Recorriendo Buenos Aires (VI)

La BomboneraLa Boca

Nombrar La Boca no es solo mencionar un barrio. Visitar La Boca, sentirla, admirarla, re-conocerla, es el embrujo de una pasión futbolística reconocida mundialmente, es el mecerse en el deliquio que nos procura la languidez del bandoneón o el áspero gemir de una guitarra; es lo que fue, lo que está presente y lo que será en el devenir del tiempo, estampa impasible e imperecedera. Es el repentino sortilegio de acompañar su gastronomía con el sonido de los tangos que nos legara Juan de Dios Filiberto; sus “Quejas de Bandoneón” entre otros imborrables.  La estampa multicolor de las fachadas en las calles Caminito y Magallanes con sus conventillos; y sus calles y sus barcos que ya no atracan (como hiciera el primer Fundador, D. Pedro de Mendoza) redivivos en las geniales creaciones del insigne artista plástico Benito Quinquela Martín, el pintor por antonomasia de su querido barrio natal, adonde arribaron sus itálicos padres en la década del ’80 del siglo XIX.

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Y si tenemos la posibilidad o la suerte que nuestra visita coincida con la pasión dominguera que significa un encuentro futbolístico de su famoso equipo local con cualquiera de sus rivales, ver LA BOMBONERA, escuchar su algarabía sentir sus latidos y la multánime alegría de la hinchada nos contagiará de ese fervor boquense que es único; irrenunciable espectáculo por ser –tal vez- irrepetible; y si no hay fútbol disfrutar el recorrido de su Museo cuya entrada incluye la visita al Estadio.

Riachuelo. Al fondo, Puente Transboradador
Riachuelo. Al fondo, Puente Transboradador

De la época de transición de la niñez a la adolescencia, cuando todavía no existían las noches de insomnio por amores platónicos, y la inquietud existencial se volcaba hacia personalidades de éxito (actores y actrices, cantantes, deportistas) considerándolos más importantes que el guiño de ojos de una pebeta con la que hasta hacía un par de años jugábamos inocentemente, recuerdo la alineación tradicional de Boca Juniors en aquellos primeros años ’50: Musimesi, Colman y Otero; Lombardo, Mouriño y Pescia; Navarro, Baioco, Borello, Rosello y Markarián. Su eterno rival, afincado desde el nacimiento en el mismo barrio y luego trasladado a Nuñez, si la memoria no me falla formaba con: Carrizo, Pérez y Vairo; Mantegari, “Pipo” Rossi y Sola; Vernaza, Prado, Walter Gómez, Labruna y Lousteau.

Retornando al “xeneise” y con ánimo de caracterizar algunas figuras, Musimesi era correntino y en su veteranía ocupó la valla del Deportivo Morón (el “gallo” del Oeste), agregando a sus cualidades de arquero la de bohemio, principalmente en su faceta de cantor (dando más popularidad al chamamé “El rancho ‘e la Cambincha”) y buen bebedor de vino. Mouriño fue transferido a un equipo chileno que tuvo un accidente de aviación muriendo en el suceso (si no me falla la memoria era el Colo-Colo). Navarro fue reemplazado por “motoneta” Nardiello. Pero ésta era ya una época posterior, la del bachillerato en Santa Rosa (La Pampa), cuando uno de los condiscípulos, el flaco Shamsanowsky solía recorrer los 600 Km que nos separaban de La Bombonera para ver a su equipo favorito, relatándonos el lunes en el Colegio cómo Pierino González se había sentado encima del balón en el área contraria antes de realizar su gol.

Caminito
Caminito

Borello –apodado “cañonero”- fue el goleador del equipo hasta que fue reemplazado por Angelillo. Markarian había dejado paso a Cuchiaroni, transferido del Club Tigre creo; había formado parte de la famosa delantera de los “caras sucias” que deslumbraron con la Selección ganando el Sudamericano de Lima (1957?): Corbata, Maschio, Angelillo, Sívori y Cuchiaroni, la mayoría de los cuales fueron luego transferidos a Italia. Por esa época jugó también como “9”  el rosarino Lucio Mansilla, radicado actualmente en León y socio fundador de la “Casa Argentina en León”. Podría nombrar grandes jugadores anteriores, y principalmente posteriores a la época reseñada, pero creo que me excedería en la peculiaridad del artículo.

Tener el privilegio de recorrer el barrio, la Casa Amarilla, la Fundación Proa, el Museo de Bellas Artes Quinquela Martín, es poseer el reconocimiento y admiración de sus amigos cuando al regreso usted diga “estuve en La Boca”. Aspiro y presiento que esta descripción del barrio será un anticipo de su futuro viaje.

La Barrica. Trío Caminito
La Barrica. Trío Caminito

El barrio recibió ese nombre porque está en “la boca” del Riachuelo, que fue un puerto muy activo en el siglo XIX y al que llegaron miles de inmigrantes europeos, pero mayoritariamente fueron los italianos genoveses (o “xeneises”) los que se afincaron en la zona.

Sobre el Riachuelo podemos ver una estructura metálica semejante a un puente, pero en realidad es un transbordador (Puente Transbordador) inaugurado en 1914, que se utilizó hasta 1960 para transportar personas, mercaderías e inclusive trenes. Un poco más allá el Riachuelo hace un recodo, a la altura del cruce de la avenida Pedro de Mendoza y la calle Del Valle Iberlucea: es la famosa Vuelta de Rocha.

