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En Argentina está el fútbol argentino y el tango argentino… y el futboltango argentino
1Rezonga el “mandolión” en su cadencia canyengue; lo acompaña el bordoneo de una guitarra con su lamento compadrito, mientras unos botines milongueros sacan lustre a una pelota de “fóbal”. Y comienza la milonga en clave futbolera con la sutileza de bailarines “de corto” deslizándose sobre el césped en danzas y contradanzas.
¿Qué es lo que ha cambiado en un par de meses? Creo que no es mucho, que los argentinos no eran tan malos ni que los españoles hayan perdido sus virtudes. Ni unos deben instalarse en una nebulosa triunfalista, ni los otros deben preocuparse. El análisis del enfrentamiento debe realizarse partiendo de la base que era un amistoso durante el cual la orquesta sinfónica que es la selección española, en ningún momento del partido contó simultáneamente en el terreno de juego con sus eximios violinistas alrededor de los cuales la música se hace danza para jerarquizar la estética del juego.
Debemos comenzar por analizar la “primera casilla”, el casillero de la portería: hay mucho ‘Casillas’ en el equipo español y eso se aprecia en su ausencia. Quedará la duda si sus fantásticos reflejos hubieran impedido los dos primeros goles argentinos, de excelente factura. Sin embargo la inclusión de Reina permitió despejar la duda sobre quién debe ser el portero nº 2: Víctor Valdés, sin duda; y pensar en un tercer portero, que es lo que más le va a doler a Vicente del Bosque, entrenador honesto que tuvo la valentía de mantener a “Pepe” Reina hasta finalizar el primer tiempo. Otro entrenador hubiera hecho una sustitución inmediata tras el error del tercer gol.
Los otros casilleros ya sabemos quiénes deben ocuparlos normalmente: Sergio Ramos, Piquet, Capdevila, Xavi, Iniesta, Xabi Alonso, Villa, Silva; y la confirmación que no hay suplentes sino ‘titulares ocultos’ capaces de deslumbrar en unos pocos minutos de juego, como es el caso de Navas y de Llorente.
Si analizamos la primera casilla del equipo argentino, para mí sigue estando claro como opiné en una ocasión anterior que el portero carece de los reflejos necesarios, siempre se arroja 3 o 4 décimas de segundo tarde, la diferencia temporal entre gol-no gol. No hay que dejarse deslumbrar por la espectacularidad de las “estiradas” de romero. Tengan la paciencia de observar varias veces y en cámara lenta el primer disparo de Villa que dió en la cruceta, o el del único gol español, y tendrán la confirmación de lo que digo. Las ‘estiradas’ son muy fotogénicas pero inducen al error de apreciación. Tres décimas… gol-no gol.
Luego el equipo es, básicamente, el mismo que participó en el mundial, con alguna incorporación interesante como la de Zanetti; los defensas argentinos suelen caracterizarse por un rendimiento parejo y constante a través del tiempo, y la acumulación de experiencia hace que su veteranía sea un plus agregado a su favor. El rendimiento es óptimo hasta el momento del retiro. Interesante la incorporación de Agüero, sacrificado al ostracismo por el técnico anterior. El “Kun” es una figura que puede ser determinante para llegar al gol, pero también para la pausa, para el mantenimiento del balón cuando aprieta el contrario, para “enfriar” el partido.
Indudablemente el aspecto más positivo en este equipo es el cambio de la Dirección Técnica pues ahora el combinado argentino cuenta tambien con un director de orquesta que sabe hacer interpretar la partitura para esa representación estética que se llama fútbol, tenemos al frente a una persona con conocimientos para realizar un buen planteamiento táctico.
Nos encontramos entonces con 2 equipos, el argentino y el español, que al enfrentarse puede ganar uno u otro, pero que nos brindarán la satisfacción de permitirnos ver dos conceptos similares, pues en definitiva los dos saben manejar el balón a ritmo de tango. Y éste es un concepto que me faltó aclarar en un análisis anterior, el de los distintos conceptos futbolísticos. Porque no es lo mismo el “ritmo de zamba” a que son afectos los brasileños y que básicamente consiste en el lucimiento personal, con una “bicicleta” o una “rabona” y si eso trae como consecuencia triunfar sobre el adversario, mejor; pero siempre esa jugada sacada de la chistera del mago brasileño debe priorizar el lucimiento del jugador.
