Los cafés de Buenos Aires (II)

 

  1.   Chantecler

Ubicado en Paraná 440 (entre Corrientes y Lavalle) se inauguró en 1924, y fue Julio de Caro con su orquesta el primero que tocó ahí, estrenando su famoso tango “Buen Amigo” dedicado a su entrañable amigo el Dr. Finochietto, asiduo concurrente del lugar.

 En 1928 debutó la orquesta que formaron Juan D’Arienzo y Luis Nicolás Visca. Desvinculado Visca de la orquesta, D’Arienzo actuó en el Chantecler ¡28 años!. En 1960 lo demolió la piqueta, pero persiste en el recuerdo de los tangueros gracias a que un asiduo concurrente, Enrique Cadícamo, lo inmortalizó con su tango “Adiós Chantecler”, donde describe su demolición y hace velada alusión de un lupanar; tengamos en cuenta que era un cabaret cuya administradora o “madama” era Giovanna Ritana, esposa de Amadeo Garesio, dueño del local. Además de los mencionados Julio de Caro y Juan D’Arienzo, también concurría Rodolfo Biaggi con su orquesta. Irineo Leguisamo y Carlos Gardel concurrían todas las noches.

El tango “Niño bien” menciona el nombre (“Allá en el Chantecler / la vas de bailarín”) pero se refiere a otro del mismo nombre ubicado en Montevideo.

Viejo café “del Mareo”

donde tocaban orquestas

y se envidaban apuestas

con floridos versos reos.

  1. Tango Bar

Ubicado en Corrientes y Talcahuano, por él pasaron gran cantidad de orquestas que se destacarían con sus interpretaciones. Muchos lo consideraban hermanado del Nacional y el Marzotto. Para acceder al local, alargado y estrecho y dividido por una mampara para separar el salón familiar del salón general, había dos puertas. Actuaron entre otros Elvino Vardaro, Pedro Laurenz con el cantor Alberto Podestá, Miguel Caló, Anselmo Aieta, Francisco Rotundo, Osvaldo Pugliese, Francini-Pontier con la voz de “El Varón del Tango” (Julio Sosa).

“Arrabaleros”
  1. Marzotto

Se encontraba en la calle Corrientes nº 1124 y en él se produjo el debut de importantes figuras. En el año 1940 Alfredo de Angelis formó su propia orquesta y debutó en el Marzotto junto al vocalista Héctor Morea el 20 de marzo de 1941. Cuando José “Pepe” Basso se desvinculó de Troilo, formó su propia orquesta debutando en el café en 1947. También lo hizo el cantor Julio Martel junto a Floreal Ruiz, interpretando el tango “No creas”.

  1. El Nacional

Como a este café concurrían grandes personajes de nuestra música ciudadana: Osvaldo Pugliese, Anselmo Aieta y Juan D’Arienzo entre otros, recibió el apodo de “La Catedral del Tango”. Estaba ubicado en la esquina de las calles Corrientes y Carlos Pellegrini y en él tuvo su estreno el 12 de agosto de 1926 el tango “El Ciruja” siendo su autor, Alfredo Marino, el primer cantor que actuó en la inauguración. Aunque Héctor Ángel Benedetti atribuye el estreno a Pablo Eduardo Gómez  -con quien cantaba a dúo- con la orquesta de Ernesto de la Cruz.

  1. Los Inmortales

Café de Los Inmortales

donde el ayuno era ley

para toda aquella grey

de los bohemios sociales.

Anteriormente llamado Café Brasil, tenía su local en Corrientes y Suipacha. Café literario donde se daban cita personajes bohemios que anteponían a la cena las tertulias acompañadas de un pocillo de café y, como aparentemente nunca comían, eran considerados “inmortales” en la imaginación del ocurrente Evaristo Carriego, que a su vez convenció a León Desbernats, dueño del establecimiento, para que le cambiara la denominación. Así nació el Café de Los Inmortales, al que eran asiduos concurrentes Horacio Quiroga, Florencio Sánchez, Alfredo Palacios, José Ingenieros. Otro de los habitués junto a Carriego (ambos poetas post modernistas y anarquistas) fue el poeta suizo afincado en Buenos Aires Charles de Soussens. Existe otra versión (“Desmemoria” Revista de Historia, nº 5, 1994, Buenos Aires) que atribuye a Alberto Gerchunoff -que ejercía ese raro poder de bautismo no sin un dejo de ironía- la paternidad en la sugerencia del nombre de este popular café.

  1. El Germinal

Estaba al lado de El Nacional, en Corrientes 942. Ahí tocaron las orquestas de Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese, Elvino Vardaro y otros destacados intérpretes. Troilo evoca éste café junto a el Marzotto en la milonga “Como perro en cancha e’ bochas”, del letrista Francisco García Giménez. También lo rememora otro tango, de Juan Larenza y Marsilio Robles: “Viejo Café Germinal”, y también aparece junto a otros famosos cafés en “Corrientes Bajo Cero”. En 1930 actuó Carlos Di Sarli. En 1939 Astor Piazzola, recién llegado de Mar del Plata con 18 años, se quedaba horas escuchando a la orquesta de “Pichuco”; de éstas rutinarias visitas surgió su amistad con Hugo Baralis, uno de los violinistas de Troilo, a quien lo presentaría. También actuó en este local, junto a “el Bandoneón Mayor de Buenos Aires”, el pianista Orlando Goñi.

