Tangueando

LA MILONGA A TRAVÉS DE LA HISTORIA 

El 20 de diciembre de 1911, El Hogar de Buenos Aires publicó una información gráfica, eco de otra aparecida en la revista Fémina de París, donde se anunciaba que el baile de moda en la Ciudad Luz era, a la sazón, el tango argentino: El Boston, el doble Boston, fueron en otros días los bailes de moda en los salones selectos de París; pero en este año el baile a la moda es el tango argentino, que ha llegado a bailarse tanto como el vals. “Como se ve –reza en una de sus partes la sucinta nota-,  los salones aristocráticos de la gran capital acogen con entusiasmo un baile que aquí, por su pésima tradición, no es ni siquiera nombrado en los salones, donde los bailes nacionales no han gozado nunca de favor alguno”, y a renglón seguido se formula este interrogante, rematado en la reflexión de rigor: “¿París, que todo lo impone, acabará por hacer aceptar en nuestra buena sociedad el tango argentino? No es de esperarse, aunque París, tan caprichoso en sus modas, hará todo lo posible para ello. Y por cierto que no tendría poca gracia esa aclimatación del tango en su patria”. (Gentileza de Rodolfo Barragán, Director de la Hemeroteca de la Legislatura Porteña).

Lo siguiente, es una charla que el autor protagonizó  en Gabanna (León) el 1-III-2015:

Recordando conceptos. Significado de “milonga”

Si buscamos en el Diccionario una palabra al azar, veremos que tiene distintas acepciones, pues todo depende del contexto en que se emplea. Lo mismo ocurre con milonga, porque si decimos por ejemplo “déjese de milongas” estamos diciendo “déjese de cuentos” o “déjese de embromar”; pero si decimos “escuchá que linda milonga” en este caso nos referimos a un género musical. Si en cambio decimos “vamos a la milonga” significa invitar a un sitio adonde se va a bailar.

La milonga a través de la historia.  Como en casi todas las cosas no podemos afirmar con exactitud cuándo se produjo la primera milonga, que por otra parte fue evolucionando. Tener siempre presente que puede haber superposición de etapas en una misma época, para los distintos aspectos que trataremos.

En la Argentina lo que podríamos denominar milongas (en su sentido de baile) provienen de la época colonial que perduró luego de nuestra independencia siendo el MINUÉ el protagonista principal, baile sin abrazo, suelto. Muy típico de la Argentina Federal en la época de Rosas (tanto es así que estaba el denominado “minué federal”); también el candombe, que bailaban los negros que perduraron en Buenos Aires luego de la abolición de la esclavitud.

La siguiente etapa evolutiva podemos inscribirla en la Guerra de la Triple Alianza, que al amparo de la obligada coexistencia de argentinos, orientales y brasileños en el rancherío de los campamentos, se entremezclaba la triple nacionalidad enlazando cinturas de las negras y mulatas que acompañaban a las tropas de Brasil, agregándose las “chinas” de los ranchos vecinos en la invadida provincia de Corrientes. Ahí se bailaría el “jongó” (danza africana sensual), candombe, habaneras y tal vez rancheras y chamamés. Entonces tenemos parejas entrelazadas entre los años 1865 a 1870.

Se me ocurre orientarlos en este punto sobre otra fecha. “Esmeralda” o “Cuentos mundanos” de José Álvarez (Fray Mocho) apareció en 1882, y en uno de sus cuentos dice: “ya le parecía sentir la música del baile y verse prendido del talle gentil de la pardita, llorándole en la oreja sus súplicas amorosas”.

Posteriormente se produjo la irrupción del tango, pero esto ocurrió en los arrabales, se organizaban bailes en cualquier momento y sitio, generalmente en cabarets y prostíbulos, por cuya causa era una danza preterida por las clases acomodadas, en cuyos salones se bailaba el vals vienés, el boston (especie de “baión”). ¿Conocieron el “Baión de Ana”? Muy conocido en mi época juvenil.

Mas tarde y a su regreso triunfal de Europa, el tango fue incorporado como baile en todas las escalas sociales, pero en las milongas había ciertas diferencias organizativas, por así decir.

