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Juan B. Bairoletto

Revista Argentinos de León. Año III – Nº 6 – septIembre  2009

EL ROBIN HOOD DE LA PAMPA LEONESA (pág. 9)

por César J. Tamborini Duca

¿Título insólito?; nada es imposible. Juan Bautista Bairoletto fue empujado al camino del delito por el maltrato -por decirlo suavemente- que fué objeto de la ‘policía brava’ de la época. Región inhóspita la Pampa Central de los años 20, recién conquistada al indio y poblada por emigrantes españoles, rusos, italianos; tierra para pioneros.

Por una cuestión de faldas -Bairoletto le birló la novia al cabo Farach- y por la impunidad de la policía de entonces, Juan fue arrestado y en el calabozo sufrió mil vejámenes. En libertad, “se desgració” cumpliendo su venganza: el tiro fue certero y huyó al monte impenetrable desde donde emprendía sus ilícitos.

El pobrerío (peones de campo, jornaleros, pequeños arrendatarios) lo protegía porque con sus robos ayudaba al necesitado. Expropiaba a unos y repartía a otros. Por eso, y con la influencia del carpintero italiano Juan Chiappa, no le costó hacerse libertario. Así era Bairoletto, retratado por los payadores de La Pampa en coplas y relatos “por milonga” donde se pone de manifiesto su compromiso con los pobres. Pulperías, Almacenes de Ramos Generales, establecimientos de grandes Estancias eran el objeto de sus fechorías.

Entre los españoles los había leoneses (de ahí lo de ‘pampa leonesa’). Los hermanos Diego y Claudio Escudero, nacidos en Salientes (Ayuntamiento de Palacios del Sil) tenían un almacén de campaña en “Las Bardas”, cerca de Santa Isabel. Corría el año 1929 cuando son asaltados por Bairoletto y su cómplice, Marcos Vallejo. Almuerzan en el lugar. Casi como presagiando los acontecimientos, Claudio, que en ese momento estaba solo, les indica acomodarse en una mesa en el exterior a lasombra de un caldén. La prolongación de la sobremesa, como controlando la afluencia de clientes, acentúa sus sospechas.

Al rato, la polvareda le anuncia el regreso de Diego, el mayor, que volvía con el carro de hacer la recorrida por los puestos de estancia y rancherios vecinos, lo que le da cierta tranquilidad. Entra Diego y deja su Colt encima del mostrador y comienza, quitándose el polvo del camino, a reseñar a Claudio las alternativas de esa mañana, cuando entran Juan y Vallejos apuntándolos y conminándoles a entregar el dinero. En ese momento Diego, respondiendo a su temperamento, mira hacia el revólver y de inmediato se siente paralizado por la mirada de Bairoletto, quién con suma autoridad le lanza un “¡Quieto!” mientras Marcos Vallejo grita “¡..matalos, gallegos de mierda!..” a lo que responde Juan. ”No amigo, para eso hay tiempo..” lo que da una relativa tranquilidad a los hermanos.

Les requisan dinero, alguna pieza de género, las armas y los dejan maniatados con sus propios pañuelos de cuello, no sin antes, y ante el pedido de Diego que no se llevaran un reloj recuerdo de su padre, jurar ante la cruz de sus dedos, decir: “le juro ante mi fe de bautismo, que si la vida me da buenas un día paso y se lo dejo en la puerta”, agregando “esto para ustedes no es nada, afanenseló a estos guasos ¡que mierda!..” refiriéndose a sus parroquiano y clientes. Quedó resonando en sus oídos la última frase de Juan: dirigiéndose a Vallejos dijo “¡venga el Winchester!” con el que mantuvo apuntados a los hermanos hasta romper el silencio del monte con el galope de sus caballos.

Años después Diego, ya afincado en Carmensa, concurre al velatorio de Bairoletto en General Alvear, con la curiosidad de constatar si su viejo asaltante había sido realmente él. En efecto, esas facciones, aunque envejecidas, despertaron sentimientos encontrados. Con doce años más, conociendo ya lmitología que rodeaba a su figura, hasta se diría que despidió íntimamente y con total respeto al chacarero que Juan quiso ser al fin de sus días.

Consecuente con su audaz comportamiento y el mismo día del festejo de una boda, llegan Bairoletto y sus secuaces a caballo, el “pampeano” toma a la novia por la cintura y la coloca a la grupa de su caballo emprendiendo el galope y festejando su conquista con gritos y tiros al aire. Telma Ceballos era 20 años más joven y estaba enamorada de Juan, pero la oposición de los padres y el cerco policial en General Roca (Río Negro) donde vivía, los mantuvieron alejados un tiempo, sin que declinara su amor.

Vivieron muchos años en Mendoza donde, según dicen, lo protegía la policía de Alvear; comisiones policiales pampeanas se internaron de incógnito varias veces en la provincia vecina tratando de localizarlo. Era una cuestión de honor luego de años de persecución sin poder apresarlo. Lo vendió el Ñato Gascón, antiguo compañero de andanzas. Lo emboscaron y cuatro tiros terminaron con la interminable cacería. Murió el hombre y aumentó su leyenda.

El autor quiso homenajear en los dos hermanos salentanos protagonistas del relato, a los muchos emigrantes leoneses que fueron pioneros en la inhóspita pampa de la época.

Los Gutiérrez (Casares de Arbas), Gómez (Babia), Alfageme (Trobajo del Camino), Vilouta (Ancares), Alonso (Maragatería) son apellidos habituales en esos pagos.

Fuentes: “El último bandido romántico”, de Hugo Chumbita.

Charla con Nilda Escudero Campos, hija de Claudio Escudero

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