Aguafuertes hispano-argentinas

Anécdotas de tiempos viejos. Hágase la luz

Último farol a kerosene

Último farol a kerosene

El 21 de junio de 1912 el Presidente argentino Roque Sáenz Peña agasajaba en la Casa Rosada a Manuel Ferraz de Campos Salles, Ministro Plenipotenciario y ex Presidente de Brasil, con el objeto de suavizar las tensas relaciones con el país vecino. En esa ocasión miles de focos alumbraron el Paseo de Julio (las actuales Paseo Colón y Avda. Leandro Alem) y las fachadas de la Casa de Gobierno, la Catedral, el Palacio Arzobispal y el Banco de la Nación. Milagro reciente que permitió el reemplazo de los antiguos faroles de gas y kerosene por este moderno invento que transportaba la luz a través de cables. Pero… ¿cómo había llegado a nuestro país tan maravilloso invento? ¿A través de qué “iluminado”? Eso es lo que pretendo transmitir a través de https://pampeandoytangueando.com/

Fue en la ciudad de La Plata, en 1886, donde se instaló la primera central eléctrica del país, convirtiéndose en la primera ciudad latinoamericana con iluminación eléctrica. Ese mismo año se le otorga a Rufino Varela (h.) la primera concesión para suministro eléctrico de la ciudad de Buenos Aires, e instala una usina de 12 HP, para alumbrado particular en un primer momento. El crecimiento fue rápido para los cánones de la época y en 1895 había en el país 16 centrales eléctricas con una potencia total de 3.800 HP.

Pero hay que remontarse 30 años atrás para observar el primer intento, y aún antes, cuando en 1843 se procede a la iluminación de la Plaza de la Concorde en París, con un sistema de arco eléctrico entre electrodos de carbón.  Y fue precisamente un francés, Jean (españolizado Juan) Etchepareborda, el pionero en nuestro país. Juan Etchepareborda nació en Francia en 1823 y murió a los 79 años en Buenos Aires, en 1902.

Era dentista y, junto con Tomás Coquet, fueron los primeros profesores del “arte dental”. Pero sentía una especial

Plaza de Mayo iluminada en 1810

Plaza de Mayo iluminada en 1810

compulsión por los experimentos, que realizaba en un pequeño laboratorio en su casa. Por eso no resulta extraño que fuera él, en una demostración en la Facultad de Medicina de Buenos Aires ante sus colegas, el que hizo brillar por primera vez la luz eléctrica al generar el primer arco eléctrico de carbón. Ocurrió en 1853.

Posteriormente, el 25 de mayo de 1854 y con motivo de los festejos patrios, Etchepareborda instala dos aparatos de luz eléctrica en la Recova Nueva, en la Plaza de Mayo, que hasta entonces se iluminaba con gas.

¡Y la luz se hizo!

COLOFON. Pasaron muchos años, más de un siglo, y en la actualidad todo se mueve con la electricidad. Las generaciones actuales “llevan en sus genes” la llavecita o perilla o botón que enciende la luz o el equipo de música, el ama de casa introduce la ropa en un artefacto cuadrado; en otro de esas características guardamos alimentos y el vermouth. El PC portátil, el teléfono móvil, la “note book” (y muy pronto los coches) necesitan cargar sus baterías en la red eléctrica. El negocio es brillante, seguro, genera millones. ¿Los de mi generación añoramos acaso los tiempos idos?

En absoluto, pero sí es cierto que añoramos una cosa: la simpleza de la ecuación consumo actual menos consumo anterior = a los Kw consumidos. Y en esa breve fórmula nos indicaban lo que debíamos pagar. Hoy la factura es muy complicada de entender y aún sin ser mal pensados suponemos que nos engañar para meternos la mano en el bolsillo… ¡si nos cobran hasta el PEAJE por los electrones que pasan por los cables que instalan en nuestra fachada! ¿no son esos, acaso, los kilovatios que consumimos? Kw = electrones x seg x mm2 con perdón de la ironía. Esperemos que de alguna manera se ponga fin a este sinsentido.

 

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César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.
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