Cantándole a Patricia
Cantándole a Patricia

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Muy cerca de ahí nace la calle Caminito, ícono de La Boca que constituye un auténtico museo al aire libre, con algún conventillo que se puede visitar y fotografiar, ver las casas pintadas con varios colores (se utilizaban las pinturas sobrantes de los barcos que conseguía el propio Quinquela Martín); sus numerosos restaurantes con espectáculos de folklore y tango, entre otros el “Trío Caminito” con Guillermo Ayos en contrabajo, Alfredo H. Molina en bandoneón y Nicolás Trono en guitarra que actúan en “La Barrica”; también Emi Cobián, que encontraremos a pocos metros de distancia sobre la misma calle.

Para paseo de compras recomiendo la calle Magallanes, donde existen muchas casas que nos permitirá elegir el recuerdo adecuado a nuestra necesidad o gusto, destacando por sobre todas las cosas los colores “auriazul” típico de la camiseta del Boca Juniors, el famoso club de fútbol que debe sus colores a la bandera de un navío sueco amarrado en el puerto en la etapa fundacional (los fundadores decidieron ir hasta el puerto y tomar los colores de la bandera del primer barco que vieran).

Bailarín compadrito
Bailarín compadrito

Para arribar al Estadio –conocido popularmente como “La Bombonera” porque alguien, al encontrarle un cierto parecido con una caja de bombones decidió llamarlo así- tenemos que caminar por la calle Del Valle Iberlucea.

El conocido artista plástico Benito Quinquela Martín desarrolló toda su tarea pictórica en este barrio, donde se lo recuerda con un inmenso cariño, y según parece fue quien bautizó “Caminito” a esa típica calle, como homenaje al autor de la música del tango homónimo, otro importante personaje del barrio y del tango que les mencioné antes, Juan de Dios Filiberto.

http://pampeandoytangueando.com/caleidoscopio/recorriendo-buenos-aires/

Cronopio

César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.

6 comentarios sobre “Recorriendo Buenos Aires (VI)

  • el 16 julio, 2013 a las 20:33
    Permalink

    Lo que antecede, de la pluma magistral de Cesar Tamborini Ducca, siempre en los ciclos de su bohemia deleitante que contagia y que nos trae a la mente “Caminito”. Yo le retorno esta semblanza en este “Caminito” flaco pero de corazón bohemio.

    CAMINITO
    Una sombra a lo lejos serás,
    Una sombra lo mismo que yo….
    (1926) Gabino Coria Peñaloza y Juan de Dios Filiberto

    Bajo los sueños que lo años minan
    recorre mi memoria el caminito,
    que mis pasos rolaron como un rito
    de logros que caducan y se finan;

    primer amor, el beso, se confinan
    en promesas nevadas por el mito
    de consumir las horas, como lito,
    que se nervan y fácticos declinan.

    Mirar aquel ayer, hoy me lastiman,
    como luces y duelos que se enciman
    desde glosas del ciclo adolescente:

    Ya en los pasos postreros de mi suerte,
    caminito querido, vuelvo a verte,
    como un paisaje azul sobre mi frente.

    Lito: de litar, hacer un sacrificio.

    construido a las 9,59 del 16 de abril de 2013
    para mi Libro
    “Colisiones asonantes”
    Rodolfo Leiro

    Como si fuera un abrazo, para don Cesar Tamborini Ducca.
    Rodolfo Leiro, un 16 de julio del 2013

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  • el 17 julio, 2013 a las 1:40
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    Cesar, como hincha de los “Bosteros” te dejo mi abrazo pampa y te digo que fue muy buena la nota, ademas el “troesma” Rodolfo Leiro le sacudió unas cuartetas bien debute que no hacen mas que avalar las mentas que ha sabido cosechar.-Para El también mi abrazo y mis felicitaciones.- vasco

    Respuesta
  • el 17 julio, 2013 a las 15:35
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    BOCA y RIVER fueron siempre para los rosarinos, los equipos más importantes de BS AS….. Para los rosarinos, solo existían CENTRAL Y —–“ÑUVEL”…. En la zona Norte de Rosario, Arroyito,Sorrento, Alberdi y La Florida ( mi barrio) éramos todos de CENTRAL… El gran CENTRAL DE ARROYITO de Avenida Génova…..Aún ahora, los hijos de mis contemporáneos, me envían fotos desde Argentina con los “canallas” con banderas, gorros, vinchas, bufandas y equipos de ¡CENTRAL,CENTRAL, CENTRAL!!!!!!gritando una victoria o viniendo cabizbajos en una tarde negra.
    Lo SIENTO PERO DE BOCA Y RIVER, no se más que lo que leo en los diarios del lunes……Yolanda Elsa Solís

    Respuesta
  • el 17 julio, 2013 a las 20:42
    Permalink

    Amigazo mudado a la Españam allá por las Uropas:
    reenvío este material a un bostero de ley, el intelectual de lujo Diego Barovero.
    Un abrazo.

    Respuesta
  • Pingback: Recorriendo Buenos Aires (I) » Pampeando y Tangueando

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