Tangueando

Día Nacional del Bandoneón

Con permiso, soy el tango

del bandoneón de Pichuco

el que bailan los pitucos

en la boite del Tibidabo

Bandoneón. Obra de Ernesto Pereira

Sin descartar datos biográficos importantes, imprescindibles en un trabajo de esta índole, no será ésta una biografía al uso, sino una semblanza con el agregado de alguna anécdota, de quien fue considerado “el bandoneón mayor de Buenos Aires”. Porque ¿cómo explicar que el Congreso de la Nación, por ley 26035 instituyera el día 11 de julio como “DIA NACIONAL DEL BANDONEÓN”? Pues remitiéndonos a la calle Cabrera 2937 del Barrio del Abasto donde tal día de 1914 nació para gloria del tango, un tal Aníbal Carmelo Troilo, y a donde se habían mudado sus padres desde Soler 3280 del Barrio de La Recoleta.             

Monumento Aníbal Troilo                          

Decir que el bandoneón nació con Aníbal Troilo puede parecer irrespetuoso con otros grandes bandoneonistas como Ciriaco Ortíz, Eduardo Arolas, Pedro Maffia, Roberto Di Filippo, Pedro Laurenz, Alberto Caracciolo, Astor Piazzolla y tantos otros; pero sí podríamos afirmar que las grandes virtudes de cada uno de ellos, de cada individualidad, se sumaron todas y confluyeron en ese gordo melancólico para dar origen al bandoneonista más virtuoso merecedor por tanto de la adjetivación con que se le conoce. Porque él reunió en su persona el mejor sonido, el mejor estilo, la mejor intención oculta en cada tema, el mejor timbre, la pausa justa y los silencios.

                                                                                                      

Su padre le había puesto el apodo “Pichuco” en recuerdo de uno de sus amigos italianos, y puede que sea deformación del napolitano “picciuso”. Su madre, Felisa, accedió a comprarle un bandoneón cuando cumplió diez años. 

Hay muchas incógnitas, controversias sobre el origen del bandoneón; algunos atribuyen la paternidad a Herman Uhlig, que había nacido en Chemnitz (Sajonia, Alemania) en 1789. Es posible que la primera aparición de este instrumento se hubiera producido para la Feria de Leipzig, en el año 1830. Si bien es difícil establecer la motivación que llevó a inventarlo, se cree que el motivo no fue otro que el reemplazo del órgano (éste no solo resultaba oneroso, también resultaba difícil su traslado) para los oficios religiosos y procesiones callejeras.     

Habrá quiénes no vieron un bandoneón en su vida y les intriga saber en qué consiste. A grandes rasgos puedo decir que es una especie de aerófono portátil con teclas conformado por una caja cuadrada ‘flexible’ (por el fuelle que separa dos cajas armónicas de madera): en el interior de éstas cajas vibran, por acción del aire que proporciona el fuelle, unas lengüetas metálicas. Desde el primitivo de Uhlig fue creciendo hasta el modelo usado actualmente que consta de 71 teclas: 38 en la parte derecha y 33 en la izquierda. Como al abrir el fuelle el sonido es distinto que al cerrarlo, consta de un total de 142 voces. Más adelante se comentan otros aspectos.

El nombre deriva del apellido de Heinrich Band, nacido en 1805 en la ciudad de Krefeld (murió en 1888) por ser el que comenzó su producción artesanal. Cuando se comenzó a fabricar a gran escala, se atribuye la industrialización a Alfred Arnold, que lanzó al mercado en el año 1864 el famoso “A-A” (el “doble A”); posteriormente, en 1911, fundó la “Alfred Arnold Bandonión, Konzertina und Piano Accordión Spezlal Fabrik”, donde además del “doble A” se fabricaba el “Premier doble A”. [Más adelante veremos la opinión de Alberto Rama al respecto, pues atribuye a Zimmermann haber montado su fábrica en Carlsfeld, y antes de marcharse a EE.UU. vendió su fábrica a Ernest Louis Arnold (ELA), padre de Alfred]. Las lengüetas de acero de estos bandoneones producen unas vibraciones muy particulares en los sonidos y por eso son tan apreciados.

