Con permiso, soy el tango (II)

Con permiso, soy el tango
que viene desde el suburbio
huyendo del pasado turbio,
escapando de ese fango.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS Y LITERIARIOS DEL TANGO Y SUS LETRAS.

El Guapo y la mina.

El varón del arrabal, machista por excelencia, es el guapo que deviene ‘demiurgo de la hombría’, lo cual no es más que un signo de debilidad por el temor a la independencia, a la libertad de la mujer: no puede aceptar que “su mina” sea capaz de tomar sus propias decisiones porque entonces no podrá dominarla.

Pretende ser fuerte demostrando en dosis superlativa lo macho del hombre e intenta subyugarla porque en el fondo de su subconsciente anida una debilidad, el temor a no parecer suficientemente hombre y el temor a la sublevación de su compañera. Incapaz de comprenderla, de compadecerla ni despreciarla, su única finalidad es usarla.

Su guapeza no entraña realizar una hazaña como la que puede protagonizar en un duelo a cuchillo, sino demostrar el coraje simplemente en su hombría, referida fundamentalmente a la conquista de la mujer y su dominio sobre ella; es el “macho” con lo que ello entraña de virilidad y de manifestación de sexualidad.

Su soledad suele ser compensada por la compañía de alguna mujer de mala vida, que lo mantiene porque su sentimiento es de admiración al varón. Es entonces cuando aparece el vividor, el rufián, el proxeneta.

Cuando la mujer entró a competir por el salario en el mismo sitio de trabajo que el hombre fue estigmatizada, considerándola una pobre mina frustrada como resultado de su soltería o de un matrimonio infeliz. Acosada por sus compañeros y por sus superiores pues se creían con el antiguo y abominable “derecho de pernada”, veían en ella sólo la hembra, cual Margarita* de lupanar o como espejo de las ‘grisetas’ parisinas.

En ese guapo de arrabal prendió el tango para adquirir carta de ciudadanía, no precisamente en la ciudad sino en el suburbio de ella, y en las casas de lenocinio. Era el baile que protagonizaba el varón, (las mujeres del pueblo no querían participar en un baile de perdularias) de la cintura para abajo porque es deslizarse; es el baile del pesimismo y la melancolía, música solamente pero música lasciva, de lujuria, que se filtraba por las calles desiertas a través de sus celosías entornadas. No en vano Leopoldo Lugones decía que el tango era “un reptil de lupanar”.

Es posible que esa fuera la razón por la que Borges, en una entrevista realizada en 1982 por Xavier Rubert de Ventós, decía que “tango no viene del ‘tangere’ latino como creía Lugones, sino de la etimología africana que está en el ‘Diccionario Etimológico’ de Coromines como jazz, que en el inglés criollo de Nueva Orleans, ‘to jazz’ quiere decir fornicar; fornicar de un modo breve, espasmódico, violento. ‘Nolli me tangere** – just jazz it’.”

La fonética nos abre también nuevas tranqueras en el campo de la investigación. ¿Y si ‘tango’ derivara de ‘jongo’?. Sólo dos letras separan una de otra palabra. Y era ésta una danza africana bárbara y sensual, lasciva como el tango en sus inicios  -y coexistirían temporalmente- Solía bailarse en el rancherío, cuando la guerra de la Triple Alianza contra Paraguay en la década de 1860 obligaba a la coexistencia de orientales, brasileños y argentinos. Voluptuosidad y colorido en la que se mezclaba la triple nacionalidad en furibundo ritmo, enlazando cinturas de mulatas y negras que acompañaban a las tropas brasileñas, agregándose a ellas las ‘chinas’ de los ranchos vecinos cuando la acción transcurría en suelo correntino, invadido por las tropas del Mariscal López. Pero… esto es sólo una hipótesis, o una elucubración, del autor de éste artículo.

El compadrito.

