Con permiso, soy el tango (III)

SOBRE TANGOS Y MILONGAS. MILONGUEAR

Hay varias hipótesis –y mucha imaginación- sobre los orígenes del tango, la palabra en sí, y la danza, como expuse en el artículo anterior. En éste agregaré otras interpretaciones obtenidas de la lectura de “Cosas de Negros” de Vicente Rossi.

En su libro “Cosas de Negros”, Vicente Rossi nos hace transitar por los orígenes y características de la cultura negra en el Río de la Plata, explicando que si la danza nativa africana tuvo un nombre en su cuna, fue olvidado con el olvido de su propio idioma, bautizándola entonces por onomatopeya sugerida, sea por sus cantos o por sus instrumentos. En el primer caso llamó a su fiesta, entre otros nombres, candombé (mencionando que a estos vocablos el africano les daba acentuación aguda). Mientras que por onomatopeya del sonido de sus instrumentos, uno de sus vocablos era “tangó”.

Explica que los ‘morenos criollos’ fundaron sociedades filarmónicas, la primera de ellas (aparecida en Montevideo aproximadamente en 1867) se llamó “La Raza Africana”. En sus ‘comparsas’, cada composición ejecutada era informada al público mediante hoja impresa con sus versos, en la que cada composición se encabezaba con el título de la música: paso doble, valses, polkas, mazurcas, chotís. En una ocasión figuró “un ‘tangó’,  con honores de único bailable del repertorio… [siendo] esa la primera vez que en el Río de la Plata sonó el término ‘tangó’ aplicado a un baile de criollos”.

Dice también que “Los negros africanos, en América llamaron ‘tangó’ a su tamboril… ‘Tan-gó’ es la voz del tamboril… [al ser] dados con una mano y un palo… más claro dirá tan-gó”. “El vocablo tendría procedencia africana, si bien contaminada con el ‘tangir’ castellano o el ‘tangere’ del latín”.

Es interesante destacar cuándo fue la primera vez que aparece escrita la palabra tango en algún documento. Vicente Rossi dice que “La noticia más remota alcanza a 1808. Los cascarudos del zoco moruno-lusitano-godo improvisado donde hoy se levanta Montevideo, le fueron con chismes a su capataz [se refiere al gobernador] para que prohibiera ‘los tangos de los negros’, por el barullo que producían…”.

Sin embargo un año antes, de acuerdo a las Actas del Cabildo de Montevideo de 1807,  Ayestarán  dice que “A principios del siglo XIX el Cabildo de Montevideo certifica la presencia de los Candombes, a los que llama indistintamente ‘tambos’ o ‘tangos’, prohibiéndolos en provecho de la moralidad pública”.

Continúa Rossi: “Al decir tangos engloban local, instrumentos y baile, y esta manera de interpretar fue sugerida por los mismos negros, que titulaban a sus reuniones por el acto principal de ellas: ‘tocá tangó’ (tocar tambor); por eso cuando pedían permiso para reunirse a candombear, decían ‘a tocar tangó’.”

No elude mencionar el tango uno de los autores clásicos de la literatura argentina. Juan Mª Gutiérrez rechazó el nombramiento de Académico correspondiente extranjero de la Real Academia Española otorgado el 11 de diciembre de 1872. Ese rechazo originó una polémica con “Antón Perulero” (seudónimo del escritor español Juan Martinez Villergas) y en una de las réplicas escribe Gutiérrez:

“… esa misma lengua, su literatura y las musas, haciéndolas descender al bajo nivel del romance liviano, … de las seguidillas y tangos africanos de la familia de las zarabandas y chaconas de la época desgraciada del poeta-rey D. Felipe el 4º”. (La Libertad, 6 de febrero de 1876). Es de suponer que la referencia a la época del rey (que vivió entre 1605 y 1665) solo se trata de una figura literaria; caso contrario le estaría otorgando al tango una antigüedad inimaginable.

Ricardo Rodríguez Molas, argentino estudioso del tema, menciona la existencia de una “casa y sitio del tango” en 1802.

Asevera Vicente Rossi que el canto criollo montevideano se reducía a la milonga y el estilo, mientras que en Buenos Aires predominaban los tristes y cielitos; y las relaciones en los bailes que los exigían, como el gato. Se refiere, naturalmente, al siglo XIX. Menciona que la payada es la poesía espontánea de los rioplatenses “es la rumbosa inspiración de los anónimos vates del pueblo… Y el payador se fue esfumando en el milonguero; y la payada ingenua de los fogones pastoriles, único romance de los nativos sanos de cuerpo y alma, se convirtió en la Milonga de los fogones milicos y de los tugurios ciudadanos. Por eso la Milonga es la Payada pueblera. Son versos octosílabos… [que en] la de los payadores, solía ser de seis versos; la de los milongueros, de cuatro…

Se llamaron milongas a las reuniones de los aficionados a payar en los suburbios ciudadanos, dispensándoseles en consecuencia el título de milongueros, porque se reservaba el de payadores para los genuinos improvisadores camperos”. De ahí que, para denominar el acto de reunirse para bailar y cantar, se utilice la palabra milonguear.

El diccionario de vocablos brasileños dice que milonga significa ‘palabra’ y es vocablo de origen bunda. Aclaremos que bunda es asimilable a bozal, que es el modo de hablar de los negros -de la etnia bantú, principalmente-  en el Río de la Plata. (Ver en “Martín Fierro”, el gringo centinela; en ese entonces no se había acuñado todavía el término ‘cocoliche’ y por eso Fierro lo llama ‘bozal’).

Bibliografía

“Cartas de un Porteño”, de Juan María Gutiérrez. Editorial Americana, Buenos Aires, 1942

“Cosas de Negros”, de Vicente Rossi. Ed. Hachette, Buenos Aires, 1958

Azabache

Música y letra: Enrique Francini, Héctor Stamponi y Homero Expósito

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¡Candombe! ¡Candombe negro!¡Nostalgia de Buenos Aires
por las calles de San Telmo
viene moviendo la calle!
¡Retumba con sangre y tumba
tarumba de tumba y sangre!…
Grito esclavo del recuerdo
de la vieja Buenos Aires…
¡oh… oh… oh!…
¡oh… oh… oh!…

Julio Sosa

¡Ay, molenita, tus ojos
son como luz de azabache!…
Tu cala palece un sueño
¡Un sueño de chocolate!…
¡Ay, tus cadelas que tiemblan,
que tiemblan como los palches!…
¡Ay, molenita, quisiela…
quisiela podel besalte!…
¡oh… oh… oh!…
¡oh… oh… oh!…
¡Candombe! ¡Candombe negro!
¡Dolor que calienta el aire!
¡Por las calles del olvido
se entretuvieron tus ayes!…
¡Retumba con sangre y tumba
tarumba de tumba y sangre!…
y se pierde en los recuerdos
de la vieja Buenos Aires…
¡oh… oh… oh!…
¡oh… oh… oh!…
¡Candombe! ¡Candombe negro!
nostalgia de gente pobre…
por las calles de San Telmo
ya se ha perdido el candombe…
¡oh… oh… oh!…
¡oh… oh… oh!…

Cronopio

César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.

Un comentario sobre “Con permiso, soy el tango (III)

  • el 4 septiembre, 2016 a las 6:25
    Permalink

    César Tamborini Duca, he leído todo, me encantó no solo por el contenido sino por tu forma amena de escribir y por lo estudioso que eres, además muy perseverante, te merecerías un Premio Nobel. Con todo afecto, querido amigo-hermano, y orgullosa de tener un amigo-hermano como tú. Nélida Caracciolo

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