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LUNFARDEANDO CON LA “CRIOYEDÁ” EN LAS LETRAS ARGENTINAS

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LUNFARDEANDO CON LA “CRIOYEDÁ” EN LAS LETRAS ARGENTINAS

PAMPEANDO Y   TANGUEANDO. Director-editor: César J. Tamborini – Septiembre del 2020

  LUNFARDEANDO CON LA “CRIOYEDÁ” EN LAS LETRAS ARGENTINAS (Lunfardo, Nº 9)

No vayan a creer que los escritores, los poetas, son siempre personas sosegadas, tranquilas, porque a veces se producen agrias disputas entre ellos, principalmente cuando aparecen nuevos movimientos literarios a los que unos se incorporan, vituperando a veces a los otros, y viceversa. Saltar de un movimiento a otro, llámese Modernismo, Ultraísmo o lo que fuera siempre dejó alguna secuela.

Una famosa disputa se libró entre los integrantes del grupo “Martín Fierro” de Buenos Aires, contra la “Gaceta Literaria”, nueva revista literaria fundada en 1927 en Madrid, como consecuencia de un artículo publicado en ella por su Subdirector, el líder del ultraísmo Guillermo de Torre.

En dicho artículo se afirmaba que “el meridiano literario de la América hispana pasaba por Madrid” y la reacción no se hizo esperar en la edición de “Martín Fierro” (nº 42 del 10 de junio al 10 de julio de 1927). En ella encontramos una réplica pero ¡en lunfardo! A continuación, la misma, que para ser más hiriente, apela a la comicidad:

“A UN MERIDIANO ENCONTRAO EN UNA FIAMBRERA”

“¡Minga de fratelanza entre la Javie Patria y la Villa Ortúzar! Minga de las que saltan a los zogoibis del batimento tagai, que se quedamo estufo, que se… con las tirifiladas de su parola senza criollismo. Que se den una panzada de cultura esos ranfañosos, antes de sacudirnos la persiana. Pa de contubernio entre los que han patiao el fango de la Quinta Bollini y los apestosos que la yugan de manzanilla. Aquí le patiamo el nido a la hispanidá y le escupimo el asao a la donosura y le arruinamo la fachada a los garbanzelis.

Se tenemo efe. Una cosa es correr de un toro en Calatayud y otra es afanar gallinas en Tronador e intervenir un pesao en Nueva Chicago o cuerpiar la yuta en Grito de Asencio o hacer un acomodo de prepo con la grela más relinchada de Giribone.

Se tenemo una efe bárbara. No es de grupo que semos de la mafiosa laya de aquellos crudos que se basuriaban las elecciones más trenzadas en Balvanera. Par’ algo lo encendimos al tango entre las guitarras broncosas y salió de taco alto y pisando juerte. No es al pepe que entramos en el siglo a punta de faca y tiramos la bronca por San Cristóbal y fuimos la flor del Dios nos libre en Tierra del Fuego y despachamos barbijos en el bajo e la batería y biabas agalludas al portador.

¿Manyan que los sobramos, fandiños [¿] No hay minga caso de meridiano a la valenciana, mientras la barra cadenera se surta en la perfumería del Riachuelo: vero meridiano senza Alfonsito y al uso nostro.

Espiracusen con plumero y todo, antes que los faje. Che meridiano: hacete a un lao, que voy a escupir.”

Ortelli y Gasset

(“Borges”. Textos recobrados 1919-1929, Ed. Sudamericana, Bs. As., 2016, pág. 449 y 450)

Para aumentar la ironía Borges y Mastronardi, autores del “manifiesto” firman con el seudónimo Ortelli y Gasset. Tengan en cuenta que se trata de un lunfardo muy espeso ya que la intención de los autores era burlarse de sus colegas madrileños, pues el mismo Borges dijo: “caso parecido al que tuve ocasión de señalar en la escritura ‘arrabalera’ de ciertos periódicos: los hombres de las orillas versifican en lenguaje corriente; los cultos, en trance de fingirse orilleros, en denso y deliberado lunfardo”.

Los argentinos conocemos el enorme bagaje cultural de Borges y sus atrevidas e irónicas disquisiciones. Era un gran literato, cuentista, y hasta filósofo. Pero… llegados a este punto, permítanme divagar sobre filosofía, porque

“I’ve got a hunch” (frase perteneciente al “slang” norteamericano que significa “yo tengo una idea”). Debemos retrotraernos a la década del ’20 pero del siglo pasado. ¡Huy, dió! Ya pasaron 100 años, pasaron, desde que nos visitaraun vástago de la nobleza alemana y rusa establecida en el Báltico, un estonio que es como decir “ni ruso, ni polaco… ni alemán” aunque era yerno del canciller Bismarck. ¿Lo presentamos?

El Conde Hermann Graf von Keyserling (1880-1946).

En realidad era periodista pero con ínfulas de filósofo, y su conexión con Victoria Ocampo le permitió arribar a nuestras costas. Lo primero que hizo al llegar fue pedir audiencia al Presidente Hipólito Yrigoyen; en el tiempo que dispone beneficiado por la célebre amansadora del “peludo”, decide captar la identidad del país guiado por Victoria Ocampo.

Hipólito Yrigoyen

Cuando finalmente accede a la presencia de Su Excelencia lanza su primera pregunta (las posteriores ya fueron protocolares, algo había que decir):

-“¿Por qué Argentina se retira de la Sociedad de Naciones?”

-“Porque se me da la gana”, fue la contundente respuesta de Yrigoyen.

Anonadado regresa a Europa, pero antes desde el escenario del Teatro Ópera, el conde proclama sus “conceptos filosóficos” sobre el ser argentino. Con su índice kantiano acusador –más aún, empuñando su filosófica pluma- describió el tango en una frase: “La tristeza de Buenos Aires”.

A sus conferencias de “filósofo de moda” concurría para aplaudirlo la gente pituca de Buenos Aires, que escuchaba de sus labios –“Los argentinos son unos tristes (observar que, sin salir de Buenos Aires, emitía una opinión que englobaba a todo el país). No saben reír. El tango se ha infiltrado en el alma popular y ha puesto en cada ser el sello de la tragedia”.

Claro que para esto, nuestro gran Eduardo Mallea lo considera el absolutamente otro, una suerte de bárbaro invasor que no entiende este mundo. ¿Lo dejamos ahí? ¿o le respondemos con Francisco García Jiménez en “Estampas de Tango”?:

“El tango, acostumbrado a esos desplantes, sólo le respondió: -CHE, conde..¡NO TE METÁS!”

por César J. Tamborini Duca

About author
César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.
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