Pero no sólo en el lenguaje persiste la posibilidad de estudiar esta temática de guapos, malevos y compadritos, también podemos retrotraernos a la herencia española. Tal ‘el compadrito’, esa figura que convive con el gaucho de la pampa y el malevo del suburbio, y del que decía Sarmiento en su “Vida de Juan Facundo Quiroga” (1845): “En Buenos Aires, sobre todo, está todavía muy vivo el tipo popular español, el majo… Todos los movimientos del compadrito revelan al majo; el movimiento de los hombros, los ademanes, la colocación del sombrero, hasta la manera de escupir por entre los dientes, todo es aún andaluz genuino”.

La lascivia original del tango se pone de manifiesto en muchos de los antiguos temas con títulos procaces, de los cuales hay una larga lista y transcribo los siguientes: “Soy tremendo”, “El choclo”, “El fierrazo”, “Con qué trompieza que no dentra”, “La clavada”, “Tres sin sacarla”, “Siete pulgadas” (conocido también como ‘Siete palabras’), “Qué polvo con tanto viento”, “Probá que te va a gustar”, “Empujá que se va a abrir”,  “Afeitáte el siete… que el ocho es fiesta”, “Sacudime la persiana” (anteriormente era ‘Sacudíme la poronga’), “Dejála morir adentro”, “Va Celina en la punta”, “Dos sin sacar”, “Golpiá que te van a abrir” (conocido ahora como ‘El esquinazo’).

Si posteriormente el tango se escapó del prostíbulo, el camino recorrido fue breve pues no pasó del suburbio, donde vivía su efímera gloria de filigranas en una esquina cualquiera, donde los guapos lo ornamentaban con cortes y quebradas. Hasta que apareció el verso como complemento de la música, y en él se volcó toda la melancolía y la tristeza de la vida cotidiana; pero también el adulterio, el escolazo, el desamor, el concubinato y la mujer de mala vida; el alcohol como refugio para el desaliento (amoroso, social, económico), las carreras de ‘yobaca’, la vieja, la amistad, el cafetín, el ‘fobal’, los barrios, la muerte con ‘Tu pálido final’, los compadritos, la ‘gayola’, la historia, la bohemia. Pues todo esto y mucho más reflejan sus versos, como un espejo de la vida.

Sin embargo ¡y qué contradicción! También puede ser eco y pregón de obras inmortales de la literatura: ‘Margarita Gauthier’ describiendo en breves y románticas líneas “La Dama de las Camelias” de Alejandro Dumas (h.); y ‘Griseta’ donde se menciona al caballero Des Grieux y a Manón, protagonistas de la novela “Manón Lescaut” del Abate Antoine Prèvost en la que se describe el poblamiento de Nueva Orleans con las prostitutas (grisette) parisinas; este tango menciona tambien otros personajes de la literatura francesa. Así, Museta y Mimí son las dos ‘grisettes’ de “Escenas de la vida bohemia” (Enrique Murger, 1848), mientras que Schaunard es un filósofo y Rodolfo un poeta, apareciendo una vez más los protagonistas de “La Dama de las Camelias”: Margarita Gauthier, y Duval (Armando). El tango “Así es Ninón” habla probablemente de la protagonista de la novela romántica “La verdadera historia de Ninón de Lenclos” (basada en la vida de la escritora Ana Lenclos). El poeta francés Alfred de Musset escribió la novela romántica “Mimí Pinson”, otra ‘grisette’ en cuyo espejo se recrea el tango homónimo.

Los poetas que estudiaron y/o convivieron con el tango, desde aquél lejano 1865 en que el actor German Mc Klay (canadiense residente en Argentina)  personificara “El Negro Shicoba”  -habanera escrita en compases de 2 x 4-,  hasta nuestros días, siempre han insistido sobre su sensual tristeza. Tenemos un ejemplo en un tango cuyas atravesadas y tristes estrofas dicen: “Mancha roja, que se coagula en negro./ Tango fatal, soberbio y bruto./ Notas arrastradas, perezosamente, en un teclado gangoso…” (‘El Cencerro de Cristal’ de Ricardo Güiraldes, 1915).

También debemos considerar que el encuentro del asfalto de la ciudad con la llanura infinita que la circundaba, formaba un límite impreciso donde se imbricaban la una en la otra, coexistían el paisaje y su gente y –como no podía ser de otra manera- ese paisaje pampeano se reflejaba musicalmente en estilos y canciones campestres, y en tangos que eran espejo de la vida campestre y cuyo ejemplo más paradigmático es el tango “El Aguacero” de José González Castillo y Cátulo Castillo (padre e hijo), de 1931, que aún se manifiesta como ‘estilo’.

Por eso las primeras letras fueron ‘estilos’ o ‘aires camperos’. Lo contradictorio de todo esto fue que la primera letra de un tango para ser cantada como se entiende hoy que debe ser una letra de tango, contando una historia con alguno de los atributos mencionados en el párrafo anterior, no fue precisamente para glorificar al macho; muy por el contrario es la mujer la que lo deja abandonado y llorando su desamor para refugiarse en el alcohol. No obstante su forma poética (décimas octosílabas) se mantiene aún dentro de los cánones del canto rural de la pampa húmeda.

Se trata de un tango instrumental de Castriota llamado ‘Lita’, posiblemente de 1916. Pascual Contursi le puso letra y llamó al tango ‘Percanta que me amuraste’. Según los entendidos fue éste el primer tango cantado por Gardel (éste cantaba música criolla, los ‘estilos’ o ‘aires camperos’ mencionados antes, a dúo con José Razzano), el 3 de enero de 1917, en el Teatro Esmeralda. Posteriormente y a raíz de las desavenencias entre los autores de la música y la letra, Gardel actuó de mediador entre ellos y sugirió el nombre con el que se conoció posteriormente: ‘Mi Noche Triste’.

Andando el tiempo muchas de sus letras seguirían por el mismo andarivel poniendo de manifiesto el subconsciente colectivo del varón del arrabal. ¿Es acaso ese complejo de inferioridad que mencionamos antes el que hace decir a los hombres del tango que la mujer lo abandonó?

De ninguna manera; se trata de una manifestación del subconsciente para acallar su complejo de culpa por golpearla y maltratarla; por eso, para seguir haciéndolo, tiene que demostrar que la mujer es mala en cada una de las facetas de la vida: en la honestidad (mediante el latrocinio: “Chorra”), en la moral (por el adulterio: “Dicen que dicen”), en los sentimientos (puntualizando el abandono: “Sentimiento Gaucho”); deviene así la culpable de que el hombre pierda su honor y traicione a sus amigos: ‘le quité el pan a la vieja, me hice ruin y pechador’ (“Esta noche me emborracho”); de que por ella esquilme algún farabute (“Ivette”). E infinidad de ejemplos que sería interminable enumerar.

* Margarita Gauthier

** ”Noli me tangere” es el nombre de una novela escrita por el patriota y mártir español, doctor Rizal.


Mi Noche Triste

Música: Samuel Castriota | Letra: Pascual Contursi

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¡Percanta, que me amuraste
en lo mejor de mi vida
dejándome el alma herida
y espinas en el corazón…!
¡Sabiendo que te quería,
que vos eras mi alegría
y mi sueño abrasador…!
Para mí ya no hay consuelo
y por eso me encurdelo,
pa’ olvidarme de tu amor.
Cuando voy a mi cotorro
y lo veo desarreglado,
todo triste, abandonado,
me dan ganas de llorar;
y me paso largo rato
campaneando tu retrato
pa’ poderme consolar.

De noche, cuando me acuesto,

Carlos Gardel

no puedo cerrar la puerta,
porque dejándola abierta
me hago ilusión que volvés…
Siempre llevo bizcochitos
pa’ tomar con matecitos
como cuando estabas vos,
¡y si vieras la catrera,
cómo se pone cabrera
cuando no nos ve a los dos!

Ya no hay en el bulín
aquellos lindos frasquitos
adornados con moñitos
todos del mismo color,
y el espejo está empañado,
si parece que ha llorado
Por la ausencia de tu amor…

La guitarra en el ropero
todavía está colgada;
nadie en ella canta nada
ni hace sus cuerdas vibrar…
¡Y la lámpara del cuarto
también tu ausencia ha sentido,
porque su luz no ha querido
mi noche triste alumbrar…!

Cronopio

César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.

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