Santiago de Liniers y Bremont, Conde de Buenos Aires (I)

 Invasión inglesa de 1806. La Reconquista

Nacido el 25 de julio –día de Santiago- de 1753, puede que esa coincidencia influyera en su nombre cuando nuestro héroe vino al mundo en Niort, Francia. De origen noble, el futuro Conde de Buenos Aires contaba entre sus ascendientes hasta ocho caballeros de San Juan, y él mismo obtuvo la Cruz de Caballero de la Orden de Malta.

Por primogenitura correspondió a su hermano Santiago Luis Enrique el título de Conde de Liniers. Este hermano después de vivir en la Corte de Versalles emigró a América durante la Revolución Francesa, permaneciendo en Buenos Aires hasta su muerte en junio de 1809; a él pertenecía la conocida como “quinta de Liniers”.

 

El 11 de febrero de 1809 por Real Cédula se creó a favor de Santiago de Liniers el título de nobleza  por su exitosa defensa de las tierras del rey de España frente a los dos frustrados intentos llevados a cabo en las dos Invasiones Inglesas al Río de la Plata.

Deseando la Junta Suprema Gubernativa del Reino premiar debidamente los sobresalientes méritos que ha contraído el mariscal de campo don Santiago Liniers, mientras ha estado en Buenos Aires de Virrey y Capitán General, se ha servido concederle, en nombre del Rey nuestro señor don Fernando VII, la gracia de título de Castilla, libre de lanzas para sus hijos, herederos y sucesiones. El título nobiliario de Conde de Buenos Aires  fue elegido por el francés Liniers a favor de su patria adoptiva.

En 1774 Santiago de Liniers se alistó como voluntario en la escuadra española, donde posiblemente trabó amistad con el futuro Virrey Cisneros. Posteriormente embarcó en 1776 en la expedición del flamante virrey del Río de la Plata don Pedro de Ceballos, circunstancia en la que tomaron la Isla de Santa Catalina y la Colonia, en poder de los portugueses. Participó luego en el sitio de Mahón y conquista de Menorca, donde fue ascendido a Teniente de Navío. Tuvo también brillante actuación en el sitio de Gibraltar y al mando del bergantín Fincastle se apoderó del corsario inglés Elisa, siendo promovido a Capitán de Fragata.

 En julio de 1783 y de vuelta en España se casó en Málaga con doña Juana de Menviel, naciendo de este matrimonio Luis de Liniers. Enviudó 4 años después y en 1788 fue destinado al Río de la Plata, donde volvió a casarse en Buenos Aires con la hija del rico comerciante Martín de Sarratea. En 1796 mandaba la escuadrilla de Montevideo con el grado de Capitán de Navío, y posteriormente el Virrey del Pino lo nombró Gobernador Interino de Misiones donde permaneció dos años; en el largo viaje de regreso de Candelaria a Buenos Aires, en 1804, enviudó nuevamente.

Luego del desastre de Trafalgar, la Escuadra inglesa se apodera de la colonia francesa del Cabo, lo cual preveía que desde allí se dirigiría al Río de la Plata. Pensando que el desembarco se produciría en la Ensenada de Barragán, el virrey marqués Rafael de Sobremonte confió su defensa a Liniers. Si bien el objetivo primitivo era Montevideo, al enterarse los ingleses que semanas antes se habían reunido en Buenos Aires las cajas reales del Perú y de la Compañía de Filipinas, cambiaron de planes a la vista del botín. Si bien el Brigadier William Carr de Beresford se inclinaba por el proyecto original, prevaleció el criterio de sir Home Popham, y el 24 de junio de 1806 se acercaron a la Ensenada y, tras una demostración contestada por las baterías de tierra al mando de Liniers y su segundo Gutierrez de la Concha, el día 25 retrocedieron para desembarcar en Quilmes mientras el virrey Sobremonte huía a Córdoba con su familia.

Un párrafo del libro “Santiago de Liniers” de Paul Groussac dice: “Todo cuanto se ha dicho y escrito respecto del virrey Sobremonte, en esas críticas circunstancias, queda pálido enfrente de la realidad… la gran traición de Sobremonte consiste, teniendo el anuncio certero de la invasión y disponiendo de tiempo, hombres y recursos ilimitados, en no haber preparado durante seis meses la defensa de una plaza que otro, en pocos días y con un puñado de reclutas, intentó y logró recuperar” (Biblioteca Clásicos Argentinos, Ediciones Estrada, Buenos Aires, 1943, pág. 48 y 49). Esa noche del 24 Sobremonte, festejando el cumpleaños de su futuro yerno, se encontraba en la Casa de Comedias donde se representaba “El sí de las niñas” de Moratín.

Disuadidos por la descarga artillera en la Ensenada de Barragán y desembarcados en Quilmes, avanzaron sobre la ciudad tras una leve resistencia de la caballería en Barracas y en el Puente de Gálvez (hoy puente Pueyrredón)  donde atraviesa el Riachuelo el camino del sur: los que se oponen a los ingleses son 129 hombres de a caballo, la mitad mal armados.