En las milongas de ahora la vestimenta guarda un estilo adecuado y existe un acendrado cuidado por el calzado. Imagínense las primeras milongas de campo, donde el salón podía ser un galpón del ferrocarril para almacenar grano, el piso de tierra apisonada, los paisanos con bombacha, pañuelo al cuello, chambergo y alpargatas (y alguno presumiendo de gaucho con el facón al cinto)… y además del tango coexistían otros ritmos: rancheras y valses principalmente y a veces alguna danza criolla como el “gato” o “la chacarera”.

En las milongas ciudadanas, organizadas con tiempo, anunciada con carteles y en salones de más categoría, también junto al tango se bailaban otros ritmos: baión, jazz, vals, dixiland, foxtrot.

Por la misma época, y hablamos aproximadamente de la década del ’20 del siglo pasado, las milongas de los arrabales se organizaban de improviso y se anunciaban de boca en boca (no existía internet) y si se realizaba en un sitio alejado había que ver cómo se desplazaba la muchachada (chicos y chicas); generalmente con una camioneta o un camioncito de los de esa época, con baranda de madera de la que se agarraban todos, que por supuesto iban parados.

Incomparable la interpretación de Jorge Vidal de la milonga de José Canet y Enrique Dizeo, Garufa en Villa Lugano:

La milonga (en el sentido musical) Garufa en Villa Lugano, nos describe muy bien cómo se armaba la milonga (en el sentido bailable): cómo se entera el garabo, dónde se hace, cómo viajar, y otros pormenores. Estos reos de pronto se armaban una milonga flor en un velorio; tenemos una vívida descripción en la milonga “Entre Curdas” conocida también como “El Velorio”.

Cajetillas y reos. Al acercarnos a la década del ’40 nacen las milongas puras en los cabarets y algunas confiterías bailables, a las que acuden barras arrabaleras y patotas pitucas; los primeros ven en los cajetillas a gente más acobardada y solían producirse provocaciones que terminaban en batallas a trompadas y sillas volando como si fuesen estrafalarios pájaros; pero en los dos bandos había gente de agallas, y el tango Corrientes y Esmeralda lo pone de relieve al mencionar “Amainaron guapos junto a tus ochavas / cuando un cajetilla los calzó de cross” (referencia ésta, a Jorge Newbery).

Orquestas. En algunos salonessolían ser habituales 2 orquestas: una orquesta típica de tango, y otra de jazz. En plena década de los ’40 los cuartetos o quintetos de tango, o las grandes orquestas que llenan las pistas de baile actúan también en famosos cabarets como los que menciona el tango “Corrientes bajo cero”: en el Marzotto DeAngelis, en el Ruca Juan D’Arienzo, en el Tibidabo Pichuco… y Pugliese echando el resto en el Café El Nacional.

Donde actuaba Alberto Castillo con la orquesta de Ricardo Tanturi se armaban unas trifulcas monumentales, Castillo tenía una habilidad innata para provocar, e incitaba a barras de una y otra procedencia con típicos gestos que acompañaban esos versos de los que hablamos en una charla anterior, del tango Así se baila el tango”: “Qué saben los pitucos, lamidos y sushetas”…

Pero las grandes milongas con grandes orquestas, a finales de los ’40 y en los ’50 eran protagonistas en los carnavales, que generalmente se realizaban en algún club de fútbol: Vélez Sarsfield, San Lorenzo, Boca Juniors, Deportivo Morón; o en grandes salones como el del Centro Lucense, en el Salón La Argentina, en el Centro Gallego.

Llegó la crisis en los ’60, las grandes orquestas no se podían sostener, las discográficas promocionaron otros géneros musicales y el tango entró en decadencia, y con él las milongas. A mi llegada a Buenos Aires al comienzo de los ’60 todavía pude asistir a un salón en Flores donde actuaba Pugliese, a otro en Villa Ariza donde actuó Enrique Dumas (ahí surge la milonga de mi “Tortazos en Villa Ariza”), al club Deportivo Morón actuando Miguel Montero.

Ambientación.