  1. Café La Paloma

En el cruce de la Avda. Santa Fe, en su vereda norte, con el arroyo Maldonado (hoy Avda. Juan B. Justo) existía un bar de malandrines y cafañas, además de poetas, cuyas noches eran amenizadas por una orquesta de señoritas entre las que se encontraba la “renguita” Lucía, animando el ambiente con polkas, tangos, valses y rancheras.

No era de extrañar que se armaran trifulcas que obligaban a intervenir al Comisario del barrio, D. Francisco Romay, quien entraba a veces atropellando en su caballo y sable en mano para dispersar a malandras y bohemios. Enrique Cadícamo, en descripción poética muy suya, decía que “Era un café muy cabrero / con un clima pendenciero / y llamado La Paloma”. También Héctor Blomberg rememoraba el café y… su amor por la “renguita” Lucía: “…Sólo queda un recuerdo / de amor de primavera: / la renguita Lucía / que tocaba el violín”.

En el folletín que el mismo Héctor Blomberg adaptó en 4 libros para ser interpretado como radioteatro por el conjunto encabezado por el primer actor Pedro Tocci en Radio Argentina en el año 1941 (patrocinado por la yerba “Pájaro Azul” y dedicado a las andanzas de Juan de la Cruz Cuello) se menciona varias veces la pulpería La Paloma, a la que era asiduo el moreno Carpincho; teniendo en cuenta que éste era un trompa del batallón Palermo, es muy probable que se tratara del mismo sitio que el posteriormente llamado Café La Paloma.

15. Royal Keller

Era un antro que estaba ubicado en un sótano de esa esquina donde “amainaron guapos junto a tus ochavas / cuando un elegante los calzó de cross“, Corrientes y Esmeralda, muy adecuado para ser utilizados por las minas de rompe y raja y sus clientes momentáneamente solitarios. Pero también servía como lugar de encuentro para los jóvenes de la Nueva Generación. Dentro de éstos y a raíz de una carta crítica de Roberto Mariani (el de “Cuentos de la Oficina”) en la Revista Martín Fierro en 1924, se produjo una escisión y los “socialistas” constituyeron un grupo que denominaron “Grupo de Boedo” mientras los “cosmopolitas” de Martín Fierro tomaron el nombre de “Grupo de Florida”  pues solían reunirse en la Confitería Richmond de la calle Florida; no obstante estos jóvenes escritores seguían confraternizando en el “Royal Keller” pese a sus diferencias conceptuales. Creo recordar (disculpen los lectores si me equivoco) haber leído que el ‘cajetilla’ de referencia en el tango, era nada menos que Jorge Newbery, gran deportista, aviador y boxeador entre otras aficiones. Según narra Edwin Williamson en “Borges. Una vida“, en febrero o marzo de 1925 Borges y Enrique González Tuñón se agarraron a golpes, según confesara en una carta a su cuñado Guillermo de Torre. Pero también se libraban batallas contra los desviacionistas del espíritu puro del arrabal en la defensa de ese tango primigenio (tango canyengue de la guardia vieja; tango milonga) contra los nuevos compositores que ensayaban canciones lacrimosas o quejas mujeriles de malevos a los que abandonaban sus mujeres, y de vez en cuando Borges y  los seguidores del espíritu de Carriego salían en grupo del Royal Keller para arremeter a los gritos contra los aficionados al nuevo género cuyo máximo exponente era Juan de Dios Filiberto, en sus reuniones semanales del Café Tortoni.

16. Otros Cafés

Son demasiados los sitios donde se bailaba tango para enumerarlos a todos, algunos eran peringundines más aproximados a un lupanar que a un café bailable. Pero merecen por lo menos citarse Lo de Laura, a cuyo frente estaba la señora Laura Monserrat y se encontraba en Pueyrredón y Paraguay (Balvanera); y muy cerca de allí, en

Palais de Glace (Palacio Nacional de las Artes)
Palais de Glace (Palacio Nacional de las Artes)

Jujuy y Carlos Calvo, se encontraba un sitio similar, denominado La Vasca (o María La Vasca por su dueña, María Rangolla). Ambos son mencionados en el tango No Aflojés: “…vos fuiste rey del bailongo / en lo de Laura y La Vasca”.

 

 

 

Vecinas a Plaza Francia se encuentran varias plazas encadenadas cuyo recorrido nos acerca al Palacio Nacional de las Artes, que en otro tiempo fuera el famoso salón de Baile Palais de Glace; éste es uno de los considerados como cuna del tango. Tampoco podemos prescindir en esta reseña del Café Cassoulet, el Café Chiavari y el Café Italia, los tres mencionados por “Fray Mocho” en su “Memorias de un vigilante”.

Cronopio

César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.

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