“Se tocó la alarma general – dirá Belgrano en su Autobiografía – y conducido del honor volé a la Fortaleza, punto de reunión: allí no había orden ni concierto en cosa alguna como debía suceder en grupos de hombres ignorantes de toda disciplina y sin subordinación alguna. Allí se formaron las compañías y yo fui agregado a una de ellas, avergonzado de ignorar hasta los rudimentos más triviales de la milicia”.

 La rendición de la ciudad (27 de junio de 1806).

Los milicianos porteños entran en la Fortaleza. Pérez Brito (a quien Sobremonte dejó la responsabilidad antes de huir)  consulta con los oidores al saber la “acción” de Gálvez. Hay que rendirse, para evitar sufrimientos a la ciudad; por supuesto deben cumplirse formalidades, redactar una capitulación con “todos los honores”, etc. Deliberan toda la mañana los oidores con Pérez Brito y algunos vecinos; nadie sabe los trámites de una rendición. Mientras tratan de informarse, mandan un parlamentario al general inglés a pedirle “detenga su marcha hasta tener listos los preparativos de la capitulación”. El enviado se encuentra en el camino con un oficial inglés, Ensigh Gordon, que viene en nombre de Beresford; lo acompaña a la Fortaleza y gentilmente le sirve de intérprete. ¿Cómo se hace una rendición? Afortunadamente Juan Larrea trae de su casa un libro de arte militar con un modelo de capitulación. Las formalidades han quedado salvadas: Pérez Brito copia la “capitulación” acomodándola a las circunstancias – no olvida poner lo de “todos los honores” –, la firma en nombre de la “Junta de Guerra”; Gordon la llevará a Beresford.

Es la una y media de la tarde. Una hora después vuelve Gordon con el documento tan trabajosamente logrado: Beresford no quiere recibirlo “porque no es hora de capitulaciones”. Él, como vencedor, impondrá las condiciones de la rendición; pero sólo después de entregarle “los caudales del Rey y cualquier otro que hubiese de la Real Hacienda”, haciendo responsable a la “Junta de Guerra” si hubiesen sido ocultados.

Se miran los oficiosos capitulados: “¿Dónde están los caudales?’’. Alguien se comide a ir al Monte de Castro a pedirlos al virrey. Y ¿los “honores de guerra”?  Los concede el oficial inglés : los milicianos que están en el Fuerte con la “Junta de Guerra” a la cabeza, podrán salir con banderas desplegadas y redoblar de tambores a depositar sus armas a los pies del vencedor. A las tres de la tarde los primeros ingleses entran por la calle Defensa a la plaza Mayor. Tras cruzar bajo el arco de la Recova, a manera de arco de triunfo, forman alineados en la plaza.

A las cuatro, Beresford llega a la Fortaleza. Con disgusto, los oidores y Pérez Brito han debido pasarse sin la salida “con honores” y la entrega de las armas, porque los milicianos han roto sus fusiles y se han ido sin ceremonias por la puerta trasera, llamada “de socorro”.

Santiago de Liniers

 

Béresford se adueñó de la ciudad y se incautó del tesoro colonial. Mientras tanto Liniers se dirigió a la otra orilla formando en Montevideo el contingente libertador. El 1º de Agosto estaba con sus tropas en Colonia cuando se le presentó  el joven Pueyrredón para referirle que había formado un contingente de voluntarios españoles y criollos, pero fueron derrotados en la chacra de Perdriel; la mayoría de ellos, con Pueyrredón al frente, se incorporaron a las tropas de la Reconquista.

Un fuerte temporal impidió embarcarse para cruzar el Río y recién lo hicieron el día 3, pero la persistencia del mal tiempo los hizo desembarcar en Las Conchas en lugar del sitio previsto en Olivos; demorados por la sudestada llegaron el día 9 a la Chacarita de los Colegiales, y al día siguiente a los Corrales de Miserere.

La intimación de rendición al general inglés Carr Béresford efectuada por Liniers por intermedio de su ayudante Quintana, fue respondida diciendo que se defendería “hasta el caso que la prudencia lo indicara”. Ese mismo día a las 5 de la tarde comenzó la marcha hacia el Retiro, replegándose los ingleses hacia la Fortaleza y plaza Mayor. Entretanto nuevos voluntarios, entre los que se encontraban algunos de los derrotados en Perdriel, se fueron incorporando hasta sumar aproximadamente 1700 hombres. El día 11 transcurrió en preparativos y, para probar cañones desembarcados de la goleta Dolores, Liniers en persona apuntó a una fragata enemiga efectuando dos disparos, uno de los cuales dio en el casco y otro en la mesana.