En tiempos no muy lejanos se hablaba de la “furia española” y creo que esto no necesita extenderse en explicaciones, concepto afortunadamente obsoleto para las nuevas generaciones de futbolistas españoles, que ahora gustan bailar con una orquesta que ejecute a ritmo de tango, como ocurre obviamente con los jugadores argentinos. Dos conceptos futbolísticos similares. Hermanadas entonces las dos selecciones en un mismo ritmo, conviene explicar que en este caso se prioriza el rendimiento por sobre otras consideraciones estéticas.
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Cuando un jugador argentino (o español) ejecuta una “pared” o “tira un caño” lo hace en primer lugar para obtener una ventaja posicional y, en segundo lugar, para desmoralizar al adversario, para hacerle evidente su inferioridad técnica y sus limitaciones para el enfrentamiento, es acorralarlo psicológicamente en una actitud defensiva. Nunca una chilena, un caño o una pared nacen del sentimiento de lucimiento personal. Ese “tiqui-taca”, ese “tomála-dámela” en un rondo a veces interminable, es la presión psicológica para reducir al mínimo el espíritu combativo del adversario.
Ese es el motivo por el que uno de los encuentros más esperados en el mundial por quien ésto escribe (y seguramente por muchas personas) era el de estas dos selecciones, encuentro que afortunadamente se produjo ahora y que, al margen de la alegría por el triunfo argentino, permitió observar uno de los mejores encuentros posibles.
Una “quebrada” de cintura, una “vaselina”, una “corrida” en el autopase desequilibrante del defensa, y el rezongo del “mandolión” que ya no es tan triste porque nos permite el gozo estético del “fútboltango”.
El Turismo de Carretera, ese invento argentino (y VIII)
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Cerramos este ciclo con un recuerdo especial para dos caballeros, el del camino, Ricardo Rissatti y el de la poesía santafesina, José Pedroni. Ambos se entrelazan en una nota emotiva, demostrando que la poesía no tiene un coto temático cerrado.
POESÍA. El Turismo de Carretera tuvo un gran impacto social. Fue mucho más que unas simples carreras de automóviles. Cuando Ricardo Rissatti, el cordobés de Laboulaye, conocido por “El Caballero del Camino”, por las veces que se detuvo a ayudar a compañeros del volante, moría cerca de Santiago del Estero, el poeta José Pedroni, que lo había visto pasar por Esperanza, Santa Fe, glosó en poema la admiración por ese piloto que había pasado primero por su pueblo y pocas horas después, fallecía.
Dice en uno de sus versos…”traía muertas mariposas en su pecho”. Podríamos decir que, al recordar unos años y vivencias ya lejanos, con ese Turismo de Carretera que tanto significó para los pueblerinos y chacareros pampeanos, se nos está empañando el parabrisas.
Quedan atesorados muy buenos momentos y también recuerdos amargos de pilotos a los que entrevistabas y horas después se quedaban para siempre en un recodo del camino. Fueron valientes quijotes de una época amable y todavía inocente de nuestra Argentina querida.
El Turismo de Carretera, ese invento argentino (VII)
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Venimos recorriendo la historia de esta categoría del automovilismo deportivo argentino, único por sus características. El espectáculo era integral, no solo en la carretera o el camino de tierra por donde circulaban estos colosos del volante. Recordemos a algunos de ellos, sabiendo que nos dejamos en el tintero a tantos y tantos esforzados pilotos argentinos.