“Premier” y “Sellado”

Parte de lo que antecede es una pequeña sección de un artículo que publiqué hace un tiempo en mi página pampeandoytangueando.com que incluyo solamente como introducción a trabajos más importantes como los de Roberto Arlt, Eduardo Aldiser, Mario Sejas, José M. Otero, Alberto Rama y Héctor Patrignani. Alberto me acompañó con su bandoneón en ocasión de una charla-conferencia titulada “Mitos del tango” en la cual enuncié el posible origen del bandoneón, teoría desechada por él como consta en el lugar correspondiente de este trabajo.                                                             

Por César J. Tamborini Duca

Elogio del Bandoneón Arrabalero. “Quiero elogiar al bandoneón suburbiero; el fuelle desdentado de tres teclas y tuerto de tanto ser manoseado; quiero elogiar el bandoneón que canta, en las noches del conventillo lunado, la tristeza de los feos y la pena de las muchachas percaleras; quiero elogiar en el bandoneón toda la angustia bronca de “Cuando llora la milonga”, y el alma del suburbio, subiendo en la punta de los sonidos hasta las estrellas que parpadean sobre el cinc de Nueva Pompeya, de Mataderos, del Bajo de Belgrano y Villa Luro. Quiero elogiar en el bandoneón arrabalero toda la bronca de “Mala Junta”, la melancolía de “La Cumparsita”, el golpe de furca en “Campana de Plata”, la tristeza de las perdidas en “Esta noche me emborracho”; quiero elogiar lo más profundamente doloroso que encierra la belleza del tango; del tango cuyos diques son nuestros diques y que es la válvula de escape de la pena de esta ciudad. (“Las Aguafuertes Porteñas”, Roberto Arlt, Ediciones Culturales Argentinas, Buenos Aires, 1981, p.156)

“HISTORIA DEL BANDONEON” . Nos la entregó Eduardo Aldiser en su multiportal Argentina al mundo, Argentina tango.

En el siglo XIX, la iglesia de Alemania creyó conveniente que, para realizar la obra evangelizadora, se debía poner énfasis en las procesiones al compartir los cantos religiosos, incorporando acompañamientos musicales que se intentaron con los instrumentos disponibles, como la guitarra, el acordeón, la armónica etc. 

 


Por esa razón nació el bandoneón y se le adjudica a Heinrich Band (1821-1860) su invención, como un intento de crear un órgano portátil, que acompañara las peregrinaciones de la iglesia germana.   Se dice que debido a este destino de emitir música sacra, se dispuso la ubicación de las botoneras de elección de notas musicales, de tal modo que facilitara la ejecución de los músicos participantes

Ernest Louis Arnold, compra la fábrica de Carl Friedrich Zimmermann, y produce los bandoneones que llevaban sus iniciales. E.L.A., que siguieron sus hijos, Ernest Hermann, primeramente y después Paul y Alfred, que abrieron una fábrica en Carisfeld, donde nace el bandoneón AA (“doble A”), que se producen junto a otros modelos A, Premier y Alfa.


También otros descendientes trataron de continuar con la empresa familiar, pero la Segunda Guerra Mundial, impidió esa iniciativa.  La fábrica fue expropiada en 1939, para ponerla al servicio bélico y luego la muerte de Paul Arnold, puso fin a la dinastía a y a la fabricación de bandoneones. Ya no fue sólo Alemania la productora de bandoneones y se produjo en varias naciones, con luthiers minuciosos y por industrias que en el mejor de los casos, lograron buenos instrumentos, pero lejos de la prestación de los míticos germanos.

El bandoneón se hace tango

Las historias tangueras se envuelven en nebulosos senderos y el bandoneón, casi sinónimo musical de nuestra música, no podría apartarse de ese designio ancestral, y su llegada al Río de la Plata y al tango no ha podido precisarse. Los más cercano y posible determina que navegantes llegados a la Argentina alrededor de 1900, fueron sus portadores. Lo cierto que, con toda seguridad, el rezongo del bandoneón vino a identificarse con la voz plañidera del tango para hacerlos inseparables y complementarios para siempre.

Fue así que hasta el cierre de la fábrica en Alemania, las orquestas y los músicos importaron bandoneones que fueron fundamentales en el tango que fue in crescendo inconteniblemente en la década del `30 para hacer eclosión a partir de 1940, proliferando orquestas, cantantes, escenarios, bailes y palcos tangueros, en la genialidad de maestros como Pedro Láurenz, Aníbal Troilo, Ástor Piazzolla y tantos otros.

