Sarmiento, y fue amigo de sus compañeros de armas Julio A. Roca, Godoy, Racedo y otras notables figuras militares de la época, copartícipes de batallas; además de la Guerra del Paraguay participó en la guerra de fronteras, siendo además Gobernador en Formosa, una de las provincias del chaco argentino.

Lo que antecede sirve para trazar un paralelismo entre una prominente figura argentina, y un ciudadano inglés de nacimiento pero argentino por adopción, que llegó al país muy joven y al poco tiempo se enganchó a la milicia con motivo de la Guerra de la Triple Alianza, movido más que por vocación por juvenil espíritu de aventura. La vocación vendría después, cuando en el devenir del tiempo amó a su patria adoptiva y a su ejército.

ROSAS y el general Fotheringham

¿Cuáles son los antecedentes del general Ignacio Fotheringham? Inglés de nacimiento pero como mencionamos argentino por adopción y gran amor a ésta su querida patria adonde llegó en 1863, y desde 1865 a 1905 ascendió de Subteniente a General de División, terminó de escribir este libro en diciembre de 1908; pero al tratarse de un libro de “memorias” hay que remontarse a la fecha de su nacimiento y aún antes, al tiempo en que un normando después de la batalla de Hastings (1066) y con la orden de Guillermo para recorrer el país y traer víveres, regresó con abundante caza y forraje, haciendo exclamar al conquistador “Bien, Fodder and Game” (forraje y caza) y desde entonces ese Foddergame se transformó en apellido para él y sus descendientes, con el leve cambio en Fotheringham.

Nacido en Southampton en 1842 y con su proyecto de viajar a Australia en 1863, fue a despedirse de sus amigos Máximo Terrero y Manuelita Rosas, que lo convencieron para que se dirija a la Argentina, -“vaya a nuestro bello país y será feliz”.

En Buenos Aires visitó a la familia de Máximo Terrero –de quien llevaba carta de recomendación- que lo recibieron con afecto y preguntaron si prefería quedarse ahí o ir a una de las Estancias, aceptando entonces pasar un tiempo en “Los Cerrillos”.

El Gaucho de los Cerrillos
El Gaucho de los Cerrillos

Antes de partir asistió varias veces al Teatro Colón, comentando que se hablaba mal del “tirano Rosas”, lo cual lo contrariaba enormemente por conservar gratos recuerdos “del viejo”. Invitó a los Terrero a gritar “Viva Rosas”, y le respondieron espantados “Callate si no, nos matan”.

Comenta Fotheringham que “Los Cerrillos” era el establecimiento principal de las muchas estancias pertenecientes a Juan Nepomuceno Terrero e hijos; llena de recuerdos de ese hombre misterioso que a pesar de tanto historiador, hoy nadie conoce bien. “Allá en mi tierra, en mi pueblo, lo creíamos un General español desterrado. Un hermoso tipo, de aspecto varonil y enérgico. Vivía en The Crescent, frente a la casa de la familia de Lawe, muy amiga nuestra. Al venirme Dª Manuela me regaló una hermosa frazada, grande, abrigada, con un letrero central en bordado rojo: Federación o Muerte, Independencia, Rosas, Viva Manuelita. ¡Tirano, déspota, sanguinario! No lo niego pero no lo afirmo. La misma pobreza en que vivía demostraba por lo menos que era un hombre honrado. Y un hombre honrado no puede ser un hombre perverso”.

La Vida de un Soldado
La Vida de un Soldado

Años después, en 1885 me encontraba en Southampton y el primero que me vino a visitar al Hotel Radley fue Mr. Mount, el viejo sacerdote que me bautizó. Me invitó a comer. Sobre la chimenea de su modesto comedor había una hermosa talladura de flores en marfil, bajo gran fanal de cristal. “Qué hermoso”, dije. “Ah, sí” contestó. “Me lo regaló el General Rosas”. Y yo: “Un tirano sanguinario y criminal y…” “Cállese, cállese” replicó, “no hable usted así del mejor hombre que haya yo conocido: caritativo, bondadoso, lleno de todas las virtudes cristianas”… Pues “¿en qué quedamos?” remata el general anglo-argentino.

Comenta luego una anécdota donde puso en evidencia su valor durante la batalla de Caseros, manifestando “Y a mí me parece que ningún cobarde haría tal hazaña” como réplica al “cobarde, tú dormías” de la oda marmoliana.

Menciona también los dos grandes sillones rojos que tenía en el salón en The Crescent, ocupando uno él, y cuando un visitante intentaba ocupar el otro le decía: “dispense, no se siente en ese sillón, pues espero al General Urquiza”.

Continúa Fotheringham: “En las carreras o cacerías del zorro montaba en soberbios caballos que le prestaba lord Palmerston; una vez rodó y salió corriendo. Asombro general. En otra ocasión enlazó un ciervo de las astas. Otra vez asombro.

Nunca, jamás iba a la Iglesia, la única iglesia católica que había en Southampton, y sin embargo el viejo cura lo calificaba de ‘hombre lo más bueno’. Habrá que escribir sin pasión la historia de Rosas”.

“La vida de un soldado”. Ignacio Fotheringham. Ed. Círculo Militar; Biblioteca del Oficial. Enero de 1971. Tomo I, páginas 59, 67 y 68; pág 69 a 72.

por César J. Tamborini Duca

Cronopio

César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.

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