GRANDES CORREDORES. Los Gálvez, los Emiliozzi… Con los años se fueron sumando otros nombres, que se hicieron importantes a fuerza de luchar y ganar. Recordemos al venadense Marcos Ciani; Rodolfo de Álzaga, porteño; el platense Alberto Logulo; Adolfo Sogoló; Fernando Piersanti; Carlos Menditeguy; Juan Carlos Navone, bonaerense de Carlos Kent; Félix Peduzzi de Villa Ballester; Santiago Luján Saigós, de San Antonio de Areco; Ángel Meunier; el negro Polinori de Villa Cañás; el turco Cabalén de Córdoba; Héctor Néstor Marincovich; Julio Devoto; Jorge Cupeiro… y tantos otros.
Llegó un momento que la preparación, aerodinámica y motores hacían que volaran cada vez más las nuevas máquinas que dejaron atrás a las cupesitas. Si ya en su primera época, la muerte de corredores, acompañantes y público, marcó trágicamente muchas de las carreras disputadas, con los caminos y carreteras que habían mejorado poco, el TC sólo mantuvo su nombre en el título. Las pruebas en circuitos se fueron imponiendo y, en un momento dado, reemplazaron a aquellas que unieron Argentina y aún América del Sur, con la osadía de hombres sudorosos, que se bajaban de los coches irreconocibles.
El Turismo de Carretera, ese invento argentino (VI)
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TITANES. Si un Gran Premio de la República Argentina era ya un desafío considerable, que dejaba en el camino a muchísimos competidores, en 1948 se decide correr el Gran Premio de la América del Sur, en un momento de claro liderazgo de Argentina en el sub continente.
Sólo pensar que se unían Buenos Aires (largada) con Caracas (llegada) pasando por Salta, La Paz, Lima, Guayaquil, Quito y Bogotá, con 9.600 kilómetros de recorrido, en catorce etapas (de entre 500 y más de mil kilómetros de recorrido cada una) es fácil deducir que estamos ante un grupo de 141 pilotos y acompañantes capaces de encarar cualquier desafío.
Allí estaban los nombres más importantes del automovilismo argentino, con el mismo Fangio, Juan y Oscar Gálvez, Froilán González o Domingo Marimón, entre otros. Largaron el 20 de octubre y llegaron a Caracas el 8 de noviembre de 1948. Con esos caminos, esos coches, aquellas comunicaciones… fueron héroes todos ellos.
El cordobés Marimón llegó primero, Eusebio Marcilla segundo y Juancito Gálvez, tercero. El Aguilucho había dominado con mucha ventaja casi toda la prueba, pero se quedó en la etapa final.
Para volver compitiendo, se hizo una segunda parte entre Lima y Buenos Aires, pasando por Santiago de Chile. Ésta sí la ganó Oscar Alfredo Gálvez. Era una especie de repechaje, en el que participaron todos los que pudieron poner sus coches otra vez en carrera. Comparar esto con el ‘Dakar’ sudamericano, pone más de relieve el valor de aquellos obstinados devora kilómetros.
El Turismo de Carretera, ese invento argentino (V)
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Dante y Torcuato Emiliozzi, el binomio de Olavarría, provincia de Buenos Aires, que llegó para enfrentar a los Gálvez, pero también con coches de la marca del óvalo.
EMILIOZZI. Olavarría es la cuna de los otros grandes hermanos del TC, Dante y Torcuato Emiliozzi. Ellos siempre corrieron juntos y con un mismo coche, la cupecita Ford azul y roja, conocida por `La Galera´, porque se mantuvo alta y despegada del suelo, cuando los demás aplicaban técnicas aerodinámicas para `romper´ mejor el aire.
Debutaron en la “Mar y Sierras” de 1950, conduciendo Dante Emiliozzi, con abandono. Decidieron turnarse en esa función y que se fijaría como conductor, al que consiguiera los primeros puntos en una carrera. El 6 de mayo de 1951 Dante Emiliozzi logra llegar tercero en La Pampa y se quedó como piloto. La primera victoria llega en 1953 en Chacabuco. Fueron años de gran dominio y de campeonatos consecutivos. Con ellos, seguía Ford con el predominio marcado por los Gálvez. Sólo que apareció por el 66 Juan Manuel Bordeu, con su célebre coupé “La Coloradita” y quebró la gran sucesión de triunfos. Presionados se pasaron en noviembre de 1969, a un prototipo `Halcón´ de Heriberto Pronello. Se disputaba la Primera Vuelta De Chivilcoy, que fue para Dante su última carrera, al sufrir un grave accidente.