Los bandoneones que se utilizan en ambas márgenes del Río de la Plata y específicamente en el tango, tienen un aditamento numérico 38/33, que indica los registros agudos y graves respectivamente. Wikipedia agrega: “Técnicamente, el bandoneón posee botonera cuádruple, ya que cuando se abre el fuelle cada botón oprimido genera un tono y cuando se cierra el fuelle el mismo botón emite otro tono. Por lo tanto, es necesario aprender la ubicación de 71 tonos abriendo el fuelle y otros 71 cerrándolo.

Para cada botón existe un sistema de lengüetas —voces de acero remachadas a un soporte (llamado peine) de zinc, aluminio o de duraluminio (este último en los bandoneones de inferior calidad)—, similar al de la armónica. El número 142 no se refiere a la cantidad de botones (que son sólo 71 en los modelos utilizados en Uruguay y Argentina) sino al número de tonos que generan las lengüetas”


Olga Bruñini, lutier bahiense ya fallecida, heredó el oficio de su padre Humberto Bruñini, junto con las herramientas y las matrices que don Bruñini había ideado y fabricado y precisa sobre los detalles que conforman al bandoneón: “¿Sabe de cuantas partes se compone un bandoneón? Llegue a contar 6.044 elementos. Están incluidos las 272 voces; 272 remaches; 71 balancines; 71 teclas; 71 resortes; 32 muñequitos, que son de las teclas más agudas; dos tapas; un fueye, que tiene 60 punteras  60 cueritos; en fin…”

Ellos durante años se dedicaron a estudiar al bandoneón y lograron la construcción de un instrumento un poco más grande que el habitual y que, siguiendo el ejemplo alemán, denominaron “B.B.” atendiendo tal vez a su apellido, pero simbolizando, sin duda, a la ciudad de origen, Bahía Blanca.  Respecto al resultado, varios ejecutantes del fuelle, lo consideraron un avance importante, dada la escasez de bandoneones causados por el cierre de sus fabricantes y al poderío económico. Los turistas, después de 1940, comenzaron a llevarse del país los “doble AA” existentes. Es necesario destacar que en la última década de su producción, hasta el cierre de la fábrica alemana, se importaban alrededor de cincuenta mil bandoneones por año.

Este drenaje incontenible de lo que, a pesar de su nacimiento germano, es eminentemente argentino; recién en el año 2008 tuvo un resguardo mediante la promulgación de una ley de protección de los bandoneones que quedaban en Argentina. Aunque nunca es tarde, ya se habían vendido miles de ellos al extranjero.

por Eduardo Aldiser

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Lo hicimos entre todos  dice Mario Sejas refiriéndose a la institución del “Día Nacional del Tango” cuya culminación fue un monumento que representa al bandoneón. Su forma de fueye, remite al instrumento emblemático del Tango, el bandoneón, y sin atarse a ese detalle se envuelve sobre sí, elevándose para abrirse y proyectarse en un juego seductor hacia el espacio en un fuerte contrapunto de forma, ritmo, armonía y movimiento. Finalmente Buenos Aires recibe la donación por parte del Comité del Monumento al Tango el 22 de noviembre de 2007, día de la Música, convirtiéndose en la primera ciudad en el mundo que posee un monumento a un género musical.

Dia del tango

De izq.a derecha: Rody Groppo, Osvaldo Sívori, Ben Molar, Mario Sejas, Rubén Reale, Ana María Michelle, Roberto Yanni, Ricardo Montesino, Fernando Finvarb, Néstor Cabadini, Claudio Tagini y Norman Azcoitía – 22 de Noviembre de 2007 –

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Historia del bandoneón. (por Alberto Rama)

César, vos sabés bien como ando yo últimamente y encima esto de ser papá a los 70 es para escribir una novela. No me estoy quejando, estoy de lo más feliz y agradecido. Pero… Me encantaría comunicarme con esta gente porque podría pasarles ciertos datos que recogí en Carlsfeld hace ya muchos años. En la iglesia de la Santísima Trinidad de Carsfeld, hexagonal, blanca y de tres plantas interpreté aquella noche: Sur, El día que me quieras y Uno, embargado por la emoción de estar allí. Hubiese querido contarles esa noche a la gente de Carlsfeld, lo que sentía un bandoneonista de tango al poder regresar con un AA 80 años después y hacerlo sonar en el sitio que lo vio nacer, pero Radka no se atrevió a traducirme esa noche.

Varios años después, en casa de mi amigo Karl Heinz Preuß propietario de un importante museo de bandoneones, me mostró una reciente actuación de Luis Stazo en Carlsfeld. Al final, Stazo se dirigió al público traducido por su esposa y gran emoción para mí. Dijo las mismas palabras que yo hubiese querido decir aquella vez. Supongo que las mismas que hubiese dicho cualquier bandoneonista enamorado de su instrumento.

