Caleidoscopio

La Partícula de Dios

LA PARTÍCULA DE DIOS (Y la Creación del Universo Mundo según un estudio realizado por 3 investigadores: los físicos nucleares Albert Einstein y Stephan Hawkins,  y el filósofo  veguellinense Santiago Martínez Morán, sobre Adán y su descendencia)

Estas tres eminencias en sus respectivas profesiones, llegaron en primer lugar a la conclusión que el Universo se limitaba a lo más pequeño, el “Paraíso Terrenal”, el cual según sus sesudos estudios de un antiguo manuscrito descifrado por el cacique Pincén se encontraba en el ombligo de la República Argentina (la provincia de La Pampa) concretamente en la actual localidad de Lonquimay, al que el Dr. Alposta –catedrático en medicina, en tango y en lunfardo- dedicó una sensible poesía cuyos versos encontrarán al final del artículo.

Todo lo cual ocurrió antes que se fraccionara “PAN GEA” en los distintos Continentes actuales, como consecuencia de un cataclismo cuyo origen descubrieron y describieron. Si nos remitimos a los antropólogos, todos ellos coinciden que los primeros seres humanos tuvieron su origen en África; claro que no contemplaron esas uniones intercontinentales preexistentes, por lo que los tres científicos se preguntaron (porque de una pregunta, es como surgen las respuestas) ¿Qué es lo que ocurrió en realidad?

Fue entonces que arribaron a la conclusión que para crear al primer hombre Dios utilizó el barro (creando así los cimientos de la alfarería), coincidiendo su análisis con lo que en siglos anteriores explicaba el “Génesis”.

Comprendiendo que el barro no es blanco arribaron a una segunda conclusión: que ADÁN, el primer hombre, fue negro como el barro que lo conformó; así también debía ser Eva, su pareja y primera mujer; y también todos sus descendientes. Otro aspecto en los que hubo coincidencia entre los investigadores con lo determinado en el “Génesis”, fue el fratricidio perpetrado por Caín sobre Abel.

Retrocedamos un poco. Los tres investigadores llegaron al punto en el que Dios creó “solamente” El Paraíso (v.gr. la Tierra y esa pareja tan conocida por todos). No existía el Universo.

Cuando Dios tuvo conocimiento de este luctuoso hecho perpetrado por una de sus creaturas, su voz tronante fue emitida en un grito tan terrorífico que hizo temblar la estructura terrenal haciendo que el territorio de “Pan gea” se separara conformando los distintos Continentes.

El “éter” –como denominaron la sustancia insustancial que rodeaba el “Paraíso”- se descompuso en múltiples unidades infinitamente pequeñas (neutrones, positrones, electrones, neutrinos…). Se engendró así lo que las últimas investigaciones denominan “la Partícula de Dios”: el bosón de Higgs. Las partículas elementales mencionadas, que viajaban a la velocidad de la luz, no tenían masa. Al no tener masa no podía haber agregación de la materia para formar planetas, polvo espacial, etc.

Pero a raíz de la tempestad originada por el vozarrón de Teo, por la ira del Ser Supremo que provocó el “Big Bang” hizo que el “éter” se enfriase y, al congelarse, se redujera la velocidad de las partículas elementales, que al interactuar entre sí adquirieron masa formando átomos y dando origen a todo lo conocido actualmente.

Conclusión. Pero ¿qué pasó con los hombres? Cuando Dios tuvo enfrente al asesino tronando

¡Pero ¿qué has hecho?!

Caín, temblando de miedo, se puso blanco, blanco.

Desde ese momento los blancos descendemos de Caín, y los negros de Abel.

César J. Tamborini Duca (fábula dedicada al amigo Santiago, eximio cuentacuentista)

Plano de 1911

Cuando el Dr. Luis Alposta recibió el envío digital de mi Ensayo “Toponimia Histórica de Lonquimay” me envió como respuesta un poema de su ilustre pluma donde hace mención de mi inquebrantable y siempre  latente amor por el pueblo donde transcurrió mi infancia. Siento agradecimiento al amigo Luis, y quiero compartir con mis compueblerinos amigos y demás lectores, esta poesía.

LONQUIMAY  

(a César José Tamborini Duca)

El amor por su pueblo es profundo

sentimiento que ignora distancias…

No hay lugar más hermoso en el mundo

que el que vio transcurrir nuestra infancia.

Podrá el triunfo batirle sus palmas

y otros rumbos buscar con anhelo

¡pero nunca sus ojos del alma

han de ver un más límpido cielo!

Lonquimay… En su canción hecha emoción siempre estarás…

Lugar feliz, donde nació, donde creció y echó raíz…

Puesta a volar su inspiración el corazón torna al hogar;

Es la emoción hecha canción ¡Su Lonquimay!

por Luis Alposta

About author
César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.
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