Con Permiso, soy el tango (XXIV)

Portada de "El Tigre Millán"
Portada de “El Tigre Millán”

PICAO DE VIRUELA (recreación en prosa de “El Tigre Millán”)

                                                                  Con permiso, soy el tango…

de la sentada y el ocho

donde en mi baile, el morocho

saca ‘briyo’ a su tamango.

                                                                                                                                                                                            La viruela había hecho estragos en todo su cuerpo, pero era a su rostro enmarcado por un rijoso pelo azabache, a ese rostro moreno y surcado por el recuerdo de una riña en forma de barbijo, donde la conjunción de estos factores dotaba a su aspecto de una pátina siniestra, esa que perfilaban a los varones acostumbrados a no escabullir el bulto en ningún entrevero de taitas.

   De complexión fuerte, paticorto y de espaldas cargadas, amplias, acompañada de una musculatura que parecía forjada en los abundantes gimnasios de boxeo existentes en esa época o en la rutinaria descarga de bultos en el puerto.

   Desconocedor de la palabra ‘miedo’ le llamaban “tigre” por su bravura, herencia de la adjetivación de un sustantivo por parte de los indios que en las pampásicas latitudes australes llamaban ‘tigre’ o ‘toro’ a los que podían alardear de bravura.

   El, que en más de una situación se lo vio entreverado en trifulcas si sentía menospreciada su virilidad, en una ocasión en que se burlaron del metejón que lo tenía sumido en un intensa pasión no correspondida, murmurando algo sobre la cornamenta que adornan algunas testas enfrentó con sólo su facón de 50 cm a la patota pendenciera, repartiendo hachazos a diestra y siniestra en un torbellino en el que sus brazos parecían aspas enloquecidas de un molino, y los gritos del numeroso sabalaje tímida monserga ante los bramidos de furia del “tigre”, que sólo se calmó cuando huyó el último de sus enemigos.

   Cómo no lo iban a recordar los taitas que admiraban su bravura, cuando en los tugurios que solía frecuentar se corrió la voz que en una de esas noches de neblina sobre el Riachuelo, mientras cruzaba el Puente de Alsina y sin darle tiempo a prepararse para la defensa, cobardemente y por la espalda como no podía ser de otro modo, dos cuchillos se hundieron hasta la empuñadura en su cuerpo; fatal y triste desenlace para quién la palabra ‘traición’ resultaba tan lejana a su conocimiento.

   Y hasta la desamorada ‘minushia’ lo recuerda junto a la muchachada del barrio del Paso de Burgos*, cuando brindan por el recuerdo de su coraje ¡a tu salud, tigre!.

*Antiguamente se llamaba ‘Paso de Burgos’ al actual Puente de Alsina

https://www.youtube.com/watch?v=_SaC7hbtTPQ

 

EL TIGRE MILLÁN    (Letra y música: Francisco Canaro)                                                                                                        

Picao de viruela, bastante morocho,

encrespao el pelo lo mismo que mota

un hondo barbijo a su cara rota,

le daba un aspecto de taita matón.

De carácter hosco, bien fornido y fuerte

afrontó el peligro cual bravo titán,

jamás tuvo miedo ni aún ante la muerte

porque era muy hombre “El Tigre Millán”.

Pobre Tigre que una noche en Puente Alsina

dos cobardes lo mataron a traición.

Era guapo, de esos guapos más temidos

que la punta desgarrante de un facón.

Mala suerte, pobre Tigre, siempre tuvo

en cuestiones de escolazos y de amor.

Pues no era bien parecido

y fatalmente metido

con la mujer que adoró,

nunca fue correspondido

y ella al fin lo traicionó.

Cuentan que una noche, bramó como fiera

en un entrevero, que hasta hoy se comenta.

Repartiendo hachazos, ¡era una tormenta!

Mostró su coraje venciendo a un malón.

¡Parece mentira, que hombres de tu laya

mueran siempre en manos de un ruin cobardón!

¡Hoy la muchachada, Tigre, te recuerda

y aquella culpable llora su traición!

César J. Tamborini Duca

Cronopio

César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.

Un comentario sobre “Con Permiso, soy el tango (XXIV)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR