Pehuén

pehuén (piñones)
pehuén (piñones)

El pehuén, de la misma familia de la araucaria, es una de las tantas variedades que existen de la familia de los pinos. Recordemos que una de las parcialidades de la gran Nación Mapuche se denominaba Pehuenche (gente de los pinares) precisamente por habitar la zona donde existían bosques de éste árbol.

También debemos recordar que antes de la llegada de los españoles con su aportación de trigo y ganados vacuno, ovino y equino, la población originaria se alimentaba de la caza y la pesca (guanacos, llamas, ñandúes, liebres, vizcachas, peludos, piches, truchas y otros peces), de una agricultura rudimentaria destacando el maíz; y además eran recolectores de los frutos del bosque, del poñi (o papa de monte) como vimos en el artículo ¡Qué rica la papa!, y también de los piñones, del que obtenían su harina y una bebida llamada “chafi”.

Claro que para esto la semilla (que está en el interior) debe estar madura, y la manera de saberlo es sacudirla: si se percibe un sonido que denota la presencia de algo suelto adentro, es que ya está en su punto. Como muchas cosas de la mitología mapuche, el pehuén tiene su leyenda recogida por César Fernández, que paso a transcribir:

el pehuén
el pehuén

Pehuén, el árbol sagrado de los mapuches

“Antes, mucho antes de que el ‘huinca’ (hombre blanco) viniera por estos lados, hubo un invierno muy frío. Ya no había animales para cazar. Ante tal situación decidieron enviar a sus jóvenes guerreros en busca de otros alimentos. Al tiempo volvió uno trayendo nguilliú, los piñones o semillas de pehuén.

El muchacho contó que cuando estaba en la cordillera se encontró con un anciano que en cuanto se enteró lo que estaba pasando le

piña o piñón
piña o piñón

preguntó por qué no se alimentaban de piñones, pues esa era la verdadera comida mapuche que Nguenechén (el Dios supremo) les había enviado. Le explicó todas las formas de aprovecharlo, luego desapareció entre la nieve.

Al volver, todos escucharon la novedad, y uno sentenció: ese era un mandato de Nguenechén. Juntaron todos los piñones que encontraron y los comieron. Para agradecer a Dios el haberlos salvado, a partir de ese momento en cada nguillatún, la gran rogativa ceremonial de los mapuches, se usa un pehuén como altar central y se toma chafi la bebida, una especie de cerveza, obtenida de la molienda de los piñones”.

por César J. Tamborini Duca

Cronopio

César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.

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