En las épocas más antiguas se colocaban bancos alineados junto a las paredes, donde las naifas –acompañadas por su mamá, tía o hermana mayor- permanecían sentadas y con el ojo atento; los garabitos parados, cabeceaban a la distancia y, si la mina correspondía con su inclinación de cabeza, se acercaba hasta donde ella esperaba y se levantaba cuando él estaba a un par de pasos, no vaya a ser que fuera una confusión. Con el tiempo, las hileras de bancos fueron suplantados por filas de mesas que rodeaban la pista de baile.

Si a uno le ocurría que al cabecear le respondieran con una inclinación de cabeza, pero cuando se va acercando a la mesa de la candidata  ésta se levantaba en dirección a otro malevo, se daba cuenta que la vista le había jugado una mala pasada y, por disimulo, seguía camino hacia los aseos.

Borges y la milonga

Ernesto Sábato lo cita en “Tango, discusión y clave”: “Hay una diferencia fundamental entre las milongas antiguas –el Pejerrey con papas, digamos- de la Academia Montevideana, y las milongas de sabor arqueológico que ahora se elaboran: las de ayer expresaban una felicidad posible, las de hoy un paraíso perdido (…)”

Borges profundiza sobre la milonga cantada: “Su versión corriente es un infinito saludo, una ceremoniosa gestación de ripios zalameros, corroborados por el grave latido de la guitarra. Alguna vez narra sin apuros cosas de sangre, duelos que tienen tiempo, muertes de valerosa, charlada provocación; otra, le da por simular el tema del destino. Los aires y los argumentos suelen variar, lo que no varía es la entonación del cantor, atiplada como de ñato, arrastrada, con apurones de fastidio, nunca gritona, entre conversadora y cantora. La milonga es una de las grandes conversaciones de Buenos Aires.” (“Sentir el Tango” nº 27, pág. 315) 

Las tres vidas de la milonga, según Filiberto

Borges, que no congeniaba con el ‘boquense’, dijo de él: “Juan de Dios Filiberto -que es un par de patillas y un acordeón que andan entristeciendo el Riachuelo- ha formulado, como quien no quiere la cosa, una desunión tripartita de la milonga: léase del tango. En los fondos de la Revista EL HOGAR del 15 de julio, le prescribe esta trinidad: a la milonga -nos dice Filiberto- yo la divido en 3 grupos: primero, la milonga agreste, que es la de pulpería (la de Martín Fierro con el Negro); segundo, la milonga compadrona que es la entrerriana, peleadora y buscapleitos; y tercero, la milonga porteña, que es la milonga mía, del dolor y del trabajo; la milonga de la necesidad, de la fatiga, del obrero que trabaja todo el día y que, de noche, le limpia la cara roñosa a las penas, cantándole a la novia todas las angustias de ese perro flaco que se llama Destino”. (“El Idioma de los Argentinos”, Jorge Luis Borges, Alianza Editorial, Madrid, 1998, pág. 118 y 119). Había sido publicado en 1928 en una tirada de 500 ejemplares.

Durante años el tango estuvo alejado del gusto popular, principalmente para la generación que teníamos 20 años en los ’60, pero en los últimos años hubo un resurgir y hoy en día se realizan milongas en muchos sitios, de las que nos pueden hablar los bailarines Arturo y Carolina que estuvieron hace poco participando en milongas porteñas.

Hoy día resulta placentero ir caminando por la calle Florida, o por el Barrio de San Telmo en cercanías de Plaza Dorrego en el mercado de los domingos, y encontrarnos de pronto con alguna pareja bailando en la calle para ganarse una propina. Descaradamente bien.

 César José Tamborini Duca

Académico Correspondiente para León

Academia Porteña del Lunfardo

FUENTES:      

*“El Idioma de los Argentinos”, Jorge Luis Borges,                                                                                                                              

*Elaboración propia.                                          –

 *Paris y el Tango Argentino (La Nación, 20 de Octubre de 1957, Miguel Echebarne)                                        

*Hemeroteca de la Legislatura Porteña.                                                                         –                                

*Sentir el Tango, Nº 27                                                                                                                                                     

About author
César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.
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