Evocando mi Argentina: Fundación mítica de Palermo

“La diferencia que existe entre puta y prostituta, es tan sutil como la que hallamos entre papa y patata: una simple diferencia en la cantidad de letras de sus respectivas palabras”

Caserón de Rosas
Caserón de Rosas

Existe una ciudad, Buenos aires, una de las pocas grandes ciudades del mundo que tuvo que ser fundada dos veces. Y en ambas ocasiones, lo fue por dos grandes escritores argentinos. La primera fundación fue obra de Jorge Luis Borges con su “Fundación mítica de Buenos Aires”;  ocurrió en 1536 pero la ciudad murió pronto, en un conjuro mágico una lluvia de lanzas y bolas de fuego caídas desde el cielo la destruyeron. Resucitó por obra y gracia del poeta Homero Manzi con la creación –en 1580- de “Buenos Aires, colina chata”.  Ya ningún cataclismo pudo detener su crecimiento, devorando territorio lindante para hacerse cada vez más extensa llegando a conformar los “Cien barrios porteños”.

Sin embargo uno de esos barrios, Palermo, tuvo que ser fundado en repetidas ocasiones por distintas circunstancias. La primera fundación fue obra –cómo no- de Borges, que valiéndose una vez más de una paradoja fundó dos ciudades en una: no otra cosa es la comentada “Fundación mítica de Buenos Aires”  cuando al mismo tiempo está recreando otra ciudad (o Barrio, que para este caso es lo mismo) circunscribiéndola a las calles Gurruchaga, Serrano (hoy calle Borges, donde estaba la antigua casa paterna), Paraguay y Guatemala.

Posteriormente fue fundado gracias a los corrales de ganado vacuno, al matadero, a los cuarteadores que coadyudaban a tirar de las carretas cargadas de reses que proveían a Buenos Aires, salvando la distancia y los terrenos pantanosos de su primer poblador, el siciliano Doménico de Palermo (casado con hija de conquistador), desde su “chacara” de Palermo que atravesaba el Maldonado.

Con el paso de los años la refundó Juan Manuel, haciendo acarrear tierra de sus terrenos de Belgrano, en interminable

Feria en la Plaza Cortázar
Feria en la Plaza Cortázar

cadena de carretas, para rellenar esa zona anegadiza cruzada por el arroyo al que diera nombre la española que llegó con Pedro de Mendoza, “la” Maldonado. Instalando ahí las oficinas desde donde regía los destinos del país. Punto de encuentro para las “caballerías” y las “victorias” que visitaban el lugar llevando a ilustres visitantes tras la tenue sombra de la hermosa Avenida de las Palmeras, para tratar asuntos con el brigadier general Rosas o para que su hija Manuelita intercediera en algún conflicto.

Casi olvidado por el encono de los adversarios del Restaurador, Palermo fue refundado por gauchos matreros que se arrimaban a la ciudad, en encuentro fraterno con compadritos expulsados de ella, conviviendo unos y otros en sus orillas arrabaleras, sacando el polvo a los naipes en el boliche “La Primera Luz” y otorgando lustre malevo a “Los Portones” que antaño daban acceso al Palermo de linaje gubernamental, como atestigua el tango “Tres amigos”: …”una noche allá en Portones / me salvaron de la muerte / nunca faltan encontrones / cuando un pobre se divierte”…;  concediendo renombre a sitios (el Hipódromo, el Maldonado, el café La Paloma) y personajes de mano ligera para el cuchillo (Nicolás Paredes) cuyos retratos glorificarían poetas populares residentes en los aledaños de la famosa “Tierra del Fuego” (zona que circunscribían las calles Las Heras, Arenales, Pueyrredón y Coronel Díaz).