El día 12 se tocó generala y se dispuso el ataque en tres columnas convergentes sobre la Plaza; una al mando del propio Liniers, otra por su 2º Jefe Gutiérrez de la Concha, y la otra por el coronel Agustín Pinedo. Ante el incontenible ataque los ingleses se replegaron desde la Catedral, los Altos del Cabildo y la azotea de la Recova, hasta el Fuerte, desde donde Béresford izó bandera parlamentaria. Liniers, generoso con los vencidos, dejó libres a los oficiales vencidos bajo palabra, y por sugerencia del ministro Casamayor, éste ofreció hospedar en su casa a Béresford y su ayudante. Se tomaron las banderas del famoso Regimiento 71, que Liniers había prometido a Nuestra Señora del Rosario.

rendición del general inglés

Sin entrar a detallar todos los pormenores el virrey prófugo quedó destituido y en su lugar quedó interinamente Liniers (hasta ser confirmado por la metrópoli).  Al decir de Paul Groussac “el valor de Liniers era proverbial y sólo Manuel Moreno editor de las ‘Arengas y Escritos’ (y hermano de Mariano) lo puso en duda en páginas odiosas plenas de errores; él, que teniendo cerca de 30 años en esa fecha, no figuró entre los combatientes de la Reconquista ni de la Defensa” (Pág. 86 del libro citado).   

La fecha gloriosa del 12 de Agosto puede señalarse como la del inicio de la nueva nacionalidad que se gestaría posteriormente, como lo demuestra la “pueblada” del día siguiente cuando la Audiencia, el Cabildo y todas las corporaciones civiles y eclesiásticas decidieron celebrar una Junta, que fue transformada en Cabildo Abierto por la irrupción del  pueblo con la exigencia de destituir al virrey (el prófugo Sobremonte) y su reemplazo por Santiago de Liniers, transformándose así en el primer acto revolucionario. Este popular Jefe se trasladó al Fuerte para establecerse en las dependencias del virrey, recién el 15 de septiembre.

HÉROES DESCONOCIDOS. Es indudable que en hechos de armas como el que dio gloria a Liniers existen otros protagonistas con papeles secundarios pero que merecen ser sacados del olvido. Si bien son muchos, el espacio de un artículo no permite mencionar a todos. Me limito a dos de ellos:

El Teniente de Navío Córdoba tuvo destacada actuación en las heroicas jornadas de resistencia al invasor y, al igual que Liniers, sería futura víctima de la Revolución de Mayo.

En circunstancias que atravesaba el puente levadizo en compañía de Francisco Mordeille y del general Béresford para encontrarse con Liniers, el oficial de marina Córdoba dmostrando su ética gritó a la muchedumbre: “Pena de la vida al que insulte al general inglés”. (Declaraciones del propio Córdoba elevadas a su superior).

El Comandante Francisco de Paula Hipólito Mordeille era un francés con patente de corsario, al servicio de la Corona española. Era un valiente marino que tuvo destacada actuación con sus hombres en la Reconquista. Había nacido en Bormes, departamento del Var, el 6 de mayo de 1758.

Mantuvo un diálogo en francés al pie de la muralla de la fortaleza con el general Béresford, que le preguntó “si su vida corría peligro”, contestando Mordeille que estaba salvo con rendirse a discreción. Entonces el general arrojó su espada desde lo alto, pero el marino se la devolvió. El mismo gesto generoso que tuvo luego Liniers. Siempre a la vanguardia de sus hombres y participando en la defensa de Montevideo, cayó mortalmente herido el 3 de febrero de 1807 en el ataque a la capital oriental por las tropas de Achmuty.

por César José Tamborini Duca

Cronopio

César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.

2 comentarios sobre “Santiago de Liniers y Bremont, Conde de Buenos Aires (I)

  • el 9 febrero, 2019 a las 12:23
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    Muy interesante César! Siempre he admirado a Santiago de Liniers. Si nos damos cuenta, nunca decimos que los criollos, en realidad, eran españoles nacidos en las colonias. Cuando se revuelven contra la Metrópoli están traicionando su origen. En cambio Liniers, siendo francés, siempre se mantuvo fiel… y seguramente ya nos contarás cómo lo fusilan cerca de mi pueblecito cordobés.

    Me admira el sentido del honor y la palabra que se tenía entonces. No en todo avanzamos, hay muchos aspectos en los que hemos retrocedido… y “lo que vendrá” por citar un tango. Un abrazo y muchas gracias.

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  • el 12 febrero, 2019 a las 16:42
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    Eduardo, tenés toda la razón del mundo. Además creo que Liniers era tan admirado por los criollos (hispano argentinos) que si en el gobierno español no hubiesen hecho caso de las difamaciones de Álzaga y compañía (comerciantes monopolistas a los que molestaba un cierto liberalismo económico que propiciaba Liniers) es muy probable no se hubiera producido la Revolución de Mayo estando Liniers como Virrey. Indudablemente que sí con el tiempo, pero no tan tempranamente.
    En cuanto al fusilamiento de Liniers te aclaro que faltarán muchos detalles porque se necesitaría mucho espacio como para un “Ensayo” sobre el tema, que no es mi intención por lo que hice una breve reseña de lo sucedido. De todas maneras el que quiera imbuirse a fondo sobre ese y otros temas, recomiendo la lectura del libro mencionado de Paul Groussac, francés como Liniers pero afincado en Argentina, donde llegó a ser Director de la Biblioteca Nacional. Gracias por tu comentario y recibí un abrazo.

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