El Turismo de Carretera, ese invento argentino (IV)
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Decir Gálvez y recordar las cupecitas Ford pasar raudas por las rutas argentinas e iberoamericanas, es introducirse en la larga etapa de oro del TC argentino.
GÁLVEZ. Del barrio porteño de Caballito llegaron Oscar Alfredo “el Aguilucho” Gálvez y su hermano, menor que él, Juan. Primero corrieron juntos, cuando se iniciaron por 1937, pero después tuvieron cada uno su coupé Ford. De los cinco hermanos de esta familia de padres madrileños, un tercero, Roberto, también se sumó como acompañante.
Tan grande ha sido el prestigio logrado por ambos, que el autódromo de la Ciudad de Buenos Aires fue bautizado con sus nombres y apellido. Mientras Oscar tuvo una vida longeva, como un gran mito viviente, falleciendo en 1995, Juan perdió la vida (como tantos corredores de TC) en la Vuelta de Olavarría de 1963. Había dominado los campeonatos de los cincuenta y comienzos de los sesenta…
El Turismo de Carretera, ese invento argentino (III)
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Lo fue todo en el automovilismo mundial… pero “el Chueco” Juan Manuel Fangio salió del Turismo de Carretera de Argentina
Es mitad realidad y mitad leyenda. Se destacó como corredor pero aún más como persona. Una larga vida dedicada con pasión y mucha inteligencia al automovilismo deportivo. Un argentino que paseó nuestra bandera por el mundo.
FANGIO. De ese mundo fueron surgiendo nombres que siguen presentes en el recuerdo de los argentinos. Entre ellos el del genio del volante, el “chueco” Juan Manuel Fangio que corrió 18 carreras en TC y ganó 7 de ellas, al mando de un Chevrolet, entre 1939 y 1949. Al año siguiente el de Balcarce cruzaría el charco y se transformaría en leyenda.
Pero no hay dudas que fueron dos parejas de hermanos los que gravitaron en el momento clave de esta categoría, creando seguidores que vivían cada metro recorrido con Julio Elías Sojit primero y Rouco después, haciéndolos vibrar en las transmisiones radiofónicas, con el ´top´ del avión trasmisor de Baterías Atma y los patrocinios de Annan de Pergamino o las motos Zanella Ceccato. (Esto también era el turismo de carretera, junto a los asados, las banquinas y las polvaredas).
Se ha publicado completa en la Revista “Argentinos de León”, a pedido de su editor, César Tamborini Duca, en 2009. Fue redactada para la edición de Febrero 2010 de la revista que nuestros compatriotas argentinos, residentes en León, España, envían a sus asociados argentinos y amigos españoles.
El Turismo de Carretera, ese invento argentino (II)
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Los Grandes Premios de la República Argentina enhebraban, etapa tres etapas, sus largos recorridos por provincias y regiones de norte a sur y de este a oeste.
En sucesivas ediciones fueron creciendo, con sus jornadas difíciles, los caminos enfangados, los cruces de serranías… la leyenda de corredores e incluso coches, que se volvieron míticos en un país muy volcado al automovilismo deportivo.
El Turismo de Carretera, ese invento argentino (I)
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Eduardo Aldiser, conductor en Argentina de un programa de automovilismo deportivo en la época dorada del mismo, en radio LT3 de Rosario con “Historias con Tuercas” y posteriormente “Escape Libre”, nos había enviado para la revista “Argentinos de León” (año IV nº7 – febrero 2010) el trabajo del epígrafe; la excelencia del mismo, nos impulsa a presentarlo a los lectores de nuestra página, en la nueva sección sobre deportes, en la seguridad que la añoranza hará brotar dulces recuerdos en los mismos. Los invitamos, pues, a deleitarse con los recuerdos atesorados por Eduardo:







