¡Cuidado con los cincuenta!

Revista Rico Tipo
Revista Rico Tipo

Días pasados escuché en la televisión, no sé qué organización femichista quiere penalizar el piropo, como si éste se tratara de un improperio. Che, no hay que ser amargado; si a cualquier varón se nos encienden las neuronas para agasajar a una chica bonita que se nos acerca por la vereda, con palabras que tratan de provocar un encantamiento, palabras mas bien poéticas para deslumbrar a la damisela en cuestión …como también es cierto que a cualquiera mujer le gusta ser lisonjeada con esas palabras de exaltación de su belleza. No hay que ser tan arbitrario en la formulación de leyes, tratando de penalizar hasta las buenas e inofensivas costumbres. Pero como todo tiene su lado positivo, este extravagante intento me hizo recordar otro más extravagante aún ocurrido en Buenos Aires a principios del siglo XX, cuyo relato tenía archivado y, desempolvado, pongo a consideración de mis queridos lectores.

A finales del año 1906 Ángel Gregorio Villoldo escribió un tango titulado “Cuidado con los 50”.  Primitiva en su concepción la letra no dejaba de ser jocosa como era habitual en la época y en Villoldo, que hacía canciones divertidas. Al guiarse por el nombre del tango, mas de uno estará pensando en los estragos que para el organismo en general representa superar esa frontera, máxime si hay tendencias hipocondríacas; o tal vez en el agotamiento del deseo que puede producir en algunos: deseo de trabajar, deseo de aventuras, deseo de amar.

Nada más lejos de la realidad pues no era esa la intención de Villoldo; él quería dejar inmortalizado  en un tango una ridícula ordenanza policial del 10 de abril de 1889, que pretendiendo proteger el decoro de las señoritas, sentenciaba que “los que ofenden públicamente el pudor con palabras, actos o ademanes obscenos” serían pasibles de un castigo de 15 días de arresto o cincuenta pesos de multa.

en el casino
en el casino

Claro que esto no le haría mucha gracia a la muchachada piropeadora que frecuentaba las calles porteñas. El piropo era una institución y las mujeres lo agradecían… siempre que fueran bien intencionados y no superaran la barrera de la buena educación. Pero como la gente de bajo nivel educativo utilizaba para los piropos palabras procaces que ofendían el buen gusto, se optó por dictar esa Orden del Día para preservar el decoro.

Sin embargo se fue echando en el olvido por los escasos resultados prácticos, hasta que en diciembre de 1906 un Jefe de Policía de los bravos, Ramón L. Falcón (muerto al poco tiempo por el atentado de un anarquista) ordenó a sus subordinados cumplir la vieja ordenanza con rigor, aplicándola hasta en los piropos más agradables para el oído de las damas.

don Nicola
don Nicola

De ahí que a los pocos días de ese mes de diciembre Villoldo escribiera ese tango que decía:

CUIDADO CON LOS 50

(Letra y música de Ángel Villoldo)

Una ordenanza sobre la moral
decretó la dirección policial
y por la que el hombre se debe abstener
decir palabras dulces a una mujer.
Cuando una hermosa veamos venir
ni un piropo le podemos decir
y no habrá más que mirarla y callar
si apreciamos la libertad.
¡Caray!… ¡No sé
por qué prohibir al hombre
que le diga un piropo a una mujer!
¡Chitón!… ¡No hablar,
porque al que se propase
cincuenta le harán pagar!

Yo cuando vea cualquiera mujer
una guiñada tan sólo le haré.

Y con cuidado,
que si se da cuenta,                                                                                                                                                   ¡hay!, de los cincuenta                                                                                                                                                 no me salvaré.

Por la ordenanza tan original                                                                                                                                       un percance le pasó a don Pascual:

anoche, al ver a una señora gilí,
le dijo: Adiós, lucero, divina hurí.
Al escucharlo se le sulfuró
y una bofetada al pobre le dio
y lo llevó al gallo policial…
Por ofender a la moral.
¡Caray!… ¡No sé
por qué prohibir al hombre
que le diga un piropo a una mujer!…
¡No hablar!… ¡Chitón,
porque puede costarles
cincuenta de la nación!

Mucho cuidado se debe tener
al encontrarse frente a una mujer.

Yo, por mi parte,
cuando alguna vea,
por linda que sea
nada le diré.

Este comentario lo encontré en el libro “BUENOS AIRES. Ayer, hoy y mañana” de Eduardo Aunós (Editorial Mediterráneo, Madrid, 1943, p. 240 y 241). Dice que “… a la mujer se rinden la pleitesía y el culto que le son debidos. Un escrúpulo en su favor ha guiado por entonces la constitución en Buenos Aires de una “Liga para la defensa de la mujer”, sugerida por un periódico, y con la que se tiene el propósito de oponerse a cualquier manifestación poco discreta del entusiasmo provocado por el paso de una muchacha, siempre que fuese capaz de alterar, no ya una corrección elemental, sino la propia comodidad en su paseo de la mujer requebrada. No olvidemos que el mil novecientos es la época de mayor desequilibrio de la población porteña, y que el número de mujeres es muy inferior al de los varones…”. Sobran las palabras para entender que esta “Liga” guarda relación con el edicto policial en cuestión.

Cronopio

César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como “Cronopio”, es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.

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