
David Herbert Lawrence, nacido en el Reino Unido en 1885 escribió esta novela que fue editada en Florencia en 1928, dos años antes de su muerte producida en Francia en 1930. Trata de la historia de una joven (Connie) de una de las familias consideradas de “CLASE ALTA” casada con un joven de la -podemos decir- aristocracia inglesa, donde todo marcha sobre ruedas, excepto que la vida transcurre en Europa, donde no se puede vivir sin guerrear, y menos importa el estado de castidad.
A Connie le constaba que a Clifford le importaba muy poco que ella fuera demi-vierge (virgen) siempre y cuando se mantuviera en la ignorancia y no le obligaran a enterarse de la situación (pág. 20). Casados, llevaron una vida normal (en su estatus social, se entiende) hasta que el joven sir Clifford fue enviado al frente, un hombre entero que al regresar era la mitad de lo que había sido, ya que de la cintura hacia arriba era la misma persona, pero de la cintura hacia abajo nada le pertenecía como consecuencia del abominable arte de guerrear.
Esa situación con el tiempo trae consecuencias; durante mucho tiempo la mujer, joven, inteligente y hermosa vivió para su marido: le era fiel y lo cuidaba sin pensar que en su cuerpo se estaba apagando la llama de la vida.
Hasta que sucedió lo que en muchos casos se considera inevitable: encuentros imprevistos, muy casuales, con un empleado de su marido, el guardabosque de la extensa propiedad, persona cuya misoginia se debía a su voluntad de vivir en soledad por sus tropiezos en la vida, en primer lugar los sentimentales, producto en última instancia de su casamiento con una mujer que -digámoslo fríamente- no era la adecuada para su sensibilidad y un día lo abandonó.
El guardabosque había sido soldado y -bien ubicado en la estructura militar- había aprendido normas de convivencia que hacían de él una persona que podía vivir sin desentonar dentro de una sociedad más refinada de la que él era representante. En esos encuentros ya no tan casuales, ambos sintieron la atracción por el otro e, inevitablemente, surgió el amor.
En una novela de este tipo no podían estar ausentes los aspectos socio-económicos, la desigualdad de clase, como se puso de manifiesto cuando Connie conoció a Mallors, el guardabosque. Ella tuvo conciencia de la mezquindad de los hombres de su clase social (pág. 73 y 74); por ese motivo en una situación que se generó ella reprocha a sir Clifford:
–¿por qué has estado tan abominablemente desconsiderado?
-¿Con quién ha sido desconsiderado?
-Con el guardabosque. Si las clases dirigentes sois así, lo siento infinito por ti… No te engañes, no mandas. Ocurre que tienes más dinero del que te corresponde, y obligas a la gente a trabajar para ti, por dos libras semanales, bajo la amenaza de morir de hambre si no aceptan. (Pág. 205 y 206)
La relación social con el dinero sale a relucir en varias ocasiones demostrando la sensibilidad del autor, Lawrence, en este tema: “Lo que cuenta es el dinero… quiero un nuevo abrigo de primavera y no lo tendré, porque cuesta dinero (…) La única diferencia radicaba en la cantidad de dinero que se tuviera” (pág. 109 y 110). (…) “La preocupación por el dinero era el gran cáncer que devoraba a los individuos de todas las clases sociales (pág. 150).
“Connie miró Venecia (…) se construyó con dinero, floreció gracias al dinero y la mató el dinero. ¡El mortal dinero! Dinero, dinero, dinero, prostitución y muerte (…) ¡Así va el mundo! Cuando Cristo rechazó el dinero del diablo, dejó al diablo dueño de la situación, bajo las apariencias del banquero” (pág. 275).
(…) Mallors dijo: Solían decir que tenía en gran parte carácter femenino. Pero no es esto. No, no soy femenino (…) No, no soy femenino. Me gustan los hombres y yo les gusto a ellos. Pero no puedo aguantar el charlatán descaro mandón de la gente que gobierna el mundo. (…) Odio el descaro del dinero, odio el descaro de las clases sociales altas”. (Pág. 291). Hay que tener en cuenta que cuando Mallors expresa que le gustan los hombres (y viceversa) no lo dice en sentido erótico, sino por el compañerismo que vivió en el ejército.
(…) El dinero envenena cuando se tiene y mata de hambre cuando se carece de él”. (Pág. 315) (…) “Y el hambre universal no es un alto ideal. Ni siquiera la pobreza general es bonita. La pobreza es fea”. (Pág. 193)
(…) ”No vivamos para ganar dinero, sea para nosotros, sea para otros. Ahora nos obligan a esto. Nos obligan a ganar un poco de dinero para nosotros, y mucho para los amos ¡pongamos fin a esta situación! (…) Con un poco de dinero, muy poco, hay bastante. Y esto es de aplicar a todos, a mí, a vosotros, a los que mandan y a los dueños, incluso al propio rey” (pág. 232).
COLOFÓN
Si bien se trata de una novela de amor, Lawrence, que escribió la misma en 1928, influenciado por los tiempos convulsos que le tocó vivir (movimientos revolucionarios, guerras en los siglos XIX y XX) no pudo evitar referirse a los aspectos sociales: sus diferencias, las desigualdades, el poder del dinero, inclusive su postura contra las industrias. La elocuencia con las que desarrolla estos temas hizo que después de la primera edición, estuviera prohibida en muchos sitios.
Cabe destacar que la novela no contiene un final explícito, ya que el mismo queda abierto para distintas interpretaciones (en realidad, dos): o los amantes lograron el divorcio de sus respectivos matrimonios y pudieron casarse, o -de lo contrario- al no conseguir deshacer esos vínculos resolvieron vivir en pareja, en el sitio que fuera, el resto de sus vidas.
EL AMANTE DE LADY CHATTERLEY, (D. H. Lawrence, Editorial Planeta, Madrid, 1984)
César J. Tamborini Duca
Académico Correspondiente para León
Academia Nacional del Tango
Academia Porteña del Lunfardo