Tuve el honor de conocer a las hijas y al nieto de Alfred Arnold, ser invitado varias veces a su casa y que me contaran de primera mano toda la historia de los AA y las peripecias que vivieron después de la guerra. Visité su tumba de granito negro desde donde se dominaba la fábrica y las dos casas de la familia, todo condenado a la ruina y la fábrica más moderna a su demolición. Me quedé como recuerdo dos tejas de pizarra de su tejado.

En uno de mis viajes a Buenos Aires y también en Todotango.com traté de conspirar para conseguir que aunque sea dos esquinas de Baires llevaran los nombres de Alfred Arnold y del pueblito de Carsfeld. 

Son contadas con los dedos de una mano las ciudades en el mundo que pueden presumir de un instrumento musical que las identifique y una de esas es Buenos Aires. El bandoneón es la voz de la ciudad y resulta increíble que «esa» voz, se la debamos a un pueblito tan pequeño, perdido entre las montañas de Erzgebirge que hacen la frontera con la República Checa. De esas montañas se sacaba el metal de los famosos peines del AA. Erzgebirge viene a significar en alemán algo así como montañas metálicas o de metal.

¿Qué hubieses costado buscar dos esquinas que testimoniasen el agradecimiento a esos alemanes que sin saberlo nos dieron la voz? Pero no. Insistí hasta que me harté y no fue posible. Ojalá alguien lo logre algún día. Todo aquello lo tengo grabado en video (habría que ver dónde) pero les podría desmitificar unas cuantas historias falsas – que como él bien dice – se siguen repitiendo sobre su historia. 

No encontré ningún antecedente de la llegada del primer bandoneón a Baires o al Río de la Plata, pero sí sobre su casi seguro creador. No fue Heinrich Band como suele creerse sino Karl Zimmermann que lo registró en París mucho antes de que Band fabricase los primeros.

Astor Piazzolla

Zimmermann montó su fábrica en Carlsfeld y poco después se trasladó a USA donde habían emigrado sus hijos. Le vendió su fábrica a Ernest Louis Arnold (ELA) y a la muerte de este surgen desavenencias entre sus hijos; Alfred que había estudiado ingeniería en Leipzig y quería modernizar la fabricación se separa de su hermano y funda AA con el feliz resultado que todos conocemos. Alfred Arnold murió relativamente joven antes de la 2da. guerra. Se podría especular que el primer bandoneón que llegó al Río de la Plata debió ser un ELA ya que el AA es posterior.

Otra cosa es confirmada. Los bandoneones fueron agrandados a pedido de los bandoneonistas rioplatenses que exigieron más voces y complicaron aún más – por falta de espacio – el ya laberíntico teclado del bandoneón. La palma se la llevó el mítico Minoto de Cico que encargó su célebre bandoneón sobre planos propios y que fue reenviado a fábrica para hacer algunas correcciones. Dicen que con el paso del tiempo ya ni el propio Minoto lo podía tocar.

De ahí que el bandoneón que nosotros tocamos, se le conoce como sistema argentino y es bastante diferente del alemán especialmente en la mano izquierda (la derecha es más parecida).

Yo tuve la oportunidad de conocer a Hector Ernié allá por los 60 y compartir varias mesas con él a mis 22 añitos. Una verdadera enciclopedia del tango. Recuerdo que me lo presentó don Ricardo Tanturi del que mi primo Héctor Gondre (Rama) fué su primer bandoneón.

[Te dejo César que van a dar las 3 y media de la matina. Zoabra. Alberto].

(Continuación) Evidentemente ha habido una mala interpretación de lo que yo pueda haber dicho alguna vez, pero que en ningún momento – y con absoluta seguridad (ni mamao) – yo puedo haber adjudicado la invención del bandoneón a don Alfred Arnold a cuyas hijas y nieto tuve el honor de conocer y tratar en diversas oportunidades.

Sí, y no soy yo sino los documentos existentes, que demuestran que fue Karl Zimermann (de Carlsfeld) quien registró el invento del bandoneón en ocasión de una feria industrial en París antes de la fecha atribuida a Heinrich Band. Lo que se entiende como posible es que el nombre y el prestigio de Band le hayan permitido popularizar el instrumento y que de su apellido se desprenda su nombre. En Alemania y centro Europa se le conoce como Bandonion.

