N.N.

“Ha sido conducido a esta Inspección N.N.,

El gran dictador. Charles Chaplin
El gran dictador. Charles Chaplin

 

por haber robado –según su dicho- la cobija

 a uno de los Reyes Magos” . (Amado Nervo,

Obras Completas, “El Colmo. Cuento de Reyes”,

6 de enero de 1895. Ed. Aguilar, 1991, pág. 96)

 Hace algún tiempo el columnista Manuel Rivas escribió en la Revista El País Semanal (nº 1665) un impactante artículo sobre ciertas prácticas llevadas a cabo por dictaduras militares: torturas, desapariciones, muertes. Es muy importante la memoria, porque no deben caer en el olvido las prácticas aberrantes que suceden, a veces con desconocimiento y otras veces con la aquiescencia de las sociedades que las padecen.

Confieso que más que la muerte, (que en definitiva es un retorno al estado natural, a la nada, algo inevitable) lo que causa pavura, lo que suscita horror es el sufrimiento que habrán padecido esas personas en manos de sus torturadores antes de convertirse en N.N. Quiero manifestar también que anteriormente a ese artículo, en el número 4 de la Revista “Argentinos de León” expliqué precisamente el significado de esas siglas, que transcribo a continuación pues complementa ese aspecto del citado artículo.

N.N., las dos letras que designan a los desaparecidos o muertos “desconocidos” son las abreviaturas de “Noche” y  “Niebla” y provienen de la obra wagneriana “El oro del Rhin” en la que Fafner, uno de sus protagonistas, ordenaba a los enanos del bosque que desaparecieran diciéndoles “Seid Nacht und Nebel gleich” (“Haceos semejantes a la Noche y la Niebla). Como sabemos, Wagner era uno de los autores operísticos más apreciados por Hitler y su entorno, y en los campos de exterminio de la Alemania nazi, esas iniciales de “noche” y “niebla” (N.N.) eran asignadas a los prisioneros que debían desaparecer sin dejar rastro. Uso generalizado posteriormente en circunstancias similares protagonizadas por otras dictaduras militares, y  tiene el significado de anonimato.

Cronopio

César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como “Cronopio”, es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.

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