CARLOS GARDEL – PALERMO – YouTube

Evaristo Carriego relataba a sus amigos contertulios del Centro en el Royal Keller, o en casa de su amigo Jorge Borges (padre del futuro escritor), las azarosas “tenidas” de Paredes y secuaces, que permitirían al pequeño Jorge Luis plasmarlas posteriormente en sus épicos poemas de cuchilleros. Eran los tiempos en que nacía el lunfardo desde la mítica “Tierra del Fuego”  y se popularizaba y propagaba a los 4 puntos cardinales acompañado por la naciente música rioplatense, el tango, con las quebradas callejeras o en peringundines de compadritos y tauras.

El Tambito
El Tambito

Bailongos de rompe y raja al compás de las orquestas del Pibe Ernesto (Ernesto Ponzio) o de Padula, y en la que se admiraba la figura de “la Rubia Mireya”  eran protagonizados en “lo de Hansen”, el café de Juan Hansen inaugurado en 1877 en la Avda. de las Palmeras (en las actuales Figueroa Alcorta y Sarmiento). En él se había prohibido tocar la milonga “Golpiá que te van a abrir”  porque a sus sones “Nada me importa de tu amor / golpiá nomás, el corazón me dijo. / Que tu amor fue una farsa…”  los parroquianos golpeaban las copas con los cubiertos siguiendo el ritmo de la música.

Precisamente uno de los símbolos tangueros acreditados en la década de 1870, junto al “café de Hansen”,  era “El Tambito”, también llamado “El Tambo”  porque primero funcionó como lechería. Ubicado en la Avda. Francisco Berro (entre Sarmiento y Casares) pronto devino en bar y en prostíbulo; punto de reunión de cajetillas y de malevos, amenizado con la orquesta de “El Pibe Ernesto” (Ernesto Ponzio) acompañado con la guitarra del “Cieguito” Aspiazu y la flauta del “Tano” Vicente. Y no faltaban los entreveros causados por algunas copas de más, o por recibir los favores de alguna papusa milonguera ya comprometida con algún taita que se apresuraba con su diestra mano a enarbolar el facón para defender su honra y hombría. El chalet todavía existe, aunque muy deteriorado, en las inmediaciones del Jardín Japonés.

Pero llegó el Centenario (1910) y con él los fastos,  y el embellecimiento de la ciudad a la espera de la llegada de ilustres visitantes, el cual se arrimó también a Palermo protagonizando una nueva fundación por obra del arquitecto paisajista francés M. Thays, que secundó la tarea propuesta por el intendente Don M. Güiraldes.

Los Portones
Los Portones

En el camino perdió el hermoso nombre de Avenida de las Palmeras suplantado por Av. Sarmiento, sobre la que se recreaba al atardecer el corso con su desfile de coches y calesas trayendo desde el Centro de la ciudad la elegancia de unas y otros por la Av. Alvear:  desde ésta hasta los antiguos Portones (de los 5, hoy sólo existe el que da acceso al Zoológico) en un incesante ir y venir con la intención de observar y ser vistos, encuentro de conocidos y primigenio desfile de modas encubierto por la costumbre.

cuchilleros en Palermo
cuchilleros en Palermo

El cronista extraña las cosas perdidas, como la placa que identificaba el antiguo “café La Paloma”, pero advierte la persistencia en el tango y en los relatos, de la fusión de sus distintas fundaciones. Un paseo por sus calles nos recrea muchas de estas cosas y nos hace percibir como un reproche, la necesidad de restaurar y mantener sitios emblemáticos como “El Tambito”, reponer la placa en el sitio del antiguo “café La Paloma” y realizar encuentros culturales en sus variados aspectos que le permitan reasumir su protagonismo como uno más de los sitios tangueros por antonomasia, sin necesidad de alimentar la crónica policial como ocurría en estos versos que cita Federico Lastra en su libro “Recuerdos del 900”: “Las biabas que habré pegado / en los bailongos de antaño, / como que en mis mozos años / me tenían por pesado. / ¡Los burdeles que habré armado / en El Tambo y lo de Tarana! / Cuando me daba la gana / hacía parar la orquesta, / armándose cada gresca, / que terminaba en la cana”.    

Cronopio

César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.

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