Zimmermann comenzó su fabricación en su taller de Carlsfeld y dado que sus hijos emigraron a USA, decidió vender su fábrica a Ernest Louis Arnold que continúa su producción bajo la marca ELA. Esos serían los primeros bandoneones de serie llegados a Argentina, sin perjuicio de otros artesanales que seguramente pueden haber llegado antes.

Alfred Arnold, el hijo menor de Ernest Louis, es enviado por su padre a estudiar ingeniería a Leipzig. A su regreso intenta implementar sus conocimientos en la fabricación chocando con la oposición de su hermano mayor. A la muerte de Ernest Louis la situación se hace insostenible y Alfred con uno de sus hermanos abren también en Carlsfeld la fábrica que realizaría el famoso AA. Pero todo esto ocurrió ya en el recién entrado siglo XX, es decir alrededor de 80 años después que Zimmermann hubiese presentado su invento en París. En resumen: que cuando se crea el bandoneón, Alfred Arnold ni había nacido. Si mal no recuerdo, nació en 1881.

por Alberto Rama

Colofón.  Podemos afirmar que la música alegre y ruidosa surgida de los candombes de los negros y evolucionadas en tangos (también alegres, villoldenses) poco a poco se vuelve nostalgiosa traduciendo la angustia melancólica de aquellos desarraigados de su patria para asentarse en el Río de la Plata. Y el bandoneón es, indudablemente, el instrumento cuyas notas son más apreciadas por los nostálgicos inmigrantes.        

(César Tamborini

 

Alberto Rama y César Tamborini, Asociación Argentina

en León. Alberto toca “La Cumparsita” y César recita “Por qué canto así”

   El 11 de julio se celebra el “Día Nacional del Bandoneón”. Por ese motivo el amigo Otero nos envió el siguiente trabajo:
  RESONANCIA METAFÍSICA
-Hay algo que no certifica el sentimentalismo barato del tango, y es el bandoneón. Fue un instrumento inventado por un tal Band, en Alemania, una especie de órgano portátil para celebrar oficios luteranos en la calle. Es dramático y profundo, a diferencia del sentimentalismo fácil y pintoresco del acordeón, su hermano tarambana y superficial. 
¡Qué raro! En Alemania fracasó y tuvo que encontrar su destino en el otro rincón del mundo, traído por algún marinero de Hamburgo. Sólo este instrumento podría servir para cantar a la muerte y a la soledad. Es un instrumento de resonancia metafísica”
(Del libro “Diálogos de Borges y Sábato”. Emecé. 1976)

De Gómez de la Serna
-¿Cómo ha podido Borges decir: Tango sin salida y el cobarde bandoneón? Valiente, navajero, audaz, avanza en escuadrón y se siente su paso militar en vanguardia a la que no arredra nada. ¡Ras-ras-ras! Y de pronto: ¡Zas! ¡La puñalada bien dada!
Tiene cabeceos de borracho de desesperación y mueve de un lado a otro su cabeza dolicocéfala, dejándola caer de un lado a otro sobre los hombros de las piernas del que toca. Tiene suspiros de órgano de catedral, suspiros perdidos, pues todo fuelle coge en su fondo la inspiración universal que se guarece en esos reservorios del aire músico.

por José María Otero  
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Y desde el sur de nuestro país, recibimos el aporte de Héctor Patrignani:

* BANDONEÓN : 

me trajiste sonidos y respiros …

que penetraron hondamente

   en mis entrañas, resaltando la riqueza de tu espíritu, y la clave de tu misterio.

   Quiero decirte hoy que tu queja y tu canto despertaron en mí, ternuras infinitas.

   Hoy tu presencia me une a una profunda emoción … a amores que fueron …

   y a voces de cantores conmovedoras,

   que me acompañan siempre como un destino … o una fatalidad.

   Hoy estás aquí sencillamente,

   con tus agónicas melodías y sin importarte si alguna vez …

   me activaste los rezagos de algún dolor.

   Alegrame el corazón con tu ritmo sincopado,

   o con un firulete juguetón que me haga recordar el purrete que fuí ayer …

   adelantame la algarabía del mañana,

   ya que en mi diario camino, me encuentro solo en el tumulto …

   presintiendo una y otra vez … tu canción … y tu mensaje secreto …

   Vos y yo . . . che bandoneón . . . nos entendemos . . .

por Héctor Patrignani

About author
César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.
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